RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

martes, 14 de abril de 2026

CALLE DEL OLVIDO

 CALLE DEL OLVIDO

Hoy, las autoridades por fin,
han puesto nombre a la calle rota
donde solo viven los obreros,
donde juegan el pozo con la sed,
el perro con la gata, los gritos con el silencio.
Le han puesto calle del olvido
y aplaudieron al pisarla el alcalde
por vez primera.
Luego invitaron a refresco y hambre,
se marcharon en largos coches negros
con bocinas huecas
y hablaron de otra cosa, las autoridades,
de otra cosa distinta de los obreros
y de la calle rota
y de las promesas de siempre.
Nadie miró,
los obreros siguieron llorando
con el olvido.
Ramón Llanes.

UN SOPLO DE MI VIDA

 UN SOPLO DE MI VIDA

Yo llevo en un soplo de mi vida
tu vida a cuestas,
a centímetros de golpes
calmo mi pensar
para ser caricia;
quiero saber, por mí,
la longitud concreta
de unos besos
y busco una mano cálida
para sanar mi frío.
El sol que necesito
me abrigará
cuando acaso
me recuerdes una mañana.
Ramón Llanes. Del poemario UN SOPLO DE MI VIDA (1982)

TENEBRIDAD

 TENEBRIDAD

El ruido de la calle, bien de mañana, tiene su sonoridad arcaica y antigua que parece simular un reflejo de algo o una memoria nueva; en el caminar lento y detrás de mis pasos oí que alguien que conversaba con un niño pronunció la palabra “tenebridad” a cuenta de no sé qué y me giré para felicitarle por haberme recordado ese bello vocablo. Luego seguí andando y pensé en las veces que me sentí en un estado tenebroso en el transcurso de la vida y fueron muchos aunque no tantos o fueron tantos que parecieron muchos, ni siquiera intenté rememorarlos porque antes de cualquier otro renglón de pensamiento se me volvieron a caer los ecos de una única tenebridad, la peor de todas, aquella que nos llevó a cambiar los sistemas del corazón y convertir en nostalgia las vivencias más puras y alegres, esa que me supo indicar que este 14 de abril de unos años atrás dejó mi madre su existencia en nuestro más cruel legado. Y entonces me causó menos dolor comprobar que ni tenebridad está admitida en nuestro diccionario ni mi madre dejó de ocupar el lugar privilegiado que tiene en mi alma.
Ramón Llanes. 14.abril 2026.



lunes, 13 de abril de 2026

HA NACIDO LA VIDA

 HA NACIDO LA VIDA.

Se abre el telón,
la luz cenital del mundo ilumina el alma
mientras lagrimea la última voz
que sufre en la butaca dorada de la fila décima del teatro.
Se oye un grito profundo hiriendo la silenciosa
armonía de los ojos, canta un hombre, tosen los goznes,
la escena se languidece por las rendijas
de una noche terca en templanzas.
Ha nacido la vida,
todas las madres besan la frente primera
de los niños de la tierra,
los hombres traen más luz a la estancia
y se refleja la alegría en cada gozo,
suenan barítonos que llenan de guitarras
la solaz gratitud.
Ha nacido la vida,
se han hecho cómplices todas las vidas
para devolverle a la muerte
su sitio eterno, sin manos, sin estigmas,
sin memoria.
Ha nacido la vida.
Se cierra el telón.
Ramón Llanes.

