RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

miércoles, 25 de febrero de 2026

ANDALUCÍA


 ANDALUCÍA.

Para los ejercientes de andaluces fuera de la comunidad y fuera del aire. Para los antiguos andaluces que escribieron en el aire todos los adjetivos a su tierra.
Para los graciosos andaluces que callan el dolor con una palabra de risa. Para los obreros andaluces que la hacen cada día.
Para los poetas andaluces que la elevan en los versos.
Para los bohemios andaluces que la viven y la pasean.
Para los amantes andaluces que la convierten en romántica.
Para los débiles andaluces que aún la padecen. Para los señoritos andaluces que se visten a partir de las diez y se la beben de un sorbo. Para los inquilinos andaluces que la aprecian.
Para los políticos andaluces que saben traerle dones.
Para los andaluces que la disfrutan haciendo el amor bajo sus estrellas.
Y para quienes se emocionan siempre con Andalucía y para quienes la aman aunque no sea 28 de febrero.
Y para ti que la oyes y le sonríes.
Rllanes.
Foto: A. Ávila

DESPUÉS DE LA ALEGRÍA


 DESPUÉS DE LA ALEGRÍA

Impresionante lugar para besos,
besos impresionantes para dar.
Después de la alegría, ¿qué habrá?,
¿a dónde se habrán ido tantos rezos?.
La mística razón solo por eso
se ha quedado en caminos por andar
y no ha perdido el sitio donde están
los recuerdos y donde está el regreso.
No es esperar en este tiempo calmo
ni para volver es el tiempo ahora,
solo para buscarte palmo a palmo,
mi ciudad amada y acogedora
a modo de soneto, como salmo,
para tí, mi tierra conmovedora.

martes, 24 de febrero de 2026

FANDANGO. CON RESPETO


 

MI TIERRA


 MI TIERRA

Mi tierra me dio lo que soy
y me prestó lo que tengo,
se me pegó útil
Mi tierra es la causa
del cuerpo, la custodia del alma,
que recita versos desde la cuna
Mi tierra permanece con los puños cerrados
y la furia en la mirada,
mi tierra no se ausenta de la verdad
ni desfallece. Mi tierra
planifica mi vida,
conduce mis ojos,
enardece mis sentidos
y me ama.

ABUELOS

 ABUELOS.

Hace poco en un arcén de una carretera cualquiera aparecía un viejo con cara de alegría esperando a una familia que nunca llegó. En un asilo de cercanía, honroso y noble hasta más no poder, dejaba su último suspiro el más anciano de la comunidad, cumplidos los ciento cuatro y leyendo sin gafas y utilizando la memoria como su mejor recurso, pero se tuvo que ir por imperio de la ley natural. Ayer supe que Rita se estremecía en las soledades de su casa y quiso desaparecer de soslayo, como había sido su designio. Dicen que se le fue la cabeza, -enfermedad muy en uso- a Lola la grande, señora de poco más de setenta que llevaba para adelante 8 hijos suyos, los nietos de rigor y los parásitos de siempre que buscaban el puchero y el cariño y que siempre los tenían con Lola la grande. Y resulta que también está en las últimas.
Y luego dicen que solo se van los buenos y que los malos se meriendan aquí todos los calendarios. Y se oye que la justicia no otorga valor a la humildad y al amor; y también se oye que la justicia no tiene que ver con todo esto. Pero los abuelos se rinden antes de tiempo en el primer hospital, en un asilo luminoso, en el geriátrico de moda, en el banco de enfrente de casa, en el casino o en ningún sitio; se rinden sencillamente porque las cosas no están para batallas o porque intuyen carencias.
Y me llega que a los ochenta se le ocurrió a Lozano comprar unos libros en setiembre para matricularse en Historia y lo ha hecho con las agallas de un chaval y ahí está peleándose con los apuntes e intentando sacar pecho y memoria suficientes como para alcanzar su meta.
Y me temo que miles de historias de este tipo son comentarios de día en día por estas laderas de nuestra sociedad, en donde la culpa de lo peor la tiene dios y de lo mejor, nosotros. Y otros piensan que ni dios se mete en estas vaguedades.

lunes, 23 de febrero de 2026

A LOS QUE HIRIÓ EL AMOR

 A LOS QUE HIRIÓ EL AMOR.

 

 

 

Y no siempre fue así. Un tiempo nos trajo sueños, otro tiempo nos dejó sin vida.

En el reino de mis desolaciones me permito creer que estás plenamente en mí, que estoy plenamente en ti; que la calamidad se ha ido, y la tengo aún pegada a las manos, que los días cortos pasados al fragor exquisito de tus besos no son parte de mi recuerdo sino de mi existencia, que la soledad tiene martirios y compensaciones, que no ocurre más que una angustia solidificada con un sabor a pastillas de enfermo agobiándome el pecho.

Me permito creer que no se han terminado los jueves contigo y las brisas vienen a verme, o vendrán de paso para reanimarme con un boca a boca contagioso y eterno, que soy más que yo cuando el abrazo que me traes justifica los tiempos de ausencias, que estoy harto de escribir con letras de dolor las cosas que no te digo, que me haces tanta falta como mis ojos, que no renuncio, no renuncio, no pierdo el bocado que me toca y llama, el campanario que me avisa, el miedo que nunca tuve, que el espacio reservado en la estratosfera sigue vacío con guirnaldas de espera para nosotros, que son muchos los lamentos que se me escapan, que no es justo vivir así.

Me creo en la absurda obligación de sentirme atado a ti por una cobertura cómplice que se ha convertido en un amor tangible y perdurable, que la risa aquella, tuya, cantarina, clara, sincera, fiel y linda, es la música que mis oídos echan de menos con más fuerza, que tengo espasmos de no respirarte.

Me atrevo a escribirte estas heridas sin esparadrapos porque alguna vez has de saber cómo me salva cada día de mi naufragio cualquier tormenta húmeda, cualquier dios sin agallas, cualquier bufón que me cuenta cosas que no me interesan. Ellos me salvan. Salgo a la superficie y todo el horario se convierte en una canción de monosonido, latente y de corriente continua, es el pensamiento unívoco a ti que me dedico para evitar perecer.

Es amor en toda regla y siempre fue así, y siempre será así aunque los tiempos pretendan convencerme de lo contrario.

 

 

                                                Ramón Llanes.

BUENOS DÍAS, BOMBÓN

 BUENOS DÍAS, BOMBÓN

Hace poco que ha llegado al lugar de mis compras diarias y se ha conseguido llenar aquel frío espacio con amables sonrisas y palabras de agrado; me dice, “buenos días, bombón” con alevosía y me estimula pero lo repite a todos los clientes y todos nos sentimos más sostenidos en el alambre de la sensibilidad de esta chica durante el rato que nos atiende. Es menudita, atenta y alegre como una campanilla, no alcanzará más allá de los veintitantos y ya se ha ganado un hueco en nuestra madurez. Gracias, Araceli.
Ramón Llanes.