RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

viernes, 7 de agosto de 2026

CUENTO PARA ROBERTO

 

CUENTO PARA ROBERTO.

 

 

            Los niños en la escuela, una mañana quieta de sobresaltos, siempre hay un momento alegre. Es hora de recreo y vienen los toboganes a pedir auxilio. Roberto sube a su columpio de estrellas, dice que arriba están los gatos con hambre y quiere llevarles algo para sus bocas, se cansa a la media legua y llama a los abuelos, tiene la mañana un eco sencillo de querer animar la última clase. ¡Si no alcanzan aun los tres años!, los niños están en todas las partes del patio, esperan los padres las simuladas notas en la materia de la dulce ingenuidad.

 

            Dice “coteito” para pedir chocolate, “abela” para llamar a quien le cuida o “cocolilo” para distinguir a su preferido animal. Roberto juega sin soportar una parada, sube y baja de tramo a tramo las escalerillas de colores, pisa los cantos rodados del jardín y envuelve su osadía en un remojón de tierra hasta los zapatos.

 

            Roberto parece sabio cuando habla y de juguete cuando mira, se te acerca con la intimidad en las manos y te pide que lo acompañes a su mundo sin horizontes y entonces te deja con una pregunta que nunca un abuelo sabe responder, siempre “porqué” de sus cosas y de las nuestras. Me dirá que el “nune” vendrá conmigo al campo a coger “satamonte” y yo le estaré esperando desde ahora para no perderme de él ni la primera sonrisa ni la última rabieta.

 

            Allá en su “tasi” correteará de memoria las sombras de la casa, su bosque, los lugares donde cuelgan las gomas de “legá” las “foles”, se montará en su preferido “calo”, llevará con empuje la moto (que es el cortacésped), luego su “pichina” donde echa al agua todos los juguetes de plástico y se disfruta con toda su inmensidad y aparenta nadar mientras se embulle entre sus propias y tiernas carcajadas.

 

            No tiene fin su inquietud, ni se cansa, ni desespera hasta descubrir todos los secretos que guardan las cosas para los niños de su edad. Se empina para mirar las alturas, se tiende a lo largo para observar las hormigas, se sube sin miedo a donde le apetece y se esconde del abuelo en su bosque de hojas. Mi niño Roberto es la ilusión.

 

            Cuando viene a verme, siempre, siempre me trae una sonrisa de felicidad como si viniera al paraíso, se echa a mis brazos y me besa, ¡con tanta ternura, con tanta emoción! que hasta las lágrimas de la alegría perviven salientes como gotas de gloria en mi entusiasmo. Es cuando nos perdemos solos por las laderas de los sueños, observamos juntos el vuelo bajo de los pajarillos, nos cogemos de la mano y andamos la tierra, el abuelo como si la adorara, el niño como si la descubriera por primera vez. Y jugamos a todo con la intención de gozarnos y acabamos siendo felices sin darnos cuenta.

 

            A la vuelta, el abuelo acusa el cansancio y le pide un minuto de calma. –Ven “abelo”, ven, vamos a montarnos en el columpio (ya sabe decirlo).- Espera un poco que abuelo está cansado. –Pero yo no –responde sin dejar de correr hacia los columpios-.

 

            Así se va consumiendo la mañana de su “tasi”, hasta que recolecta piedras pequeñas que embulle con fuerza en la cubeta negra llena de agua que ha descubierto al lado del garaje. Y se ríe cada vez que la piedra le salpica la cara y sigue buscando para seguir tirando, para seguir riendo al sonido que la piedra hace al caer, para seguir poniendo sonrisa pícara cuando, otra vez, salta el agua hasta su cuerpo y le moja la felicidad.

 

            La tarde se completa en días de primavera o verano, con la misma conspiración entre niño y abuelo y, cuando acaba, se inventa un enfado sin mucho convencimiento y la madre lo sienta en su sillón del coche entre lloriqueos desanimados que solo llegan a la primea curva. El abuelo no expresa el llanto, se lo guarda.

 

            El abuelo no tiene dioses más cercanos a quienes adorar, su dios aun no cumplió los tres años y es tan infinito como aquel que se supone fabricó un firmamento con una palabra. Este dios Roberto, a quien el abuelo adora, con una sola palabra, a veces mal dicha, ha creado todos los universos posibles para los ojos del abuelo. Y más que universos, sus palabras llevan bálsamos que curan nostalgias, melancolías y desencantos. Palabras que le traen al abuelo mundos de felicidad.

 

            Gracias del abuelo al niño Roberto por hacerle la vida juguetona, cariñosa y limpia.

