RAMON LLANES
DE LITERATURA Y FOTOGRAFIA
RAMÓN LLANES
sábado, 13 de junio de 2026
RELATO LÍRICO DE LAS SOMBRAS
ESTE INACABADO MUNDO
viernes, 12 de junio de 2026
DOS EXTRAÑOS
DOS EXTRAÑOS
Podría decirte que te conozco y te
persigo y que me pones alegre el alma y te estaría faltando a la verdad; podría
recitarte un poema que escribí para ti a
la luz de la luna y te estaría mintiendo; podría invitarte a un concierto a la
orilla del mar en una madrugada del estío
y estaría insinuándote que te quedaras conmigo para siempre; podría
demostrarte que sé volar y me creerías un fantasma ajeno a las realidades;
podría llevarte la cesta de la compra con unas flores y te asustaría verme;
podría esperarte diez horas en una estación sin trenes adonde nunca tuvieras
que llegar y te reirías de mi quimera; podría arriesgarme a enamorarte y me
rechazarías; en evitación de ello por
cuanto de error pudiera cometer mi atrevimiento y desconociendo tu capacidad de
tolerancia para reprocharme la actitud o
aceptar lo pedido, he de
decirte que te invito a querernos y a quedarnos en un lugar que sea nuestra vida desde esta
noche, ahora que todo ha pasado y aún somos dos extraños.
Rllanes.
CON TANTO MAR DE POR MEDIO
CON TANTO MAR DE POR MEDIO
CONCURSO DE FELICES
CONCURSO DE FELICES
Para
ver si tiene consistencia pública y aceptación organizar un evento que se salga
de la idea arcaica de los de belleza o habilidades -pensaría el Presidente-
hagamos un concurso de personas felices, que obtenga premio quien acredite un
mayor grado de felicidad en el transcurso de su vida; dicen unos que no se
puede medir el nivel espiritual de un individuo, otros advierten del complicado
arte de evaluar sensaciones, emociones, momentos, sueños, etc, algunos auguran
un estrepitoso fracaso al asunto y por doquier aparecen quienes aplauden el
evento por su originalidad y sobre todo por entrar en juego la consideración
hacia aspectos intrínsecos del ser humano nunca hasta ahora tenidos en cuenta
para este tipo de liberalidades.
Se
programa pues un concurso de felices sin bases ni requisitos previos a
excepción de la mayoría de edad. Se escoge el tiempo de verano donde quizá se
propicie más el buen estado de ánimo, lugar de playa, jóvenes y mayores de toda
raza, soñadores, desempleados, mecánicos, modistas, extranjeros, poetas, ateos,
prostitutas, efebos, tristes… todo ser humano que a tal característica
responda. Las organizaciones gubernamentales prestan atención a su desarrollo,
se apuntan los departamentos de Medicina, Sociología y Psicología de la Universidad
para sacar conclusiones sobre el porcentaje real del estado de bienestar de los
ciudadanos y sus causas, la prensa se acredita en el certamen, las asociaciones
de libreros, de antiguos alumnos, de futuros médicos, los colegios
profesionales, los amantes de la naturaleza, las amas de casa, las hermanas de
la humildad, y un etcétera largo
aprueban la celebración del acto que sobrepasa las fronteras haciéndose eco las redes sociales que llevan
la noticia a todo el mundo. Se corre la voz como si fuera un contagio y la
repercusión de participantes aumenta considerablemente por minutos, cinco días
antes de acabar el plazo de suscripción se reciben miles y miles de solicitudes. ¿Ha de entenderse con ello que
existe un número tan elevado de personas felices en el mundo?; teniendo en
cuenta que el premio a los ganadores y finalistas es solo un libro no parece
que el interés se centre en lograrlo, deben existir razones extrañas o curiosas
que provoquen esa seducción por el concurso, o quizá que cada cual tenga inusitado
deseo de expresar su encanto por el sistema del planeta donde habita.
Esto
se desborda, la realidad ha superado todas las previsiones y el Presidente no
sabe cómo proporcionar medios para llevar a buen término el concurso como
hospedaje, infraestructura de estancia, salón teatro, servicio de seguridad y
toda cuanta atención precisa un acontecimiento de esta envergadura. Es una
ciudad pequeña, acondicionada para los problemas cotidianos y donde es factible
aumentar la población en forma proporcional al número de habitantes pero una
avalancha de esta grandeza ocasionará más problemas que beneficios. No sabe qué
hacer y acude a otras autoridades para implicarlas en la ayuda con tal de
acondicionar aparcamientos, centros médicos, hoteles, restaurantes, es un
complemento a la ciudad con una dimensión urbanística superior a la existente
en la propia ciudad y la entrada a ella supondrá un caos circulatorio. Se
acuerda habilitar un parque en las afueras, allí se monta un inmenso escenario,
se dota de servicios propios de cafetería y bares, el lugar elegido es de
suficiente entidad de espacio como para soportar un nutrido público.
