RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

domingo, 16 de agosto de 2026

BOCETO DEL ENCANTO

 BOCETO DEL ENCANTO

Encanto es el espejo, la mirada. Encanto, considerar
la paz ofrecida en el respeto, sorprenderse de los azules
pensamientos de un niño. El nombre, las palabras,
el corazón de un amante en sus deshoras, encanto
vaciar la boca de besos, repasar la memoria,
andar con nobleza por los sitios todos del amor
y acariciar con sentido la piel deseada.
Encanto debe ser esperar que la tarde traiga
coraje y encuentro. O la sorpresa o el sueño
contagiado o una guitarra sonando a melancolía.
A veces, el error, otras veces el desengaño,
siempre, la mejor noticia, siempre, empezar.
Perder todo el tiempo para ganarte un segundo
y saber dónde me estarás pensando.
Es encanto, quizá todo el encanto, escribirte
cualquier momento de agosto desde la certeza
que estimula un sentimiento de anhelo.
Y, encanto, comprenderme loco y poseer
la conciencia exacta para resumirte
en un poema, una vida creyéndome tenido
en un abrazo tuyo. Y desvanecerme.
RLLANES

DE LIBROS

 DE LIBROS

Quien inventara un día cualquiera un cualquier libro cambió la vida, desobedeciendo los cánones de la naturaleza y convirtiéndose en un dios inmenso que creó la mente y el pensamiento hasta un infinito inaccesible e insondable, creó el hombre un mundo en muchos mundos a través de la compostura de los libros. Y de él nacieron las cosas y los espacios y la voluntad y el amor y las esperanzas. No ha bastado, el hombre tan dios que creara los libros tiene pendiente crear libros nuevos que resuelvan los conflictos, las desigualdades, la pobreza y los odios y será entonces cuando la sabiduría se imponga a la soberbia y cuando la bondad se imponga al poder y cuando la felicidad no sea cuestión de cuenta corriente ni de acción de mando y se haga costumbre cotidiana entre los humanos. Y los libros serán cuadernos de apuntes de cuotas de amor como la mejor custodiada verdad.
Ramón Llanes



sábado, 15 de agosto de 2026

SUEÑOS DE LA EDAD TARDÍA

 SUEÑOS DE LA EDAD TARDÍA

El tiempo te ha hecho más débil en la materia, más indeleble en el recuerdo, más amante en la alcoba. Tus desafíos están en las almohadas celestes del delicado solaz no permitido donde se te hacía la vida con una intensidad amada; los olores, la pasión, la función del deseo y las insatisfacciones perduran en la piel como en la serenidad.
Estás ruborizado en el pensamiento, apenas has permanecido amable las últimas horas, te llamaban a rancho de sensibilidades esos ocasos que traían luna llena capaz de ensueños. No querrás hacerte a la idea de envejecer porque nunca has sido viejo y no sabes cómo es esto. Tu primera vez te exalta con el nerviosismo de un recién llegado, no conoces la compostura, las normas, las palabras, nunca habías estado en este trance. Es aquí, no te has perdido.
Sabes que tienes delante una vida y una experiencia detrás; sabes que no estás en la lista de los vencidos, sabes que reinas en muchos instantes, sabes que no renunciarás a esta locura de seguir arrugando ansiedades, sabes que tú decides en dónde se escriben los sentimientos y a cuántos deseos estás de la partida, sabes que tú eres el orden de tu existencia, tu timón, tu empuje, tu promotor, todo lo aprendiste y ese es tu mejor patrimonio. Ya perteneces al gremio elegido de los sabios. Es tu gloria.
Ramón Llanes

viernes, 14 de agosto de 2026

LIMPIANDO EL TEJADO

 

 

LIMPIANDO EL TEJADO

  

