RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

miércoles, 12 de agosto de 2026

DESDE LEJOS

 DESDE LEJOS

Visto desde lejos el asunto del eclipse se me viene una reflexión que bien pudiera ser una válida para próximos envites o solo para pensarla un rato y echarla luego a la basura. Considero que después de llevar un final de liga fulgurante con una racha perfecta de partidos ganados y perder tres de los cuatro partidos de eliminatorias marcando un solo gol debe ser por algo concreto no previsto o por algo sobrevenido que no le hizo bien al equipo. Y refiero que la algarabía eufórica –dicho sea con todos mis respetos y sin ánimo de molestar ni siquiera al asiento más humilde del estadio- no fue emocionalmente bien gestionada, considero que produjo en los jugadores el efecto contrario, algo así como miedo escénico, excesiva responsabilidad ante la historia actual o cualquier otro galimatías psicológico que quebró el buen hacer en el juego sintiéndose como amilanados, faltos de agilidad e ineficaces técnicamente a la hora de competir. No se me haga mucho caso pero creo que algo de ello pasó, de otra forma no me lo explico.
Siempre es así, se intenta hablar de algo único en la vida como la aparición de un eclipse y se te amontonan las letras de tal manera que se acaba hablando de fútbol. No me leas.
Ramón Llanes

CONCURSO DE FELICES

 

CONCURSO DE FELICES

            Para ver si tiene consistencia pública y aceptación organizar un evento que se salga de la idea arcaica de los de belleza o habilidades -pensaría el Presidente- hagamos un concurso de personas felices, que obtenga premio quien acredite un mayor grado de felicidad en el transcurso de su vida; dicen unos que no se puede medir el nivel espiritual de un individuo, otros advierten del complicado arte de evaluar sensaciones, emociones, momentos, sueños, etc, algunos auguran un estrepitoso fracaso al asunto y por doquier aparecen quienes aplauden el evento por su originalidad y sobre todo por entrar en juego la consideración hacia aspectos intrínsecos del ser humano nunca hasta ahora tenidos en cuenta para este tipo de liberalidades.

            Se programa pues un concurso de felices sin bases ni requisitos previos a excepción de la mayoría de edad. Se escoge el tiempo de verano donde quizá se propicie más el buen estado de ánimo, lugar de playa, jóvenes y mayores de toda raza, soñadores, desempleados, mecánicos, modistas, extranjeros, poetas, ateos, prostitutas, efebos, tristes… todo ser humano que a tal característica responda. Las organizaciones gubernamentales prestan atención a su desarrollo, se apuntan los departamentos de Medicina, Sociología y Psicología de la Universidad para sacar conclusiones sobre el porcentaje real del estado de bienestar de los ciudadanos y sus causas, la prensa se acredita en el certamen, las asociaciones de libreros, de antiguos alumnos, de futuros médicos, los colegios profesionales, los amantes de la naturaleza, las amas de casa, las hermanas de la humildad,  y un etcétera largo aprueban la celebración del acto que sobrepasa las fronteras  haciéndose eco las redes sociales que llevan la noticia a todo el mundo. Se corre la voz como si fuera un contagio y la repercusión de participantes aumenta considerablemente por minutos, cinco días antes de acabar el plazo de suscripción se reciben miles y miles de  solicitudes. ¿Ha de entenderse con ello que existe un número tan elevado de personas felices en el mundo?; teniendo en cuenta que el premio a los ganadores y finalistas es solo un libro no parece que el interés se centre en lograrlo, deben existir razones extrañas o curiosas que provoquen esa seducción por el concurso, o quizá que cada cual tenga inusitado deseo de expresar su encanto por el sistema del planeta donde habita.

            Esto se desborda, la realidad ha superado todas las previsiones y el Presidente no sabe cómo proporcionar medios para llevar a buen término el concurso como hospedaje, infraestructura de estancia, salón teatro, servicio de seguridad y toda cuanta atención precisa un acontecimiento de esta envergadura. Es una ciudad pequeña, acondicionada para los problemas cotidianos y donde es factible aumentar la población en forma proporcional al número de habitantes pero una avalancha de esta grandeza ocasionará más problemas que beneficios. No sabe qué hacer y acude a otras autoridades para implicarlas en la ayuda con tal de acondicionar aparcamientos, centros médicos, hoteles, restaurantes, es un complemento a la ciudad con una dimensión urbanística superior a la existente en la propia ciudad y la entrada a ella supondrá un caos circulatorio. Se acuerda habilitar un parque en las afueras, allí se monta un inmenso escenario, se dota de servicios propios de cafetería y bares, el lugar elegido es de suficiente entidad de espacio como para soportar un nutrido público.

            En el día señalado comienzan a llegar gentes de todas las latitudes, vienen alegres, desenfadados, provistos de sonrisas en abundancia, acuden a los mostradores de inscripción y se animan a seguir dando muestras de felicidad; la ciudad se hace inhabitable, parece que todo escasea o todo se acaba, que hasta el alumbrado se hace inútil  o parece que se apaga, los aspirantes a ganar el concurso de felices que han recorrido travesías infinitas no se alteran por las incomodidades que presentan los lugares donde se les reciben, no se inmutan ni se molestan por el desorden, han venido hasta aquí porque son felices y no entienden que las circunstancias impeditivas les consigan romper el nivel de agrado, amabilidad, cortesía y complicidad. El lugar de la estancia es un entorno de alto valor ecológico rodeado de un gigantesco pinar y con una gran playa de fina arena, es verano y el atardecer del primer día deja sus notas rojas en el mar y aquella incontable cantidad de personas se divierte en un tono de calma armónica inusual, todos cantan o sueñan, son de sonrisas las leyendas que aparecen en sus caras, emociones expresadas en libertad.

