CONCURSO DE FELICES
Para
ver si tiene consistencia pública y aceptación organizar un evento que se salga
de la idea arcaica de los de belleza o habilidades -pensaría el Presidente-
hagamos un concurso de personas felices, que obtenga premio quien acredite un
mayor grado de felicidad en el transcurso de su vida; dicen unos que no se
puede medir el nivel espiritual de un individuo, otros advierten del complicado
arte de evaluar sensaciones, emociones, momentos, sueños, etc, algunos auguran
un estrepitoso fracaso al asunto y por doquier aparecen quienes aplauden el
evento por su originalidad y sobre todo por entrar en juego la consideración
hacia aspectos intrínsecos del ser humano nunca hasta ahora tenidos en cuenta
para este tipo de liberalidades.
Se
programa pues un concurso de felices sin bases ni requisitos previos a
excepción de la mayoría de edad. Se escoge el tiempo de verano donde quizá se
propicie más el buen estado de ánimo, lugar de playa, jóvenes y mayores de toda
raza, soñadores, desempleados, mecánicos, modistas, extranjeros, poetas, ateos,
prostitutas, efebos, tristes… todo ser humano que a tal característica
responda. Las organizaciones gubernamentales prestan atención a su desarrollo,
se apuntan los departamentos de Medicina, Sociología y Psicología de la Universidad
para sacar conclusiones sobre el porcentaje real del estado de bienestar de los
ciudadanos y sus causas, la prensa se acredita en el certamen, las asociaciones
de libreros, de antiguos alumnos, de futuros médicos, los colegios
profesionales, los amantes de la naturaleza, las amas de casa, las hermanas de
la humildad, y un etcétera largo
aprueban la celebración del acto que sobrepasa las fronteras haciéndose eco las redes sociales que llevan
la noticia a todo el mundo. Se corre la voz como si fuera un contagio y la
repercusión de participantes aumenta considerablemente por minutos, cinco días
antes de acabar el plazo de suscripción se reciben miles y miles de solicitudes. ¿Ha de entenderse con ello que
existe un número tan elevado de personas felices en el mundo?; teniendo en
cuenta que el premio a los ganadores y finalistas es solo un libro no parece
que el interés se centre en lograrlo, deben existir razones extrañas o curiosas
que provoquen esa seducción por el concurso, o quizá que cada cual tenga inusitado
deseo de expresar su encanto por el sistema del planeta donde habita.
Esto
se desborda, la realidad ha superado todas las previsiones y el Presidente no
sabe cómo proporcionar medios para llevar a buen término el concurso como
hospedaje, infraestructura de estancia, salón teatro, servicio de seguridad y
toda cuanta atención precisa un acontecimiento de esta envergadura. Es una
ciudad pequeña, acondicionada para los problemas cotidianos y donde es factible
aumentar la población en forma proporcional al número de habitantes pero una
avalancha de esta grandeza ocasionará más problemas que beneficios. No sabe qué
hacer y acude a otras autoridades para implicarlas en la ayuda con tal de
acondicionar aparcamientos, centros médicos, hoteles, restaurantes, es un
complemento a la ciudad con una dimensión urbanística superior a la existente
en la propia ciudad y la entrada a ella supondrá un caos circulatorio. Se
acuerda habilitar un parque en las afueras, allí se monta un inmenso escenario,
se dota de servicios propios de cafetería y bares, el lugar elegido es de
suficiente entidad de espacio como para soportar un nutrido público.
En
el día señalado comienzan a llegar gentes de todas las latitudes, vienen
alegres, desenfadados, provistos de sonrisas en abundancia, acuden a los
mostradores de inscripción y se animan a seguir dando muestras de felicidad; la
ciudad se hace inhabitable, parece que todo escasea o todo se acaba, que hasta
el alumbrado se hace inútil o parece que
se apaga, los aspirantes a ganar el concurso de felices que han recorrido
travesías infinitas no se alteran por las incomodidades que presentan los
lugares donde se les reciben, no se inmutan ni se molestan por el desorden, han
venido hasta aquí porque son felices y no entienden que las circunstancias
impeditivas les consigan romper el nivel de agrado, amabilidad, cortesía y
complicidad. El lugar de la estancia es un entorno de alto valor ecológico
rodeado de un gigantesco pinar y con una gran playa de fina arena, es verano y
el atardecer del primer día deja sus notas rojas en el mar y aquella incontable
cantidad de personas se divierte en un tono de calma armónica inusual, todos
cantan o sueñan, son de sonrisas las leyendas que aparecen en sus caras,
emociones expresadas en libertad.
Se
observa una diversión simétrica en un conflicto provocado por un exceso de
cantidad, ese es el único rasgo aparentemente discordante en un murmullo
general que simula una música de fondo sincronizada con el paisaje. Quienes
vinieron a observar se han manchado de vida y han cambiado sus aspectos de
tránsito por ictus de actitudes gratas y
así se conspira contra la otra parte de la humanidad que estará en tales
momentos con sustos, enfermedades y anomalías en la existencia. El personal es
puro género humano, no entresacado de un libro especial o de una tribu
incivilizada, seres humanos de esta única naturaleza que expresan su felicidad
conviviendo, quizá en forma ácrata, sin reglas específicas ni mandatos pero
dominados por el sincronismo de la templanza y la meta de la felicidad.
Fue
imposible determinar una fórmula para que cada cual de los aspirantes
presentara sus credenciales de felices en el concurso, imposible también elegir
ganadores, todos se habían impregnado del ritmo de la felicidad, la organización
decidió aplaudir y conceder el Primer Premio del Primer Concurso de Felices a
todas y cada una de las personas que abarrotaban el recinto ante un griterío
unánime de consenso y la fiesta siguió con música y ambiente de una recién
creada amistad. Quién sabe si amores surgieran que hayan albergado estados
permanentes o temporales de felicidad, quién sabe si un negocio, un proyecto,
una idea, quién sabe si la vida, acaso mejor proporción de asuntos deseables
para la vida o un más acertado destino para salud, principios, sentimientos.
Ya
hace años de aquella prosaica experiencia, la ciudad obtuvo un repunte
importante en su economía, todos los medios alabaron la organización y se
estudiaron sus resultados en las universidades, se premió por algunas
organizaciones no gubernamentales tan ansioso y perfecto proyecto pero nadie
reparó en la consecuencia sociológica que sufrió la ciudad que al cabo del
tiempo aún permanece contagiada del entusiasmo febril de aquella experiencia y
se hace casi imposible encontrar en ella ciudadanos infelices.
Ramón
Llanes.