RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

miércoles, 8 de abril de 2026

UNA LLAMADA, UN RECUERDO

 UNA LLAMADA, UN RECUERDO

La espera tiene esa virtud de constancia que anima la soledad hasta nutrirla de sensaciones; ayer esperaba, mañana esperará con la docilidad del pensamiento en cada mimbre de estancia, luego el devaneo con la sorpresa, la suntuosidad del regalo. Todo se convierte en prenda de apego, la delicadeza mima las razones y la querencia a lo nuestro deja viva la estampa del deseo.
El recuerdo en la estima de esa verdad que consolida el cómodo compromiso con la realidad, hay pendientes que dejan de serlo y futuros que se enrolan en una pausa de lógica. Ya están en el fragor del tiempo las cosas puestas para las faltas, las coberturas y las listas. Nada sobrará en la faldriquera o acaso un hueco mínimo para un sentimiento de última hora.
Así se estibará el sondeo de felicidades pretendidas por la contundencia de una llamada a las cuitas de lo agradable y con la creencia en la fortaleza de los recuerdos, un todo impersonal que se funde en gracia y a veces en gloria de humanos de a pie que circundan hiperverdades con las mismas ganas que sube una estrella a otro firmamento. Sobran motivos para esperar desenlaces colgados en los recuerdos como sobran estímulos para libar con los ojos de la inconsciencia cualquier júbilo que se adelante. Llamada y recuerdo, un algo efímero que se repite en el largo cauce de nuestro tiempo.
Ramón Llanes

LA MUJER DEL HOMBRE MÁS FELÍZ DEL MUNDO

 LA MUJER DEL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO

La mujer del hombre más feliz del mundo
tiene los ojos manchados con rímel de alcohol,
se desnuda obligada por la mano
y tirita cada vez que le añaden un beso
con vana palabrería y sucio merecer.
La mujer del hombre más feliz del mundo
duerme despierta de soledades,
es abrazada con látigos ardientes,
se arrodilla por mandato
y se culpa de no dar tanto como le ordena.
La mujer del hombre más feliz del mundo
le ha partido sus proezas en diez mitades
cuando clavó con rebeldía su última mirada
en el grito agudo de su valentía
y salió huyendo como un cobarde
el hombre más feliz del mundo.
Rllanes.

martes, 7 de abril de 2026

FANDANGO. SOLO TENGO


 

LA TERCERA PARTE DE TI

 LA TERCERA PARTE DE TI

Asombrado acude quien suele aligerar el paso al edén de una mirada tuya y de ambos, y percibe que las velas tributan su agonía con luces tibias no deseando el apagón y deseando el apego; transcienden de vida a sombra haciendo el humillo de atención que les ocupa la supervivencia. No se han perdido pero están en ello, acaso por no ser alimentadas de alegorías de afecto. Cuando el pronóstico acecha, solo la tercera parte de ti anima la condolencia, el funesto precio de lo distante se traga las dos partes de la dedicación.
Llamaremos otra vez a la osadía, a las previsiones sin protocolos que impulsaran vida activa en el ámbito del amor, llamaremos a los hados protectores, a las alcancías de reservas de sentimientos que guardan tanto, al tiempo apacible que se sincera sin pasar y enmudece si son los amantes quienes arengan las caricias. Esa costumbre de llamar que nunca se pierde y todo es como ayer, como la última tarde, como el renglón que deja pasión abierta a la próxima línea.
Y sondear las partes de ti, las desconocidas y amadas, las partes del alma inmune, los predictores que se acaloran con el tacto, las búsquedas de las sensaciones que motivan luengos proyectos de eternas querencias a fin de preservarlas del desacato de la inercia y los sobresaltos. Entonces, brillen velas encendidas sin mestizaje.
Ramón Llanes