En
el día señalado comienzan a llegar gentes de todas las latitudes, vienen
alegres, desenfadados, provistos de sonrisas en abundancia, acuden a los
mostradores de inscripción y se animan a seguir dando muestras de felicidad; la
ciudad se hace inhabitable, parece que todo escasea o todo se acaba, que hasta
el alumbrado se hace inútil o parece que
se apaga, los aspirantes a ganar el concurso de felices que han recorrido
travesías infinitas no se alteran por las incomodidades que presentan los
lugares donde se les reciben, no se inmutan ni se molestan por el desorden, han
venido hasta aquí porque son felices y no entienden que las circunstancias
impeditivas les consigan romper el nivel de agrado, amabilidad, cortesía y
complicidad. El lugar de la estancia es un entorno de alto valor ecológico
rodeado de un gigantesco pinar y con una gran playa de fina arena, es verano y
el atardecer del primer día deja sus notas rojas en el mar y aquella incontable
cantidad de personas se divierte en un tono de calma armónica inusual, todos
cantan o sueñan, son de sonrisas las leyendas que aparecen en sus caras,
emociones expresadas en libertad.
Se
observa una diversión simétrica en un conflicto provocado por un exceso de
cantidad, ese es el único rasgo aparentemente discordante en un murmullo
general que simula una música de fondo sincronizada con el paisaje. Quienes
vinieron a observar se han manchado de vida y han cambiado sus aspectos de
tránsito por ictus de actitudes gratas y
así se conspira contra la otra parte de la humanidad que estará en tales
momentos con sustos, enfermedades y anomalías en la existencia. El personal es
puro género humano, no entresacado de un libro especial o de una tribu
incivilizada, seres humanos de esta única naturaleza que expresan su felicidad
conviviendo, quizá en forma ácrata, sin reglas específicas ni mandatos pero
dominados por el sincronismo de la templanza y la meta de la felicidad.
Fue
imposible determinar una fórmula para que cada cual de los aspirantes
presentara sus credenciales de felices en el concurso, imposible también elegir
ganadores, todos se habían impregnado del ritmo de la felicidad, la organización
decidió aplaudir y conceder el Primer Premio del Primer Concurso de Felices a
todas y cada una de las personas que abarrotaban el recinto ante un griterío
unánime de consenso y la fiesta siguió con música y ambiente de una recién
creada amistad. Quién sabe si amores surgieran que hayan albergado estados
permanentes o temporales de felicidad, quién sabe si un negocio, un proyecto,
una idea, quién sabe si la vida, acaso mejor proporción de asuntos deseables
para la vida o un más acertado destino para salud, principios, sentimientos.
Ya
hace años de aquella prosaica experiencia, la ciudad obtuvo un repunte
importante en su economía, todos los medios alabaron la organización y se
estudiaron sus resultados en las universidades, se premió por algunas
organizaciones no gubernamentales tan ansioso y perfecto proyecto pero nadie
reparó en la consecuencia sociológica que sufrió la ciudad que al cabo del
tiempo aún permanece contagiada del entusiasmo febril de aquella experiencia y
se hace casi imposible encontrar en ella ciudadanos infelices.
Ramón
Llanes.
jueves, 11 de junio de 2026
CITA PREVIA
CITA PREVIA
En
la misma entrada del hospital, mientras Loren aparcaba, presentó Isabel en el
mostrador su cartilla de seguimiento del embarazo a fin de obtener habitación
para su inminente parto, las contracciones se sucedían cada diez minutos, el
dolor se reflejaba en la cara y ya no cundía del todo la paciencia. Con sumo
agrado, la señora de la ventanilla advirtió de la necesidad de realizar el
trámite de la cita previa explicándole con detalle que a través de su
móvil accediera a la app del hospital, introdujera sus datos personales,
su contraseña, su número de afiliación y la fecha prevista del alumbramiento;
una vez en la página debía pulsar Ordenación, luego Asunto, realizar
reconocimiento facial, -sin mascarilla- la huella, la contraseña de su certificado
digital, llegar al apartado de Solicitud, elegir la casilla parto y
esperar unos segundos hasta recibir en su móvil un código que aplicaría en la
casilla indicada; entonces oyó la amable
voz de una señora -posiblemente la del mostrador- quien con perfecta corrección
le indicó que tendría turno para la asignación de su habitación a las 12,47
horas, debiendo dirigirse a la puerta 24.
