RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

lunes, 26 de octubre de 2026

HUÍD

HUÍD 


Los locos mandarán en este ágora,
serán los pájaros ministros del aire,
los mudos, ministros de la palabra,
los maricas y las lesbianas y los románticos
dirigirán el ministerio del amor,
los inmigrantes serán nombrados
hijos predilectos del mundo,
los ateos caminarán despacio por las aguas
hasta convertirlas en vidas,
los sordos serán los directores del silencio,
los ácratas harán las leyes,
los olvidados compondrán las músicas,
el mundo que pretendemos
será una alacena con libros, un zaguán,
cualquier repique de palillos,
será todo lo más distinto al vuestro,
fuera de efigies, de banderas, de listas negras
y de sablazos, ni un réquiem, ni una funda
para el revólver os tocará en el reparto del adiós.
Huid como zorros mientras nosotros
os anotamos en las páginas de extinguidos.


Ramón Llanes. (De LA CASA DEL MAR)

 

FLORES DE CHOCOLATE

 FLORES DE CHOCOLATE

Siempre sospeché que no me llevarían chocolate al tanatorio. ¡Malditos desagradecidos!. Allí presumían de afecto y calentaban una condolencia al uso de agradar mientras los familiares, mis familiares, se lloraban toda mi ausencia, se tragaban los recuerdos, palidecían. ¡Oh, qué escena de flores!, coronas y sándalo anunciaban la resurrección de mi carne, ¡creyeron que había muerto!, cortejaron la sinrazón de una vida tan corta; el poeta había muerto, pero nadie trajo chocolate a su lecho, confirmaron mi sospecha. Por venganza, mi última venganza, les negué a todos la palabra. Ellos me animaban, se estremecían, me contaban recuerdos, me abrazaban, yo permanecía quieto, con los ojos cerrados y pensando que necesitaba chocolate.
Al momento de la siesta, eso sí, respetaron mi costumbre, me dejaron solo, las avispas del tanatorio guardaron un silencio de respeto, las flores dejaron de oler y la luz se metió en los rincones de la primavera, de aquel veintinueve de un abril eterno. Me despertó un niño que llamó a la caja confiado que sería la puerta de entrada a la vida, me sonrió, le sonreí, me preguntó si estaba triste, le volví a sonreír y corrió a los brazos de su madre sin dejar de mirarme.
Ellos eran muchos cuando rompieron los llantos otra vez, antes de la hora de una despedida sin retorno. Nadie reparó en mi chocolate, nadie recordó cuánto me gusta y en eso que, antes de subirme a sus hombros, les preparé la mejor treta de mi imaginación. Me acerqué a una de las flores, la más hermosa, la acaricié en tono mío, la saqué del enorme florero, me la llevé a los labios y le puse un beso; ¡sentí el sabor a chocolate que tanto deseaba!. Ellos enmudecieron sin soportar que saliera de la estancia con mi flor, esgrimiendo una sonrisa de travieso y otra sonrisa de libertad.
R.llanes
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DISTINGOS

 DISTINGOS

Para huir de distingos hice la memoria,
me até con versos las sandalias, con paciencia
el pecho, de urdimbres marqué el dolor
que me recuerda la intolerancia,
nadie a mi alrededor es más que mi sueño,
nada es más pequeño que el mar,
ni las pinzas que aguantan las nubes ni las ráfagas
de los vientos ni las miradas que nos perdieron
ni las voces que nos arden ni las pasiones impresas.
Nada huidizo adrede domina mi garantía,
que de manos de moliendas nuevas,
chubascos, curiosidades, empatías
y grecas de salón
se han formado mis estampas;
que de cobertores de iguales anchos
y alma nodriza son las sedas
en los recortes, que de piel es el amor;
para que cuando visiten mis tripas
me encuentren hombre-mujer-sal-prisa-ventana-edad,
sin preguntarme.
Ramón Llanes.
(De la Antología por la Igualdad NO SE VAN A ORDENAR SOLAS LAS COSAS).

domingo, 25 de octubre de 2026

EL OTOÑO

 EL OTOÑO.

La sonrisa de Ana es un otoño esperanzador, el perro lleva un otoño en los ojos, la cartera de los niños tiene color de otoño, el semblante de la novia de ayer simulaba otoño, las hojas amarillas, la pared soleada, el reloj medio dormido, los primeros potajes...todo es otoño, todo es un otoño acalmado que intenta evadir el sofoco del estío.
Es tiempo de sosiego y de encinares, tiempo de miradas y de amoríos, tiempo de premios. Estará en casa el otoño allá tres meses, por el calendario, recordándonos que es preciso dormir para despertar, caer para levantarse, dar para recibir.
Pero el otoño eres tú, sobre todo. Tú que llamas a la puerta con un beso, que hablas con una caricia, que amas con espera, que eternizas la ternura, que recompensas los deseos, que vas del amor al amor sin agonías. Tú eres el otoño, el frágil otoño que aprisiona la vida para recomponerla e inspira un poema de humedad en los labios. Tú eres el otoño lánguido que repasa los recuerdos junto a las primeras yerbas y trasiega por las balsas mojosas de la mejor libertad. Tú eres el otoño, tú que enredas los brazos en la brisa y musitas un “te quiero” que rompe los esquemas. Tú, enamorada, tú eres el cielo del otoño.
Hago por ti, propósitos de otoño, voz cambio y letra invento, como copiando las ganas del otoño para poner los ojos en un papel de celofán, entender la ida, hacerme al agua y volver cuando la primavera soporte el mérito de la nacencia, y mientras otoño a la boca disfrutando de sus sensualidades.
Ramón Llanes



EL DÍA DE LAS PENAS ROTAS

 EL DÍA DE LAS PENAS ROTAS

Aquel día me corté las penas,
me borré mi lástima,
grité en silencio al aullido del cosmos,
resucité más temprano,
antes que el ocaso estuviera puesto
y fueran hacia arriba las olas,
aquel día me dormí
con el ropaje de un llanto
y en la estancia oscura
otros como yo se arropaban sin caricias,
cortaban sus lágrimas
y se burlaban del silencio
antes que volaran de la orilla los ocasos,
aquel día nos conocimos,
al principio nos olimos como perros
y luego nos amamos como locos
y nadie faltó
a celebrar que plebeyos, laicos, románticas,
verduleras, meretrices, monjes
y añadidos de extraña reputación
durmiéramos en la caja donde los vivos
pusieron la condición de ser iguales
al cortarnos apasionadamente las penas.
Ramón Llanes.

GRANADAS EN EL PATIO DEL PINTOR

 

GRANADAS EN EL PATIO DEL PINTOR
 
 
Quién llamó al otoño
a endulzar con arte las granadas?,
quizá solo el pintor
atento
y Lola cuidadosa.
Y llegaron en son
de roja paz
al árbol de paz verde
y pintaron de colores y ternura
los ladrillos viejos del patio.
 
 
Ramón Llanes.
En casa de Lola y Pedro, en Moguer.





HAS DE SABER

 HAS DE SABER

Me atrevo a escribirte
estas heridas sin esparadrapos
porque alguna vez has de saber
cómo me salva
cada día de mi naufragio
cualquier tormenta húmeda,
cualquier dios sin agallas,
cualquier bufón
que me cuenta cosas que no me interesan.
Ellos me salvan.
Quién salvará a Palestina!,
Ramón Llanes