EL OTOÑO.
La sonrisa de Ana es un otoño esperanzador, el perro lleva un otoño en los ojos, la cartera de los niños tiene color de otoño, el semblante de la novia de ayer simulaba otoño, las hojas amarillas, la pared soleada, el reloj medio dormido, los primeros potajes...todo es otoño, todo es un otoño acalmado que intenta evadir el sofoco del estío.
Es tiempo de sosiego y de encinares, tiempo de miradas y de amoríos, tiempo de premios. Estará en casa el otoño allá tres meses, por el calendario, recordándonos que es preciso dormir para despertar, caer para levantarse, dar para recibir.
Pero el otoño eres tú, sobre todo. Tú que llamas a la puerta con un beso, que hablas con una caricia, que amas con espera, que eternizas la ternura, que recompensas los deseos, que vas del amor al amor sin agonías. Tú eres el otoño, el frágil otoño que aprisiona la vida para recomponerla e inspira un poema de humedad en los labios. Tú eres el otoño lánguido que repasa los recuerdos junto a las primeras yerbas y trasiega por las balsas mojosas de la mejor libertad. Tú eres el otoño, tú que enredas los brazos en la brisa y musitas un “te quiero” que rompe los esquemas. Tú, enamorada, tú eres el cielo del otoño.
Hago por ti, propósitos de otoño, voz cambio y letra invento, como copiando las ganas del otoño para poner los ojos en un papel de celofán, entender la ida, hacerme al agua y volver cuando la primavera soporte el mérito de la nacencia, y mientras otoño a la boca disfrutando de sus sensualidades.