Eran
en ese momento las 9,18 horas, Isabel ocupó el único sillón libre de la sala,
entraba Loren después de una engorrosa búsqueda por los aledaños, agobiado de
prisa y quejándose de todo, había tardado más de cuarenta minutos en dejar el
coche en lugar apropiado, sin poder dominar sus nervios, sin encontrar una
razón útil a tanto desorden y sin saberse respuestas más o menos lógicas que al
menos le produjeran sosiego; cuarenta minutos de vueltas y rodeos en una
situación de necesaria premura son una eternidad pero se superó el primer
desaliento al comprobar que Isabel permanecía esperándole con una sonrisa y
sobrada de tranquilidad. Quiso explicarle ella lo sucedido, vinieron nuevas
contracciones, un sudor frío y cálido al mismo tiempo recorrió de párpados a
ombligo la piel del próximo padre, se sentó a su lado, intentó transmitirle la
paciencia de la que carecía, llamó con insistencia al médico y al poco rato una
voz en off pidió a Isabel que se dirigiera a la puerta 24. Lo ocurrido después
forma parte de la historia de unos padres felices que recibieron con natural
gozo el nacimiento de Lucas, un niño de 4,2 kilos, sonrosado y precioso.
Un
día cualquiera de abril de este año tan infectado por la incapacidad para
superar la maldita pandemia y sin solución eficaz para evitar su propagación,
un día de esos primaverales que se caen las nubes en forma de calor o de lluvia
y que dejan a la estirpe por la solería de la vida sin imaginación suficiente
como para continuar subsistiendo, pues un día de esos precisó Leonardo los
servicios médicos para una consulta sobre unas molestias detectadas en la parte
baja del vientre, era la primera vez que se le presentaba dicho dolor y en casa
consiguieron convencerlo a sus 86 años de la necesidad de acudir al hospital
también por vez primera; se hizo su hija con el teléfono de la cita previa del
centro de salud que tenía asignado, llamó y recibió como respuesta una voz de
mujer indicando: “si llama para asunto urgente pulse 1, si desea cita para
especialista pulse 2, si llama para receta médica pulse 3, si necesita traslado
en ambulancia pulse 4, si llama para ser atendido por su médico de cabecera
pulse 5, para cualquier otra consulta, espere”.Siguiendo los pasos
señalados pulsó la tecla número 5 y recibió de una voz de mujer el enunciado
siguiente: “si desea cita con su médico de cabecera pulse 1, si desea cita
con su enfermera pulse 2, si desea cita para receta pulse 3, para cualquier
otra consulta, espere”. Una vez superados los obstáculos telemáticos del
protocolo impuesto por el sistema fue requerida para introducir o pronunciar el
nombre del enfermo con su número de carnet de identidad, tras lo cual consiguió
cita para su padre, Leonardo, el jueves 8 de mayo a las 8,52 horas, con la
advertencia de su aviso previo si por alguna causa no pudiera asistir.
Lucas
creció en su órbita de acostumbrarse a convivir con las inclemencias informáticas
en sus expresiones más amables y en sus trabas más absurdas, de todo vivió y a
todo se hizo; Isabel y Loren se percataron de la felicidad muy a pesar de la
imposición de atajos técnicos para conseguirla sin olvidarse de la cita
previa para obtener la matrícula del niño, para realizar la declaración de
la renta, para solicitar una transferencia bancaria o para asistir a las
reuniones de padres en el colegio. Se tuvieron que adaptar sin entender la
necesidad de tanto trámite.
Leonardo
falleció el 1 de mayo a las 17,43 horas, aquejado de cualquier mal reflujo
intestinal o de propia desesperación al no ser atendido por los servicios
médicos del centro donde tuviera cita para unos días después. Al día siguiente la hija de Leonardo solicitó
cita previa para comunicar que su padre no podría asistir a la consulta
médica prevista para el día 8 de mayo.
Y
al llegar a las esferas celestes a recibir su premio, provisto de buen hacer,
de bondad, de todas las solidaridades existentes en la tierra y de una ingente
cantidad de cartas de recomendación de hermandades, asociaciones, púlpitos y
tabernas, recibió una voz de hombre advirtiéndole: “ si ya tiene cita previa
para entrar pulse Eternidad y elija una de las opciones de Paraíso, Purgatorio
o Infierno, descárguese la aplicación que corresponda a su comportamiento,
pulse Santidad, Locura o Indiferencia, acceda a reconocimiento facial, adjunte
su currículo y espere. Su solicitud será tramitada en un plazo no superior a
doscientos años. Y recuerde que en esta dimensión el tiempo se mide por
instantes. Sea feliz, si puede.