            Somos muchos en casa y madre nos invitó a limpiar el tejado cuando palidecían las bruces cálidas del estío y dormían los niños en la alcoba del fondo, todos juntos, revueltos en el sudor y en el cariño; posiblemente no fuera el tiempo adecuado ni la manera ni tal vez la hora pero había que conformar la petición que así ella volvía a representar su entusiasmo y nos premiaba con un buen guiso de habichuelas, una ensalada de orégano y unas ricas cerezas del árbol de sus deseos que llenaba el jardín de sombra y esperanzas. Siempre supimos que limpiar el tejado en el concepto de madre tenía una referencia explícita en limpiar la vida en general, repasar lo viejo, ordenar las ideas, hacer pronósticos, consolidar los proyectos y expresar cada uno las incidencias encontradas en los momentos de nuestras ausencias de la casa adonde acudíamos cuando el verano se ponía crudo y apretaba esa parte sedienta que llevamos dentro, a veces sin saberlo, a veces sin olvidarlo.

            Subimos al tejado con buena pausa y pisando tiernamente las tejas para evitar su rotura, estaba lleno de pájaros que volaron con el mismo ademán que nosotros resbalábamos sin llegar a caernos del todo, simularon que se marchaban al aire pero hacían a nuestro alrededor sus piruetas rituales piando y pareciendo gozar al tiempo que se posaban en lo más lejano de nosotros; notamos el verdín aún con visos de humedad, los huecos con hojas, las curvas secas y deslizantes, las inclinaciones más severas y notándose en el color de las tejas el inexorable paso del tiempo por su piel; hicimos la mañana todos los hermanos en el lugar más alto de nuestra consideración y acabada la tarea nos sentamos en el caballete de la sombra para empezar a darle contenido al placer de vivir. En rato largo sondeamos la memoria, fuimos al bosque en las primicias del otoño, nos sentamos en las piedras, corrimos por los charcos, comenzamos a amar y volamos a otros espacios  adonde la luz precisaba de nosotros o nosotros éramos la luz, anduvimos las caminatas que el tajo impuso, nos  hicimos cada vez más personas y también rompimos esquemas y quemamos sentimientos, todo eso recordamos en el tejado, luego nos reímos al compararnos con los pájaros que siempre se iban del tejado, volaban y volvían a posarse como custodiando la paz del lugar o tal vez -como los pájaros- para nunca despegarnos del todo de la nostalgia.

            Al bajarnos madre nos suponía limpios, se esmeró en la comida, llamamos a los niños y nos sentamos a su alrededor con la vaga intención de darle cuentas de las adversidades encontradas en la limpieza del tejado, intentamos desviarle del asunto contando cosas menos importantes pero ella no perdía su costumbre de dominarnos y de llevar por delante las vidas de cada uno de sus hijos y sus consecuencias y sus merecimientos y hasta sus desencantos. Ella era así de consecuente y nosotros sabíamos de sobra que venir al campo suponía dejarle una confesión orgánica y veraz de nuestros afanes y nuestras andanzas, nos conocía y quería estar con nosotros en todos los instantes, respirar con nosotros, alardear, presumir y alcanzar metas con nosotros.

            Padre nos dejó unos años atrás y nos convertimos en humanos pegados al sentimiento común que pronosticaba y conducía madre. Le hablamos del verdín como un amago de conspiración contra el desapego, el tejado lo tenía como protector y como adorno, siempre aparecía en las primeras lluvias, se dejaba crecer y nunca soñaba grandezas en demasía, el verdín del tejado no era invasor, aparentaba no conocernos y se secaba a gusto después de recorrer los ciclos; recordamos a las hojas esparcidas que a veces taponaban los cauces del agua en la liturgia de las tejas pero se bajaban en las tormentas y dejaban expedita la senda para la misión de las luces; cuáles serían en la realidad nuestras hojas produjo debate en posiciones diversas, que las hojas son las inquietudes o que son las incidencias, que las luces que se llevan la llovizna son las soluciones, que las tormentas son figuraciones de la mente y que los cauces del agua se nutren de deseos que empujan con aliento; las conversaciones entre hermanos gratifican las fuentes de las emociones, la causa para el encuentro contiene el máximo de ellas, si acaso ponerse traje de respeto colabora se construye casi sin pensarlo un manifiesto escrito en el alma para saber evaluar los tropiezos posteriores y buscar en cualquiera de las lagunas secas los encantos de la existencia.