DE CÓMO GESTIONAR LOS BESOS

 DE CÓMO GESTIONAR LOS BESOS

(En el Día Internacional del Beso)
Puestos a pensar, desde la comisura izquierda del labio de abajo, las sales que provocan los placeres sensuales del beso están formadas de una infinitud de moléculas ricas en azúcares que se reproducen con el contacto entre labios y otorgan una delicada fragancia de bienestar, especies extrañas que circundan la piel hasta imprimirla de todos los sabores exquisitos que caben en la exageración pura de un encuentro llamado beso.
La gestión de semejante fórmula de placer se lleva a cabo solo con las personas que están configuradas en el más cercano ámbito de intimidad. Las sociedades -avanzadas o no- censuran los contactos tan plácidos y atractivos entre labios de bocas no ajustadas a unos cánones morales o costumbristas por entenderse como formas de posibles transmisiones de enfermedades latentes que se propagan con las glándulas salivarias con probable provocación de infecciones. El beso no ha sido sinónimo de constante transmisión vírica ni figura como acción que la medicina expresamente rechace en evitación de tales trastornos.
Las reglas del beso son consuetudinarias, exentas de tratados y disciplinas; el beso es un signo inequívoco de afecto, de entrega, de amor -en el mayor de los casos- y está desajustado de las normas para su necesidad. Mas qué dulzor y complicidad produce, qué deleite para quienes se enfrascan en prácticas intensas de su uso. Y el beneficio colateral que deja, en su espiritual órbita, no admite comparaciones con otras opciones de estrechamiento de sentimientos entre personas. El beso es el prototipo del amor, el signo de la pasión.
Instaurar el impulso de los muchos condimentos positivos que contiene el beso, qué mal endémico o trasnochado ha de traer a esta criatura moderna llamada sociedad actual, qué desorden, qué miseria. Como tener un pasaporte para visitar los mundos, gestionar la utilización del beso en términos menos intimistas, será señal de evolución y avance en la difícil tarea de vivir.
Ramón Llanes.

domingo, 12 de abril de 2026

Y VOLVER

 
Y VOLVER
 
Y volver a los sitios tan amados
para compartir de nuevo la vida, 
 preguntar por las personas queridas
y recordar “San Benitos” pasados,
 
recuperar la sonrisa, el abrazo
y llorar por amistades perdidas
y despertar la guitarra dormida
de la vivencia que evoca el fandango.
 
Rememorar folías y pregones,
Mayordomías, danza, lucimiento,
jamugueras, ermita, devociones.
 
Y estar y quedarse en el pensamiento
como se quedan tantas emociones
entre los más cerreños sentimientos.
 
 
Ramón Llanes. 2026.

 

 


HACIENDO CÁBALAS

 

HACIENDO CÁBALAS

 

 

Se entretiene mi pensamiento con cierta frecuencia en hacer cábalas de futuro, en ello se me despista y me enreda o desenreda a su placer debido a la amistad que tiene con la memoria para promocionar algo u olvidarlo todo; es fugaz y extenso, nada por las aguas silenciosas del adentro y conversa con la inexistencia. Ayer se me quedó a media tinta la pluma de la mente y quise saludar en los Montes a alguien pero había olvidado su nombre; nos dimos un abrazo, nos deseamos lo mejor de la convivencia y me vine con el dolor por el extraño olvido. Ya me pasó en verano también cuando al visitar la Exposición de Isabel Romero en El Cerro, no supe pronunciar el nombre de aquella tan amable señora que me recordaba de años atrás. Tardé poco en notar mi pequeño rechazo al tiempo que han ido mermando las neuronas hasta hacerlas casi inútiles. Luego saludé con nombre y apellidos a la mayoría de los presentes, José María me enseñó el Museo Etnográfico, Domingo me ofreció su humor, Alonso y Leo me hablaron de la vida y entonces comprendí que lo anterior pudo haber sido una especie de pérdida temporal de memoria porque antes de volver a casa recordé los nombres de los olvidados y se me hizo la cara una sonrisa.

No me puedo permitir olvidar las cosas importantes ni los lugares donde amé la vida, no me perdonaría olvidarme de folía, fandango, jamuguera, prioste, mayordomía, muñidor, danza, cabestrero, medianas, ermita, San Benito; ni perderme en dudas con respecto a los apellidos de las gentes cerreñas, amigos de buen trato y mejor recuerdo, a este Gento, al amigo Serrano, a Rubio, a Márquez, a Domínguez, a Brito, a Mojeda, o a la estirpe montesina de Valladares, de Benita, de Joaquina, de Alonso, de Sebastián, de Isabelo, de Juan Lorenzo y a la inmensa lista de personas que en momentos de mi vida me hicieron más felices los ratos compartidos.

Y en estas cábalas vivían mis pensamientos cuando percibí la honrosa sensación de recuperar más allá el resorte de la memoria y volver al tiempo de aquel primer Pregón y quedarme allí un instante sambenitero con los de entonces, con quienes fabriqué la pasión eterna por el mundo cerreño y con quienes me enseñaron a guardarlo en otro hueco de la memoria donde nada se olvida. Y allí están ellos, intactos, presentes, ilustres y honorables, como si solo hubieran pasado una risa o un siglo.

 

 

 

Ramón Llanes. Diciembre 2025.

Para la Revista de San Benito. El Cerro de Andévalo.