RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

martes, 17 de febrero de 2026

ME GUSTA EL AMOR

 ME GUSTA EL AMOR

El amor me gusta con horizontes
de nalgas que muevan a las caderas,
un ombligo trenzado a la ligera
en las sombras del sur o el sol del norte.
Me gustan del amor falsas quimeras
que me engañen, que me reconforten,
que me lluevan de olvido y no me importe,
que me dejen desnudo en una espera,
que del mundo por loco me deporten,
que por apasionado no tuvieran
lugar para el castigo de este hombre
que vivió de amor y de amor muriera
en un abrazo o en un beso, donde
llorara para mí la primavera.
Ramón Llanes. 14.02.2026

CAUSAS DEL OLVIDO

 CAUSAS DEL OLVIDO

Por qué
se entristece este tiempo
de ventanas cerradas
y ni una luz se cuela
por la rendija del proyecto;
por qué
las rosas ni son rosas ni huelen
a dos días después,
por qué
el adiós a las memorias
para bien de los olvidos.
Y la injusticia, por qué;
y los abusos, por qué;
y esta constante dolencia de tripas
de tanto desencanto, por qué.
Maldito olvido
que nos enfila a oscuras conciencias
Todo esto no era preciso para vivir.

lunes, 16 de febrero de 2026

EXPRESAMENTE HUELVA

 EXPRESAMENTE HUELVA.

Arribar desde la quilla, esculpir con olas el calidoscopio azul del ser,
el sonido tenue de la barca; verde es el tiempo que distingue la vid,
los pasos gregarios de mineros en la estirpe de su verdad,
la luz azotando paisajes, el color alto y noble de la Sierra
sin adormecer la elegancia, la inaudita riqueza del baile
de folía que el Andévalo custodia, la sombra de los pagos
que reinan lindes sin frontera con la amada tierra vecina
que tanto dulzor aporta en convivencia, la nostalgia de seguir
descubriendo mundos cada día con la aventura en la emoción,
el verso que presagia la identidad, Juan Ramón en todo el espacio,
la majestuosidad de la mar pendiente de nosotros;
la “sonanta” en plena lírica, el estero que sabe pensar en Doñana,
los pueblos amados, tan plácidos, con las insignias del fandango,
el sentimiento con el sutil apego a la dignidad,
la voz del pregonero en tardes de adoración a credos primigenios;
qué niño no sabe de minas, de orillas, de atardeceres,
quién no se mancha de mar y largo estío;
aquí se amplía el azulario del horizonte y huele a vida;
que sea conservada esta memoria.
Nadie olvide que recitamos expresamente a Huelva.

EL CARNÉ

 EL CARNÉ.

Que alguien escriba por mí esta página vertebrada, que alguien exprese por mí el contenido de su propio pensamiento. Si acaso no fuera pensamiento, que alguien presente el carné de oyente y divague sobre la teoría de la queja, ahora que vale quejarse por todo y ahora que todos tenemos carné en muchos colores. Alguien, tú mismo, o el vecino del cuarto que siempre pone muy alta la música o el vendedor de cupones que te pregunta a diario si le compras o que se queje quien haya perdido su carné de maltratador y nosotros le daremos jarabe de palo y otras cosas o que se queje el agua que no vino. Es un derecho la queja y también un compromiso.
Se quejó un hombre con carné de patrón de barco que no debió sufrir su accidente en una calle mientras la cruzaba, que su puesto para sobresaltos y sustos estaba en la mar. A los que llevan carné de coche y de macarra también se les permite quejarse del por qué los demás nos quejamos tanto de ellos.
Y cierren por mí este cuadernillo de contrastes, algunas noches sin luz, algunas mujeres que gritan sin éxito porque se les hace daño, algunos peatones que encuentran aceras muy estrechas, algunos niños que no tiene escuela; cualquiera puede cerrar esta página por mí.
Ramón Llanes.

AL OTRO LADO DEL AIRE

 AL OTRO LADO DEL AIRE.

descolgaremos la memoria
para que cada susurro sea un huracán,
cada beso mil propósitos,
la luz un medio de alcanzarte,
y en vida,
con los ojos prestados de inocencia,
ocupemos la paz, toda la paz,
la eternidad deseada de la paz
y nadie será cómplice de cansancios.
Allá, contigo en los solsticios,
el aire pondrá remedio a los atardeceres
en que nunca nos tuvimos,
a las escarchas que nos dejaba la noche,
al castigo de redimir siempre culpas de otros,
el aire rocía
un sahumerio de libros
que te llegará certificado
a cualquier lugar donde te escondan,
el cartero te dará noticias de mi,
apenas esté lejana la palabra que me alivie.
Al otro lado del aire
las miradas no tienen distancia,
el pensamiento es único, para dos,
el fuego y la pasión van a lo mismo,
la voz, una melodía sin descansos.
Así seremos, al otro lado del aire,
a donde siempre quiero que vengas.

INDICADORES DE RESPETO

 INDICADORES DE RESPETO

Yo sé de estas cosas lo justo. Incapaz de escribir un tratado y ni acaso un artículo de opinión que refleje la parte de intención que me empuja a este desliz de expresión sin intento alguno de convencer. Pero ando, y el andar levanta polvo, y el polvo provoca hilaridad o sofoco y después de andar, de observar al polvo en sus muchas dimensiones y de comprobar que la hilaridad y el sofoco no conjugan con sosiego -o algo parecido-, después de todo eso y lo que se olvida, se me meten como huellas las grescas intencionadas que hacen quebrar las aristas del societario privilegiado que vivo y entiendo que, a todos, nos distingue.
Las manías por la descalificación de los seres que más miramos a través de los medios se ha convertido en honorable manera de mostrar disconformidad con sus formas y la asamblea de los curtidores de faltas de respeto ha minado el escenario. Se ha creado un tratado de chistología burlesca que se utiliza con descaro ante cualquiera que tenga cuota de pantalla superior a la normal. Los políticos y la corona, los presidentes de los bancos tales y los concejales de cualquier causa, congregan la casi totalidad de los verbos insidiosos y la maledicencia que se descarga en ellos como premio a sus desvergüenzas, quizá, presumo. La institución de la libertad de expresión domina a la otra no menos constitucional y natural institución del respeto. Es permisible insultar al político, es adecuado burlarse del rey, porque ni uno ni otro nos merece el mínimo respeto que somos capaces de conceder a otros gremios, sectores o colectivos. Nadie, nadie se atreve a condenar actitudes de una determinada persona ajena a lo público; en la cultura cotidiana no son frecuentes los abusos ni las faltas de respeto entre cada uno de los habitantes, ni son bien vistas las chanzas entre individuos o entre grupos, digamos cofradías, asociaciones, colectivos de ciclistas, de actores, gremios de fontaneros, etc. La metedura para con los políticos o la corona son simpáticas y causan risas de tabernas.
Como no sé mucho de esto ni siquiera se me ocurre la solución pero abogaría por el respeto a todos, quienes sean -políticos o reyes, ricos o vanidosos, capitalistas o alcaldes- a todos; ya sean de la forma de gobierno contraria, del emblema contrario o de la bandera de otros colores; abogaría más por la buena compostura que por la descalificación aunque los destinatarios no se lo merezcan. Podría ser también un matiz para seguir creando escenario social mejor, intuyo.

sábado, 14 de febrero de 2026