            En la sobremesa del almuerzo el reloj fue irreal, inocuo y falto de tarea, nadie le asestó relación de compromiso con la tertulia, madre escuchaba con delicadeza las palabras, los niños jugaban con felicidad en el trastero y nosotros empezábamos a conjugar la vida con la idealización de los pronombres y huyendo del tópico encorsetamiento en los individualismos; de esta fórmula fue partidario padre durante su existencia, nos preparó para compartir ansias de vida en colectividad. Ahora repasamos lo viejo en un talud consciente del repecho poniendo en práctica las consignas de nuestros progenitores, nos consideramos capaces de haber captado el mensaje, de ser para nosotros mismos nuestros pequeños héroes  y de ser humanos frutos de una conciencia comunitaria.

            Sin proponernos acabar la tarde brindamos ante un ocaso servicial que nos aguantó pasionalmente los requiebros y las canciones que sonaron a coro en un ambiente de afectividad y moderada alegría, son días amables que escriben los calendarios sin un previo anuncio, días cualesquiera de postín sin onomásticas, cumpleaños o fiestas de guardar, días que nacen grises y terminan esplendorosos, quizá contradiciendo el recorrido de la luz.

            En este universo familiar inventado de la nada cincuenta años atrás, anegado cientos de veces en inseguridades, perdido en cábalas en noches de dolor y agonías, fraccionado por la muerte en ocasiones, sufridor aleatorio según mandaran los destinos, prosaico y rudo concebido para llevar férulas o coronas; en este universo de gritos al aire y voluntades con miedos, de tímidos y agnósticos, de desertores y sonámbulos, idos de tantas soledades y venidos de tantísimos abrazos, en este mismo universo de clarividencias y distracciones, de fracasos en tropeles, habilidades por doquier, torpezas al uso, misiones imposibles contra la adversidad de los sueños no cumplidos, en este universo imperó sobradamente la desgana y fue horadado en  miserias de desalientos durante toda la proyección de sus motivaciones. Aquí, en este universo de telarañas, nunca se celebraron las victorias ni se magnificaron las derrotas, se vivió como si la tormenta hubiera pasado de largo, luego se recogieron las goteras, se taparon los charcos, se observaron las canales, se limpiaron los tejados con la tenacidad aprendida y empezamos a cantar y a reír con el alma de madre reinando en el sentido común de nuestras lealtades.

            Somos muchos en casa, el tiempo nos ha hecho a este modo. Antes de partir a los sitios donde se desarrollan las vidas y donde se pagan caros los descuidos, hicimos mención general al deber y al placer, cursamos juntos la continuidad de los sentimientos en la jornada que madre nos hizo tan amorosa como siempre y al intentar despedirnos, en la misma efusión de  cada apretado abrazo, caímos en la cuenta de habernos olvidado de nuestras personales desarmonías, de la sociedad y del mundo, constando en el acta solo la evolución tan favorable dada a la consolidación de nuestro universo familiar sin haber necesitado injerencias, protocolos, publicidad y credos.

            Madre nos achuchó con sabiduría y nos preparó el discurso de los consejos para seguir sosteniendo el equilibrio en los extraños envites que nos esperaban, lloramos con lágrimas nuevas, entonamos la canción del adiós y los niños convencieron a madre para ser ellos quienes limpiaran el tejado en el próximo estío.