INDICADORES DE RESPETO

 INDICADORES DE RESPETO

Yo sé de estas cosas lo justo. Incapaz de escribir un tratado y ni acaso un artículo de opinión que refleje la parte de intención que me empuja a este desliz de expresión sin intento alguno de convencer. Pero ando, y el andar levanta polvo, y el polvo provoca hilaridad o sofoco y después de andar, de observar al polvo en sus muchas dimensiones y de comprobar que la hilaridad y el sofoco no conjugan con sosiego -o algo parecido-, después de todo eso y lo que se olvida, se me meten como huellas las grescas intencionadas que hacen quebrar las aristas del societario privilegiado que vivo y entiendo que, a todos, nos distingue.
Las manías por la descalificación de los seres que más miramos a través de los medios se ha convertido en honorable manera de mostrar disconformidad con sus formas y la asamblea de los curtidores de faltas de respeto ha minado el escenario. Los políticos y la corona, los presidentes de los bancos tales y los concejales de cualquier causa, congregan la casi totalidad de los verbos insidiosos y la maledicencia que se descarga en ellos como premio a sus desvergüenzas, quizá. Nadie, nadie se atreve a condenar actitudes de una determinada persona ajena a lo público; en la cultura cotidiana no son frecuentes los abusos ni las faltas de respeto entre cada uno de los habitantes, ni son bien vistas las chanzas entre individuos o entre grupos, digamos cofradías, asociaciones, colectivos de ciclistas, de actores, gremios de fontaneros, etc. La metedura para con los políticos o la corona son simpáticas y causan risas de tabernas.
Como no sé mucho de esto ni siquiera se me ocurre la solución pero abogaría por el respeto a todos, quienes sean -políticos o reyes, ricos o vanidosos, capitalistas o alcaldes- a todos; ya sean de la forma de gobierno contraria, del emblema contrario o de la bandera de otros colores; abogaría más por la buena compostura que por la descalificación aunque los destinatarios no se lo merezcan. Podría ser también un matiz para seguir creando escenario social mejor, intuyo.
Ramón Llanes.

lunes, 6 de abril de 2026

CIUDADANO DIEZ

 CIUDADANO DIEZ.

Los políticos reflejan el nivel exacto de cada sociedad, dan talla o desmerecen de acuerdo con la procedencia. No es exigencia lícita pretender políticos diez en una sociedad seis, tampoco es lícita la viceversa. El ciudadano se queja de la alteración social que los dirigentes provocan y entienden que están elegidos exactamente para lo contrario. Me pregunto si a la sociedad le corresponde cuota más alta de excelencia en políticos y si la actual se refleja desde la propia sociedad representada. Me asalta la duda, conozco en suficiencia el entorno como para pronunciar resultados, pero me asalta la duda. Indico que no ha lugar a que la sociedad se extreme en tal precariedad de sensatez y eficacia. Algo falla.
Me gusta que la ciudadanía aspire en ella y en políticos a ciudadanos diez en todas las partidas, me gusta que se exprese el descontento, que se requiera una gestión exenta de corruptelas y aprovechamientos personales, me gusta que alguien ponga chinitas en los zapatos y se alíe con la excelencia. No es así aún a nivel general pero llegará el momento de las rebeldías de los consumidores, de los autónomos, de los propietarios de vehículos, de los fumadores, etc. Puede valer para hoy, ha de valer para todos los días.
Ramón Llanes.

EL NIÑO Y LA GUITARRA

 EL NIÑO Y LA GUITARRA

Llegaban las horas espesas
al reducto de la casa
y se ponían las luces brillantes de tanto ambicionarlas,
se dibujaban los juegos del niño
en la pared despierta, –todas las paredes estaban despiertas–
y se vio al niño en llanto de emociones
cuando le llegara a las manos la guitarra.
Empezó a sonarla, la acariciaba con su ternura,
la durmió en su almohada.
El tiempo le enseñó las notas del fandango
y pronto se distribuyó la vida del niño
con las palabras que le anunciaron cantes.
Todas las tardes, todas, el niño se precedía
de encantos con la guitarra.
Así, aljibes de músicas, entre la templanza del ganado bienestar,
el niño se hizo más niño
y no crecieron las cuerdas
y creció su armonía de inquietud.
Ramón Llanes. (MINERALOGÍA DEL ALMA)