RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

miércoles, 27 de mayo de 2026

MADRES

 MADRES


Las madres oyeron la tormenta del martes por la noche. Aún quedaban cosas por hacer. Las madres siempre llegan antes que la tormenta, antes que viento, antes que se queme la camisa, antes de desesperar, las madres no tienen dote de cansancio ni calma de aburrimiento; son la premura, son como las avispillas que danzan y la vida la hacen ellas, ordenan los astros, mandan en el tiempo. Las madres acusan todos los dolores de todos los hijos y los amielan, endulzan el amargor y se guardan el padecer como lo hacen las estrellas.
De los días que tienen veinticuatro horas contadas, los minutos se convierten en largas escenas de menesteres, que de aquí sacan la tercera parte, de allá le ganan sitio al reloj, el algo que basta, el suspiro que alivia, la mirada que sana, la caricia que se hace bálsamo, el beso que prende ternura. Las madres son de madera más noble y más ruda a la vez.
Al momento de llegar, la suerte entra en casa; empedernidos prestatarios de los sueños, todos son de ellas, nosotros interpretamos, dormimos, pero ellas los prescriben, los inventan, los llevan a la realidad. En el sigilo de la melancolía, con nota de suspenso en el examen de latín, alguien lloró su lágrima a la almohada hasta que una madre le mezcló las suyas y juntos aprobaron la asignatura de amarse. No alcanza la categoría de manifiesto, solo es una reflexión.



YA LLEGARON LAS CARRETAS


 YA LLEGARON LAS CARRETAS.

Cuando la tarde gemía en su penúltimo suspiro asomaban las carretas por la puerta de Huelva, rindiéndose los onubenses en acordes de bienvenida, sonando los himnos de cariño y agradeciendo a los peregrinos la estética que dedicaban a la vida de esta ciudad nuestra. Así, con tiempo calmo y vencejos piando en el aire llegaron las Hermandades a su lugar de estancia después de recorrer medio mundo del pinar con el sofoco de la senda.
Ya llegaron las carretas a su casa, a esperar que pase un ciclo nuevo y vuelva a ser razón para engalanarse y buscar los campos para llegar al templo soñado. Llegaron las mujeres que habitaron las carretas y los hombres que pusieron el fragor del empeño, llegaron cohetes que asustaban a los perros y partían el aire. Parece que llegó a Huelva esa parte de vida ausente durante unos días y la ciudad se puso con otros colores, a modo de fiesta, porque vinieron los nuestros a estar con nosotros y nos trajeron más belleza.
Ramón Llanes

CÓMPLICES

 CÓMPLICES.

Buscadores de cómplices, es la moda que prima un entorno a veces infiel, a veces drástico, a veces irreal, a veces violento y otras veces político. Se pirra cualquiera por un cómplice ¡lo que son las cosas¡, porque de este paso a la solidaridad va un trecho pequeño y menos de aquel a la amistad; todo puede ser. Hasta en venta se ponen los cómplices, a la orden del día.
Del cómplice al delator, del cómplice al traidor; surgen no solo las discrepancias también las confrontaciones y hasta las guerras. Las consignas que reciben las personas implicadas en la dicha o la desdicha, que de todo se da. Cumplir supone una heroicidad y defraudar siempre se acerca a la traición pero ninguna de las dos consecuencias deben ser pacto de violencias, porque guardamos y retenemos y otras veces olvidamos. Y el olvido también es un error en el contexto de la complicidad.
En este corresponsal de tareas por todo el mundo la complicidad se desdice a diario, se maltrata a diario y los hombres se ajustan cada vez a moldes en los cuales la complicidad se queda en desuso para la envergadura. Para las cosillas pequeñas ser cómplices suena a poco. Prima mucho el morbo y todo se piensa en clave de estrategia como si siempre debiéramos estar preparados para conseguir algo o para ganar y utilizamos a los cómplices y los metemos en nuestros embrollos pero la mayoría de las veces no les hacemos partícipes de lo que nos sirvieron cuando habíamos llegado a la meta pretendida, recriminándoles la falta de apoyo si se fracasa.
Se nos ocurre que precisamos cómplices cuando tenemos clara necesidad de compartir algo que nos sucedió fuera de la normalidad y echamos manos de la amistad luego somos dos y después más hasta que el secreto sea comidilla y empiece a crear desconfianza. No era eso la complicidad.
Ramón Llanes

martes, 26 de mayo de 2026

HABLANDO SOLO

 HABLANDO SOLO

 

 

             Se ha estirado tanto el “informatismo” que casi hasta para hablar solo es obligado indicar la contraseña, índice inequívoco de la esclavitud a la tecnología obligada y consecuencia de una  dependencia atroz a este tipo de apetecibles formas de comunicarnos. Pretendía meterme en el cajón de los ritos para saber cómo ponerle acierto en recibir amigos en casa, ofrecerles lo mejor del hogar, del calor, del trato y que se sintieran de la mejor manera posible, que tuvieran la libertad para bostezar a gusto, probar la lírica de nuestra convivencia y ponerle un encanto fresco y distinto a las creencias nuestras, eso pretendía.