            Se observa una diversión simétrica en un conflicto provocado por un exceso de cantidad, ese es el único rasgo aparentemente discordante en un murmullo general que simula una música de fondo sincronizada con el paisaje. Quienes vinieron a observar se han manchado de vida y han cambiado sus aspectos de tránsito por ictus de actitudes gratas  y así se conspira contra la otra parte de la humanidad que estará en tales momentos con sustos, enfermedades y anomalías en la existencia. El personal es puro género humano, no entresacado de un libro especial o de una tribu incivilizada, seres humanos de esta única naturaleza que expresan su felicidad conviviendo, quizá en forma ácrata, sin reglas específicas ni mandatos pero dominados por el sincronismo de la templanza y la meta de la felicidad.

            Fue imposible determinar una fórmula para que cada cual de los aspirantes presentara sus credenciales de felices en el concurso, imposible también elegir ganadores, todos se habían impregnado del ritmo de la felicidad, la organización decidió aplaudir y conceder el Primer Premio del Primer Concurso de Felices a todas y cada una de las personas que abarrotaban el recinto ante un griterío unánime de consenso y la fiesta siguió con música y ambiente de una recién creada amistad. Quién sabe si amores surgieran que hayan albergado estados permanentes o temporales de felicidad, quién sabe si un negocio, un proyecto, una idea, quién sabe si la vida, acaso mejor proporción de asuntos deseables para la vida o un más acertado destino para salud, principios, sentimientos.

            Ya hace años de aquella prosaica experiencia, la ciudad obtuvo un repunte importante en su economía, todos los medios alabaron la organización y se estudiaron sus resultados en las universidades, se premió por algunas organizaciones no gubernamentales tan ansioso y perfecto proyecto pero nadie reparó en la consecuencia sociológica que sufrió la ciudad que al cabo del tiempo aún permanece contagiada del entusiasmo febril de aquella experiencia y se hace casi imposible encontrar en ella ciudadanos infelices.

 

Ramón Llanes. (Del libro TE CUENTO)

           

EN LA CASA DEL MAR

 EN LA CASA DEL MAR.

He visto letras torcidas,
he olido el metal,
conservo intacto el sentido de la luz,
no se me han borrado todos los recuerdos,
me apetece salir
de esta leyenda aún con prisa,
volver al techo con nubarrones
a escuchar las calandrias
para saber de astros y carrizales,
tener a mano la tarde
y custodiar con entusiasmo las piedras,
comerle a los silencios las entrañas,
olvidar la limitación de los espacios
y correr descalzo por las olas
en los estíos,
me apetece trazar de nuevo
la línea del aprisco,
fondear la barca, mirarte delicadamente
los ojos y entender la locura
cada vez que me hagas con caricias
el despertar.
A volver con olvido
me apetece.
Ramón Llanes.

martes, 11 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO FUEGO

 EL ÚLTIMO FUEGO

A estas alturas un fuego habrá tragado lo suyo y otro espera la siesta para despertarse y traer una venganza inútil, desprovista de bondad, mientras las flores tiemblan y los animales vigilan atentos a la desesperación una vez y otra, durmiendo asomados a la muerte, siempre. ¿ Serán los ciclos?, ¿ o serán los hombres que empujan a los ciclos?. ¡Tanto tiempo festejando la llegada estival, para esto!.
Los fuegos que devastan los nidales tienden ropa de sudor y frío. Nunca va solo el fuego de lugar a lugar a maldecir la dehesa como depredador de trinos, lo llevan en las manos seres de los planetas del odio que son atilas de devoción y disfrutan en el escondite del anonimato o del descuido.
A este verano no le quedarán ya más fuegos en el armario de los sustos, habrá agotado sus propias previsiones y tal vez ni sepa hasta dónde estamos los humanos de su vileza y de sus humos arrogantes. ¡Firma, fuego, tu última página y desaparece!.
A ellos, que nunca leerán este epitafio.
Ramón Llanes.



SOMOS LA VIDA

 SOMOS LA VIDA.

Nos vimos recitando poemas
y llorando a versos,
aplaudiendo a nuestro lado la tarde
con risas de consuelo y llantos de alegría,
nos vimos bajando del atril
desesperadamente comprometidos
con la paz y sus asuntos,
nos vimos envueltos en festines
de líricas, en cancioneros ardientes
con voces de costumbre,
nos vemos en las portadas del día,
en las palabras y en los sentimientos de las noches
seguimos inmersos en querernos
porque somos la vida.
Ramón Llanes.

lunes, 10 de agosto de 2026

FANDANGO. DIME SI RIEGO LAS FLORES


 

VOLVERÁ SETIEMBRE?

 VOLVERÁ SETIEMBRE?

¿Volverán los días
con hojas de colores teñidas de miedo?,
¿volverán los sustos
con ojos de pandemia y caras de muertos?,
¿volverán los sapos
a cantar en las noches un requiem eterno?,
¿volverán las rosas
a llenar de perfume el aire del huerto?,
¿volverán los hombres
a medir la tristeza y romper silencios?,
¿volverá el olvido
a quitar la distancia de aquellos recuerdos?,
¿volverá setiembre
a enterrar los pasados y empezar de nuevo?,
¿volverá mi madre
a besarme la frente aunque esté despierto?.
Rllanes.