ANDÉVALO PROFUNDO.
Capítulo 1º.
(Estudio continuado de EXPRESIONES EMOCIONALES)
Aspecto evolución.-
Interesa a la Antropología conocer cómo ha evolucionado esta sociedad llamada Andévalo a través de los resortes, complicaciones y bonanzas que la existencia ha venido a concederle o quitarle. Si con la riqueza patrimonial expuesta se ha conseguido surtir a los seres y a los enseres de unas más corpulentas actitudes de belleza, comodidad, expansión, conocimiento, cultura, felicidad, ect. Interesa exponer si la despoblación ha supuesto detrimento alguno para el desarrollo y para el desapego del individuo para con la sociedad matriz que le diera vida y moldes y le creara sus fundamentales esquemas de saber, de convivir y de amar. Y de igual manera si la colectividad tuvo las mismas oportunidades con más o con menos ciudadanos remando hacia la misma meta.
Es obvio que los individuos pueden desarrollarse con garantía en cualquier contexto porque tienen capacidad de adaptación en suficiencia y porque conocen las reglas naturales para continuar persiguiendo sueños en lugares distintos al suyo, sería entonces absurdo pensar y determinar que quienes se marcharon de la tierra donde nacieron nunca fueron felices y que solo la felicidad alcanzó a quienes se quedaron en la tierra madre y sería absurdo llegar a la conclusión contraria pensando que solo los emigrados tuvieron posibilidades de plena felicidad. Idéntica posición podemos plantear con respecto a si aquellos o estos –los que se fueron y los que se quedaron- tuvieron éxito en lo económico, en lo artístico, en lo emocional, en lo público, o en cualquiera de los consabidos ámbitos de la mundanal vida. Si acertaron los que se fueron o los que se quedaron. Y cómo hubiera sido cada pueblo sin nadie se hubiera marchado. Esta es la cuestión que ayudará a ponerle un punto y seguido a esta reflexión.
De los estudios consultados, de los datos obtenidos, de las múltiples consideraciones tenidas en cuenta y de los miles de ratos haciendo de observador del medio, nos permitimos aportar las siguientes conclusiones:
1.- Por regla general los movimientos migratorios desordenan tanto la individualidad como la colectividad.
2.- El ser humano, como la flora o la fauna, tiene especial querencia al lugar donde comienza su crianza.
3.- La convivencia ocasional o habitual en otras formas de vida afectan psicológicamente a la generación iniciadora y se difumina en las siguientes.
4.- El desapego de la raíz amada produce cierto desencanto en el individuo al considerarse incapaz de cumplir en su ámbito todos sus deseos.
5.- Está también definido de la importancia del contacto con otras sociedades para el fortalecimiento del saber y de la preparación académica de cada individuo que no es posible llevarla a cabo en las poblaciones pequeñas.
6.- Que la despoblación en El Andévalo ha producido más perjuicios que beneficios queda patente. Se nota el descuido en los campos, en el paisaje, en los edificios, en las personas, se nota.
7.- No existe planteamiento empírico ideal para la mejor y más adecuada configuración de los pueblos. Las experiencias son cada vez más diversas.
8.- Algunos de los que se fueron progresaron y otros no, muchos de los que se quedaron progresaron y otros muchos no.
9.- Se podrá pensar que quienes dejaron la tierra tuvieron más oportunidades de alcanzar mejores metas o más altos sueños, es posible, pero no es una regla científica, no está demostrado que así sea, existen posturas contradictorias.
En definitiva, está muy aceptado que la convivencia en el ámbito de crianza y pubertad otorga al individuo grados distintos de conformidad y felicidad, muy al uso en El Andévalo. Estas conformaciones influyen en un mejor desarrollo de las sociedades poblacionales en niveles de solidaridad, complicidad, cultura participativa y actividad colectiva. Las despoblaciones no son bien atendidas socialmente. Y pensemos con nuestros sabios andevaleños: “ que marcharse es el último paso, la casa está hecha para cinco y con dos se queda casi vacía y se deteriora, que el pueblo está hecho para muchos y con pocos se queda triste”.
Ramón Llanes.
Foto: Jamuguera. El Cerro.
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