DESDE ESTA ORILLA
Y llegaremos en el orden que nos solicita la convivencia para aparecer, atravesando la Sierra Ensillada, en la comisura de nuestra protectora tierra, escarbando primero el polvillo, pisando luego con devoción cada piedra y acabando incrustados en los selectos huecos elegidos para posicionar todo aquello que lleva a la amistad, a la concordia y a la mítica y ansiada realidad.
Allá es donde únicamente recordamos lo vivido: la niñez, el amor, los padres, los amigos, los abuelos, los campos, los nombres de las cosas y las razones; allá, un minuto magnifica el agradecimiento y agranda la responsabilidad; allá, cualquier palabra lleva un eco de tiempo, de solera, de bienestar; y las cosas tienen los nombres que la perfección pone para ocasiones así. Cada vez todo parece definitivo y todo es nuevo, hasta el color es como más azul y las columnas del olvido aún nos dan calambres en los ojos; aún se siente que nadie es mejor por tener más, nadie mejor que nosotros que tenemos una tierra profunda que nos acredita como especiales, que poseemos el privilegio de estar esperando y ser esperados, siempre, sin precio, a mano alzada, con brazos extendidos, como imprescindibles para que la vida pueda continuar.
Nosotros estaremos como vecinos, como amantes de aquel paraíso, dispuestos a cantar o a calcular los silencios pero estaremos vivos y pendientes de todo, como la luz o el deseo. Que la vida por acá es grata, gustosa, nos consuela y nos arropa pero no es capaz de traernos hasta aquí cortas, jaramagos ni colores que echamos de menos. Iremos con los pies respetuosos y alegres para convivir con los que están y honrar con la memoria a quienes se fueron.
Rllanes.