 Ramón Llanes. (Del libro TE CUENTO)

 


 

 

LAS CONSIGNAS DEL ARTE

 LAS CONSIGNAS DEL ARTE

La velocidad no evita el arte, tampoco la calma es su presagio. El arte tiene ese don de misterio que deviene fiel al orden, al pensamiento, a la inspiración, a la habilidad y al conocimiento. Me interesa el arte humano, el arte de la perfección en la humanidad de los seres que nos habitan la parcela donde nos habitamos. Respiramos arte o mediocridad dependiendo de quien tengamos en la convivencia; somos fugaces o perennes según aquello que estemos pretendiendo desde el inicio.
Mi arte admirado proviene de sueños bien cumplidos, de delicadezas en el trato, de educación en las relaciones -todo esto es arte-, de servicio a la comunidad en todos los planos, de compromiso en la mejora de la sociedad, de ...miles de formas que empiezan y acaban siendo puro arte. Un cuadro que emocione puede ser arte, un beso que exprese amor, también; una buena fotografía puede ser arte, un detalle de honestidad también; una escultura puede ser arte, un abrazo también; un buen poema puede ser arte, un impulso de generosidad, también. Y toda la vida amando es la más alta distinción del arte.
El arte como medio para lograr mejores cotas de bienestar y felicidad, en todos los sentidos que dejo en esta cartera abierta de pensamientos, pretendidamente artística
Rllanes

ESTADO DE ÁNIMO

 ESTADO DE ÁNIMO

Otra vez es de día con tono valiente y difuso y entre los rasgos que presenta y los instantes de pasión que se avecinan se podría entender que los estados de ánimo se alteran. Por otro lado, pensar en tranquilidad y placer, en vacaciones y descanso, da suficiente para acordar que es tiempo para que ese mismo estado de ánimo se recupere. En ese dilema estamos en estío, hacemos maletas o miramos al cielo, cogemos el mapa para diseñar la ruta o nos ponemos en manos de la espontaneidad para salvar con un delirio más este compromiso de parar el trajín en unos días.
Sea como fuere el tiempo nos hará guiños, se nos subirán los colores al fragor de los deseos, nos divertiremos con andar, estar, pasear, hablar o simplemente meditar y todo será como siempre, la semblanza habitual en el paisaje y en las caras. Pues también así habrá ocasión para ratos de entretenimiento y placeres; es más o menos la vida.
Ramón Llanes

jueves, 13 de agosto de 2026

HUELGA DE LUZ

 HUELGA DE LUZ.

Leímos el eclipse con ojos temerosos, con gafas negras, con la curiosidad de un niño a quien le explican que solo se trata de una intromisión temporal de la luna entre tierra y sol; leíamos la semioscuridad, las luces del neón puestas en la ciudad en una tarde muy abierta y luminosa; por aquí leíamos las caras sin extrañeza de los paseantes. Pensábamos en lo imposible, en lo insólito, en la vecina del cuarto que jamás lo entendería, en los científicos que lo detallaron en la tele, en la abuela que relata aquel de mil ochocientos y pico que le contó su padre.
Quizá el poeta tenga razón para otra lectura, quizá el fotógrafo, quizá el bohemio. Esa tarde, cálida por aquí en exceso, quizá los poetas buscaran musas o luciérnagas, los fotógrafos buscaran campo de visión, los bohemios durmieran. Ellos, sin que nadie les pida baza, piensan que fue una huelga de luz, protesta del espacio por algo que no cuadra en el sistema evolutivo natural. Esa es la lectura de los raros, que dejan a criterio de los menos raros para que la estudien si ello place y concluyan en determinar si esta licencia poética tiene fundamento en el cosmos.
Pero nos faltó la luz por un tiempo, apenas unos minutos, y leímos que los astros se equivocan apenas unos minutos y nuestra atención, apenas unos minutos, también se equivoca al interpretar el fenómeno. Dijo la luna al sol, “no quiero que veas la tierra durante unos minutos”, y le tapó los ojos. Eso fue todo.
Ramón Llanes