LA SOLEDAD DE UN NIÑO
Pasea un niño a medio despertar
por la gran avenida,
no advierte la luctuosidad
ni la miseria,
sonríe a nuestras miradas
y acampa creyendo haber encontrado
menos soledad,
le tapamos las estrellas
y le cubrimos de miedo, nos llora con acento
agrio, enseña una infinita sonrisa al mismo tiempo
y se queda sujeto
a nuestro pedestal de gloria
en instantes incontables de utopías
que nos asoman
mientras las manos se nos escapan
a sus manos con la rémora
de una osadía de antaño.
Somos muchos, mujeres, basuras, hombres,
refugios, fogatas, botellas vacías,
somos un ejército de idiotas
olvidados
del valor de la ternura.
Ramón Llanes. (De LA CASA DEL MAR)