RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

lunes, 20 de julio de 2026

EN TREINTA VERSOS, LA VIDA

En treinta versos, la vida.

Me recito mi vida sabiendo que he nacido.
Con esta luz de sur los ojos me han colmado
de horizontes de tierra. Me han amado
hasta un infinito sutil fiel bien definido.
Mis días son insomnios remendados,
mis noches son momentos definidos,
mi paraíso son versos que he cosido
con pespuntes del hilo que he ganado.
La insidia y el rencor no se han parado
a husmear en mi razón y he sabido
regentar mi alcoba con el mismo atino
que la pasión me ha dominado.
Hasta los sueños malgastados y perdidos
forman parte de mi “yo” no completado
porque no son las canas misión de mi cuidado
ni a la bolsa en buen recaudo la he metido.
En el alma llevo la prisa, los amigos,
un libro, una guitarra, un credo, lo soñado,
lo real, lo vivido, la paz y lo deseado
y no le he puesto final a cuanto aspiro.
En poco más que amar me quedo resumido,
solo con versos quisiera haber cambiado
este dogal de mundo que para vivir me han dado
y no renuncio al placer de reandar por mis caminos.
A dios, que todos me dicen que ha existido,
no lo busqué ni me sentí esperado
ni de menos le eché ni me ha llamado
ni ha sido en mis entrañas recibido.
En poco más de dar y amar mi vida se ha quedado
y espero no perder con ello lo querido.

Ramón Llanes.

FANDANGO. AYER


 

AL HILO DEL FÚTBOL

AL HILO DEL FÚTBOL
Con esto del fútbol, el tiempo del ocio se acelera, nos quedamos desatendidos, desocupados, como si no tuviéramos ocupaciones. Y luego la sorpresa de nuestro equipo nos eleva la moral, nos pretende ansiosos de triunfos, se nos agolpan las emociones. Es el contorno de la vida activa, algunos de los sueños que notamos se precipitan para cumplirse. La euforia ronda calle a calle los pueblos, es como una Navidad en verano, donde casi no se habla de tristeza ni de penalidades ni de agobios. El fútbol aglutina nuestros sentimientos.
Se necesitan los espacios ocupados de algo que dé sentido a la indolencia restante, a la de los días sin notas de color. Para alguien, que se asoma de soslayo a la pantalla por la inercia, rechaza el espectáculo con sus razones pero nada impide que el grueso de los forofos continúe en alegría, se gana un pulso a la competición con el esfuerzo de otros. Se sienten las ilusiones y se propagan. Es el entorno quien manda. Y nosotros somos entorno y parte, paganos y lúdicos, en este elenco de motivaciones.
Hasta que se nos permita el placer, disfrutemos.
Ramón Llanes

COBRAR POR VIVIR

 COBRAR POR VIVIR

Los pensamientos son animales salvajes que pueblan las llanuras de la mente, aparecen a su capricho, andan con libertad y recorren nuestras intimidades como si fueran su propia casa, que quizá lo sean. Unos se me amontonaron en un pronto de descuido planteando a mi conciencia una idea del poder del ser humano para exigir un tributo por habitar en la sociedad y por darle el calor y la confortabilidad necesarios para su hegemonía. Imponer una servidumbre más a los sistemas naturales que dirigen esta voluminosa esfera terrestre. Y cobrar por vivir.
Al rato de nacer en la alacena del cerebro este fanático pensamiento vinieron de otro lado a contradecir el fundamento de aquel, a reprocharle su materialismo e intentar convencerle del espíritu filantrópico que preside el mundo en cuanto al hacer en la vida. Que cada ser recibe un premio diario por vivir con el regalo del sol, del aire, de la naturaleza, del perfume, de la procreación, de los puentes, del agua, del viento y de las convivencias. Que si todo no fuera suficiente como para llegar al convencimiento tal vez valiera a este osado pensamiento advertirle que ya el universo premia en suficiencia con otorgar la infinita grandeza del amor.
Me vine, los dejé con el debate y no supe quién impuso su criterio pero ciertamente ahora no soy capaz de inclinarme hacia una u otra postura. En fin, voy a lo mío que es vivir.
Ramón Llanes

domingo, 19 de julio de 2026

MIRANDO LA VIDA

MIRANDO LA VIDA (I)
A través de la ventana que daba a la vida quise contemplar la estrategia del ser humano para desperezarse, huir, caminar o perderse en el agobio; quise saborear el equilibrio de tantas soledades y la constancia de los árboles, quise saber por qué algunos se escondían y otros desentonaban en la acera, quise advertirles de las consecuencias del miedo; y de tanto querer me hice un insolente y olvidé los pensamientos.
Ramón Llanes.

sábado, 18 de julio de 2026

HISTORIA DE OSORIO

 HISTORIA DE OSORIO

Hizo lo posible por enmendar su plana en un impulso viril después de una cuarentena de años pensativo como la estatua del silencio y se erigió en portavoz de sus propios anhelos, en una mañana hortera, cuando la calle era un hervidero de ausencias y el viento huía como escapado de sus garras. Corto y perezoso se añadió a una manifestación en contra del trabajo y volcó su inercia de sueño en su callada actitud de miedo, otra vez, una vez más, en su desorden de cuajo y flema y volvió al catre cansado del trote. Osorio quiso ser bailarín de una corte, bufón en un tanatorio y músico de campanario pero ninguna de las profesiones le engrasaron con suficiencia su ansiedad. Osorio quiso tener un barco en su bañera, un tren en su mesa y un cortijo en su alcoba pero ninguna de tales pertenencias saciaban su causalidad de existir. Su mundo era demasiado grande para tan pequeños útiles.
El ser y el tener se difuminaban por su notable pensamiento neoliberal, semillero de sus duelos de niñez con el mismísimo futuro, y conspiraban un sinfín de neutrones despistados en su preclara mente hasta conseguirle la falacia de sobrevivir de su cuento.
Desde hace una eternidad se sabe de Osorio lo mínimo. Pudo haber escrito sobre la inadecuación de posesiones materiales o de la felicidad que otorga el asentamiento filosófico en el “ser”, o pudo escribir del desarrollo del ser humano a través de los apoyos constantes en la colectividad e incluso pudo haber escrito un tratado de cómo vivir sin desacomodarse, -sin dar golpe-, pero prefirió la inacción. Su alergia al trasiego de un campo magnético a otro, -léase de la cama a la mesa-, le insulta en exceso su dignidad como hombre y permanece en el sillón de la espera soñando un mundo mejor para sus características, hecho por otros.
Ramón Llanes

viernes, 17 de julio de 2026

ELLOS, NOSOTROS

 ELLOS, NOSOTROS.

No hemos alcanzado la sabiduría porque estuvimos manchados siempre de locura y adictos a lo insólito, porque pusimos flores en las miras de los fusiles y nos coloreamos la cara cuando se anunciaron las batallas. Navegábamos al revés, romanticismo arriba, rebeldía abajo, con el canto en la voz, sembrando sonrisas en las almohadas y dando manos de cal blanca a los muros quejumbrosos de la inseguridad y los desatinos del sistema. Hemos olvidado el interés medio de una pérdida, desconocemos el valor de la moneda y no hemos desistido de navegar en la entrega sin contraprestación a cambio.
Ellos hablan otro idioma, nos marcan las pautas, exigen el rédito del favor, no entienden de condonar deudas, llevan un cuaderno de morosos y condenan a los incumplidores de los retrasos, saben mucho de números y muy poco de letras, nunca han escrito una carta de amor ni han cantado al aire unos versos de Lorca.
Ramón Llanes.