 

            R.Llanes. 29-6-07. Tharsis.

ESPERÁNDOTE

 ESPERÁNDOTE

Aun me queda una sonrisa,
un beso, una canción,
un abrazo,
para esperarte;
soy capaz, aun, de levantarme,
de hinchar las velas,
de morderme los dientes
y esperarte;
aun capaz de un verso,
escribirte de noche,
soñarte con las manos abiertas,
inclinarme a tu deseo
y esperarte;
aun me falta crecida
de soberbia,
olvidar que me amas,
me falta impaciencia
para borrarme la espera,
aun me han sobrado
agallas de hombre
para reunirme con mi conciencia
y convencerla
y seguir esperándote.
Rllanes

jueves, 6 de agosto de 2026

FANDANGO. ALGÚN DÍA


 

TANTOS SUEÑOS, TANTOS CAMINOS

 Tantos sueños, tantos caminos

Recordar ahora las imágenes de veinticinco años atrás y ponerlas en el mejor sitio de la memoria supone siempre un placer inmenso para quienes son capaces de hilar momentos y poner en presente cosas que ocurrieron; a veces no es la memoria quien hace el esfuerzo sino la ansiedad y el propio sentimiento; algo parecido estará pasando a todos aquellos impulsores de una idea que luego fue proyecto y más tarde realidad y que se echó encima la tempestad del tiempo para convertir aquel sueño en una grandeza inconmensurable. Se construyó el pensamiento, se fabricó el deseo, se creó la necesidad y surgió el camino. ¡Cuántos sueños, cuántos caminos!, ¡cuántas anécdotas, cuánto abrazo, cuánto de amor por las laderas sinuosas de un Andévalo expectante y acogedor!. Nada podrá ser comparable para la emoción como volver a revivir dato a dato el inequívoco lagrimar de cada uno, la experiencia compartida, la concordia establecida y la devoción confirmada.
Ramón Llanes. EL CAJÓN DEL SASTRE

PLEGARIA ATEA

 PLEGARIA ATEA

¿Seré yo un delincuente?,
¿seremos todos delincuentes sin darnos cuenta?,
¿seremos nosotros los culpables de todo el mal?,
¿somos en realidad nosotros los cómplices
de los miserables de quienes despotricamos sin límite?,
¿estaremos metidos hasta el cuello
por culpa de leyes de onda expansiva que nos contagia?.
¿Hemos nacido al mundo sin expurgar,
con la carga original de la dogmática mancha?.
¿Existimos?.
Ramón Llanes

miércoles, 5 de agosto de 2026

NO FALTAREMOS

 NO FALTAREMOS

La mar y yo nos hemos prometido
la tierra,
las insignias de la tierra, su fragor
y sus puentes, la luz que le adorna,
los andamiajes
y los ríos, nos hemos prometido
compartir el grito necesario,
las ansiedades y algunos silencios.
Por recorrer sus venas
vendremos a las luminarias,
estaremos en la lava y en la brea,
nos protegerá su raza,
iremos del norte al sur
con lápices en las manos
dibujando en las campiñas redondeles
de colores y haciendo amistades.
No faltaremos a la cita
de los nativos cuando nos llame
la voz apaciguada de la música.
Hoy empezaremos
a liar el equipaje y levantar la mirada
con la ilusión sin estrenar
y extremadas las ganas de tenernos.
Rllanes. (De Poemario LA CASA DEL MAR).

A MENOS DIEZ

 A MENOS DIEZ

En un trance místico pude comprobar, con datos contrastados, que todas las cosas absurdas que han ocurrido en mi mundo sucedieron a menos diez; lo del diluvio fue un extraño pensamiento de Noé a las menos diez de un cualquier día de otoño, las tarjetas de crédito se inventaron a menos diez y también a la misma hora voló alguien sobre el nido del cuco; el fracaso de la plenitud de las libertades se produce todos los días a menos diez, en los congresos de las democracias se insultan siempre a menos diez, los museos nunca están abiertos a menos diez, el ser humano odia esta hora maldita, le llena de oscuras nostalgias y falsos sueños porque a nadie le tocó enamorarse a menos diez ni recibir un premio literario a menos diez (hubiera sido una licencia lírica inoportuna), y al escribir esta memoria son menos diez del estío, hace calor y tengo los días contados porque el veintinueve a las menos diez tendré un año más. Cuando me olvidaste sin motivo eran exactamente las menos diez de mi vida. Figúrate.
Rllanes. (Del libro TE CUENTO)