            El sol de la calle me hizo un hueco que mi sombra acarició un instante y la cabeza siguió moviendo fichas de la mesa: los cubiertos en su lado, las servilletas  nuevas, un vino escogido, el paisaje desde el balcón; dándole vueltas y hablando conmigo de la incidencia de estos amigos en la armonía nuestra, de cómo hemos mantenido una amistad durante muchos años sin apenas proporcionarles un desatino, de cómo hemos quemado juntos etapas preciosas y nos hemos transmitido el afecto en cada ocasión. Hablaba durante la soledad de la tarde, de frente a la suculencia de un año recién estrenado, con las manos en los bolsillos y el corazón atento a atender para que nada pudiera olvidarse en esta prodigiosa liturgia de recibir en casa a buenos amigos.

            Ni apenas los ruidos se metían a distraer el pensamiento que hurgaba apasionado en los pormenores del encuentro y desembalaba conversaciones como un niño busca detrás del papel su regalo de reyes. Tanto énfasis pusiera el subconsciente que la longitud entre el deseo y la realidad se perdió paso a paso en la avenida de las flores y ocultó en la mente la causa preparada hasta morderla con un gancho de olvido y perder la orientación y el destino en un opaco despiste de la grieta del intelecto solo sostenida por el sentimiento del agrado. Entonces hablaba de otras cosas triviales en nula relación con el contexto esencial de la pretensión primera. Habían pasado los árboles que señalizaban la entrada a la vida pensada y con la extrañeza del paisaje comprendí la pérdida de órbita aunque no el porqué de la misma. Volviendo atrás recuperé la misión de la llegada de los amigos con toda naturalidad y me sentí bien.

 

 

 

            Ramón Llanes

CITA CON EL SOL

 CITA CON EL SOL

Se me viene la imagen golosa del sol cuando hace su entrada en la escena de nuestro pequeño universo, impregna tierra y sombras de un contorno distinto y a su hora desaparece por la llanura del mar sin más conocimiento que el de su origen. Barre y peina la insólita cúpula, se entretiene en los bajos, acude a los ojos y a las dolencias, restablece el don de gozarlo como un privilegio que otorga la sabia naturaleza. A solas llega, a solas se va, sin el ruido, la locura o la inquietud. Y vuelve en el mañana con más seguridad; así es aquí; nos cita, le citamos, comparece, nos alivia, se va por su puerta grande.
Conté los días sin sol hasta hoy, en este año, solo fue UNO en nuestra tierra, en esta más cercana que andamos y permitimos que nos soporte. Solo un día sin sol parece poco pero también conté que aquel día le echamos de menos, tan de menos como que el aire parecía otro, más insulso, más húmedo, menos afable. Presumo de mi cita con el sol, presumo de este espacio lugar que la suerte me dio para vivir donde me deleitan sus rayos y otras veleidades.
Y presumo de saber que seguiré bajo su luz sin fecha de caducidad, sin preocuparme por encender o apagar, sin remedio. Es así aquí, siempre.
Ramón Llanes.
foto: Ana María Cáliz.

LO QUE PESA EL HAMBRE

 LO QUE PESA EL HAMBRE.

El hambre pesa, produce dolor, crea rabia e impotencia, hiere. Nos despertamos sabiendo que mucha gente la padece, nos dormimos con el mismo sentir. Hacemos lo mínimo: pensarlo. No estamos dispuestos a saber qué podemos aportar.
Hoy me ha llorado alguien por miedo a morir, ayer también alguien me pidió ayuda para comer. Siempre me persigue el hambre de los demás, como a ti, como a todos. Pero somos capaces de apagar la tele y dormir con la conciencia limpia. La conciencia no pesa ni duele.
No sé por qué te cuento todo esto si es posible que también tú tengas hoy hambre de algo, aunque sea de amor. Perdona, no pretendía ser insolente.
Ramón Llanes.

lunes, 25 de mayo de 2026

ÁRBOLES

 ÁRBOLES

Leía hace poco en una revista que se calcula pueden existir en España unos cinco mil millones de árboles. Es una cifra alta pero insuficiente para las necesidades del equilibrio en el ecosistema; es sin embargo halagüeño el dato, no somos de los países más escasos en arboleda, ello indica que la fiebre devastadora no ha podido devaluar de manera alarmante ese equilibrio que nos permite sobrevivir con garantías al menos algún tiempo. Al hilo de este comentario leí que la erosión también influye en la eliminación de los árboles y que sería imprescindible que cada español sembrara trescientos sesenta y cinco árboles al año para continuar con la perpetuación de la especie. Y leí más, leí que al ritmo actual de eliminación de árboles a consecuencia de talas incontroladas, fuegos, urbanizaciones etc, a menos de una década nos quedaríamos casi con la mitad de ellos.
Leí también, por seguir pulsando el ánimo de mi curiosidad, que la función de un árbol en el ecosistema es más importante que una alcantarilla, más que una planta de reciclaje de residuos, más que un camino, más que una estrella. Leí que de los árboles depende nuestra existencia y muy mucho nuestro bienestar en salud. Esto lo escribí hace 20 años y hoy leí que ahora tenemos 7000 millones de árboles que aun son insuficientes. De tanto leer sobre los árboles reflexioné que, visto el panorama, era preferible cerrar la revista y ponerme a sembrarlos.
Ramón Llanes