RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

lunes, 9 de febrero de 2026

TIEMPO DE AROMOS EN MI TIERRA


 

DE SOMBRA

 DE SOMBRA.

La luz no justifica la vida,
delicadeza es la sombra,
tiene espacio,
rendijas que la cubren
y a la claridad halaga
y aprisiona,
el color es el afecto
y la frecuencia.
Se caen las sombras
prohibidas en la luz.
Ramón Llanes. (De EL DESEADO TIEMPO DE LAS SOMBRAS)

EL CAPITÁN DE LOS SUEÑOS

 EL CAPITÁN DE LOS SUEÑOS.

En otro sueño era fiesta, el sol iluminaba las sombras y las mujeres ponían techo de cortadillo entre los árboles, los hombres repartían besos y un señor con barba blanca nos trajo sombreros y pasteles. Aún no tenía trece años, el sueño me había hecho volver. Recuerdo que sonaban cohetes y subíamos al circo con ilusión de fiesta. No estabas en este sueño y el capitán no me permitió que lo guardara; te lo cuento y lo olvidas, tampoco yo quiero conservar sueños de tu ausencia.

DE MADERA

 DE MADERA

Al tacto la madera posee la sublimidad que a otros elementos falta, tiene además cierto rasgo de seducción, es preciosa a la vista, atesora nudos que son edades o tiempos y cada vuelta es un parto. Crear la efigie desde la madera, moldear el tallo y pisarle los dedos como un recién llegado pisa la arena, acudirle gubia, transparencia de ternura, un gozo descifrado muchos árboles atrás, muchos o tantos como una historia en semen de sensaciones.
De madera el tonel que empresta solaz al sarmiento, de madera estatua de estirpe presidiendo la simbología en el paso del hombre. De madera se hacen las finuras y las fortalezas y las manos se convierten en caricias acariciadas cuando vierten mundo al respeto del tronco y se conjugan en simpatía y sacrilegio, en esa adoración mutua; después o al tiempo, la mirada, la creación completa en una tabla vieja que antes fortaleciera la techumbre de la alcoba. Allí está todo, nada falta al esculpidor que le busca sin apariencia de espeleólogo una tira de felicidad, un momento de heroicidad a la astilla y la secciona de parte a parte aprovechando el hilo con precisión de relojero. Madera en badajo, en aldaba, en cornucopia, en vino, en sorbo de aire próximo al serrín y madera en el fuego, último intento al agrado y penúltima utilidad. Se queda en la vida del tiempo indeleble y cálida.

domingo, 8 de febrero de 2026

DESPUÉS DE LA LLUVIA

 DESPUÉS DE LA LLUVIA

Cuando acabe la lluvia
te compraré un paraguas,
las botas rojas que te gustan,
un sombrero de fieltro negro,
dos entradas para el teatro
y la misma sonrisa
hecha de sol infinito.

DE PAZ Y OTRAS VERDADES

 DE PAZ Y OTRAS VERDADES

Desde el rincón más tierno de tu pensamiento
buscaremos Paz para los dos,
tú y yo seremos cómplices en este tajo
de ansiedades.
Necesitamos, tú y yo, los apuntes de geografía,
los saldos de afectos,
las persianas rotas,
el cántaro vacío,
la luna a medio mecer, nuestra ración de abrazos,
el corazón en llamas,
la sonrisa puesta,
mas tú y yo, amigo, no precisamos el odio,
no somos de la discordia ni del hambre,
no apostamos por la muerte impuesta,
nosotros somos adictos a la Paz,
en todas las horas, en todos los pupitres
y en nuestros sentimientos.

MEMORIA DE AQUELLA VELADA CENTENARIA

 

VELADA CENTENARIA

 

Corrían tiempos de bonanza en los inicios mineros, cuando los hombres trabajaban de sol a sol para llevarse pan a bocas tristes por la especial hambruna que asolaba la vida. Aluviones de aventureros en la búsqueda de otra comodidad se acercaban al reflujo de la mina. Era andancio constante en el Andévalo, comenzar en una vocación nueva restituida en la contemporaneidad y abrazadora para los entonces habitantes de todos los mundo cercanos. Comenzaba otra vez el esplendor que los fenicios le dieron y Tharsis se resolvía en futuros esperanzadores. A Ernesto Deligny se debe el hallazgo.

De allí a los carros transportadores con mulos y a la petición de un descanso merecido en medio de una sofocante labor cotidiana de minerales. Por agosto se concedió el premio y los muchos habitantes celebraron con gozo en 1898 el primer regocijo que sería embrión para restaurar la Velada en Tharsis. Empieza la historia con esa cara de fiesta, el trabajo se aparcó por poco rato.

Con la mina se venció la tristeza de la miseria, significó horizonte sin medidas y logros a corto plazo que alimentaron las bocas desacostumbradas al diario menester. Acaso también la incipiente Velada que se hizo mujer entre zafreos y escoriales puso cota de felicidad a los suyos. A los mineros, entonces de galerías, luego de estrellas, les valió media docena de placeres conseguidos por una reivindicación laboral a tono con la disciplina austera de los tiempos.

Ahora se fundamenta un recuerdo nítido a los progenitores de la idea porque de dos copas y cuatro cantecillos de taberna fraguaron, sin querer, un reino que duraría al menos cien años, hasta aquí; con la fuerza que se le avecina porque los filones no están en agonías y las malas rachas también se superan. Es Velada Centenaria que no es poco y suenan voces de aclamación por los restos de tartessos y las salomónicas identidades que le dieran empaque bíblico.

Ya con cien años cualquiera es viejo pero a los pueblos un siglo les rejuvenece. El caso es que se comienza a celebrar con la grandeza con que se descubren las cosas pequeñas para los ciudadanos humildes. Ya sonó el primer clamor en Tharsis con eco de reto, ya se apuesta por lo

más grande y entre todos se deshilachan de tiempo para arrimarse a los umbrales de bienestar; se quieren solemnes en la consagración del acto aunque tímidos en los gestos, se anuncian traje nuevo, camisa blanca, corbata y sosiego, a compás del sentir. Compaginando en el almacén del alma el trajín de todos los días con un hueco ritual para los bailes, imprescindibles en la armonía de la razón de la fiesta.

Es la hora de Tharsis, otra vez, sin pesares, con calmas y prisas, acercamiento a los roces con la vecindad, a los que vienen de cerca y de lejos, a los que llegan para conocer y a quienes desean seguir trabajando mientras los demás se divierten.Es hora de Tharsis con la novedad única de una Velada Centenaria.

 

 

 

 

                                           Ramón Llanes. 1-7-98.