SUEÑOS DE LA EDAD TARDÍA
RAMON LLANES
DE LITERATURA Y FOTOGRAFIA
RAMÓN LLANES
sábado, 15 de agosto de 2026
SUEÑOS DE LA EDAD TARDÍA
viernes, 14 de agosto de 2026
LIMPIANDO EL TEJADO
LIMPIANDO
EL TEJADO
Somos muchos en casa y madre nos
invitó a limpiar el tejado cuando palidecían las bruces cálidas del estío y
dormían los niños en la alcoba del fondo, todos juntos, revueltos en el sudor y
en el cariño; posiblemente no fuera el tiempo adecuado ni la manera ni tal vez
la hora pero había que conformar la petición que así ella volvía a representar
su entusiasmo y nos premiaba con un buen guiso de habichuelas, una ensalada de
orégano y unas ricas cerezas del árbol de sus deseos que llenaba el jardín de
sombra y esperanzas. Siempre supimos que limpiar el tejado en el concepto de
madre tenía una referencia explícita en limpiar la vida en general, repasar lo
viejo, ordenar las ideas, hacer pronósticos, consolidar los proyectos y
expresar cada uno las incidencias encontradas en los momentos de nuestras
ausencias de la casa adonde acudíamos cuando el verano se ponía crudo y
apretaba esa parte sedienta que llevamos dentro, a veces sin saberlo, a veces
sin olvidarlo.
Subimos al tejado con buena pausa y
pisando tiernamente las tejas para evitar su rotura, estaba lleno de pájaros
que volaron con el mismo ademán que nosotros resbalábamos sin llegar a caernos
del todo, simularon que se marchaban al aire pero hacían a nuestro alrededor
sus piruetas rituales piando y pareciendo gozar al tiempo que se posaban en lo
más lejano de nosotros; notamos el verdín aún con visos de humedad, los huecos
con hojas, las curvas secas y deslizantes, las inclinaciones más severas y
notándose en el color de las tejas el inexorable paso del tiempo por su piel;
hicimos la mañana todos los hermanos en el lugar más alto de nuestra
consideración y acabada la tarea nos sentamos en el caballete de la sombra para
empezar a darle contenido al placer de vivir. En rato largo sondeamos la
memoria, fuimos al bosque en las primicias del otoño, nos sentamos en las
piedras, corrimos por los charcos, comenzamos a amar y volamos a otros
espacios adonde la luz precisaba de
nosotros o nosotros éramos la luz, anduvimos las caminatas que el tajo impuso,
nos hicimos cada vez más personas y
también rompimos esquemas y quemamos sentimientos, todo eso recordamos en el
tejado, luego nos reímos al compararnos con los pájaros que siempre se iban del
tejado, volaban y volvían a posarse como custodiando la paz del lugar o tal vez
-como los pájaros- para nunca despegarnos del todo de la nostalgia.
Al bajarnos madre nos suponía
limpios, se esmeró en la comida, llamamos a los niños y nos sentamos a su
alrededor con la vaga intención de darle cuentas de las adversidades
encontradas en la limpieza del tejado, intentamos desviarle del asunto contando
cosas menos importantes pero ella no perdía su costumbre de dominarnos y de
llevar por delante las vidas de cada uno de sus hijos y sus consecuencias y sus
merecimientos y hasta sus desencantos. Ella era así de consecuente y nosotros
sabíamos de sobra que venir al campo suponía dejarle una confesión orgánica y
veraz de nuestros afanes y nuestras andanzas, nos conocía y quería estar con
nosotros en todos los instantes, respirar con nosotros, alardear, presumir y
alcanzar metas con nosotros.
Padre nos dejó unos años atrás y nos
convertimos en humanos pegados al sentimiento común que pronosticaba y conducía
madre. Le hablamos del verdín como un amago de conspiración contra el desapego,
el tejado lo tenía como protector y como adorno, siempre aparecía en las
primeras lluvias, se dejaba crecer y nunca soñaba grandezas en demasía, el
verdín del tejado no era invasor, aparentaba no conocernos y se secaba a gusto
después de recorrer los ciclos; recordamos a las hojas esparcidas que a veces
taponaban los cauces del agua en la liturgia de las tejas pero se bajaban en
las tormentas y dejaban expedita la senda para la misión de las luces; cuáles
serían en la realidad nuestras hojas produjo debate en posiciones diversas, que
las hojas son las inquietudes o que son las incidencias, que las luces que se
llevan la llovizna son las soluciones, que las tormentas son figuraciones de la
mente y que los cauces del agua se nutren de deseos que empujan con aliento;
las conversaciones entre hermanos gratifican las fuentes de las emociones, la
causa para el encuentro contiene el máximo de ellas, si acaso ponerse traje de
respeto colabora se construye casi sin pensarlo un manifiesto escrito en el
alma para saber evaluar los tropiezos posteriores y buscar en cualquiera de las
lagunas secas los encantos de la existencia.
En la sobremesa del almuerzo el
reloj fue irreal, inocuo y falto de tarea, nadie le asestó relación de
compromiso con la tertulia, madre escuchaba con delicadeza las palabras, los
niños jugaban con felicidad en el trastero y nosotros empezábamos a conjugar la
vida con la idealización de los pronombres y huyendo del tópico encorsetamiento
en los individualismos; de esta fórmula fue partidario padre durante su
existencia, nos preparó para compartir ansias de vida en colectividad. Ahora
repasamos lo viejo en un talud consciente del repecho poniendo en práctica las
consignas de nuestros progenitores, nos consideramos capaces de haber captado
el mensaje, de ser para nosotros mismos nuestros pequeños héroes y de ser humanos frutos de una conciencia
comunitaria.
Sin proponernos acabar la tarde
brindamos ante un ocaso servicial que nos aguantó pasionalmente los requiebros
y las canciones que sonaron a coro en un ambiente de afectividad y moderada
alegría, son días amables que escriben los calendarios sin un previo anuncio,
días cualesquiera de postín sin onomásticas, cumpleaños o fiestas de guardar,
días que nacen grises y terminan esplendorosos, quizá contradiciendo el
recorrido de la luz.
En este universo familiar inventado
de la nada cincuenta años atrás, anegado cientos de veces en inseguridades,
perdido en cábalas en noches de dolor y agonías, fraccionado por la muerte en
ocasiones, sufridor aleatorio según mandaran los destinos, prosaico y rudo
concebido para llevar férulas o coronas; en este universo de gritos al aire y
voluntades con miedos, de tímidos y agnósticos, de desertores y sonámbulos,
idos de tantas soledades y venidos de tantísimos abrazos, en este mismo
universo de clarividencias y distracciones, de fracasos en tropeles,
habilidades por doquier, torpezas al uso, misiones imposibles contra la
adversidad de los sueños no cumplidos, en este universo imperó sobradamente la
desgana y fue horadado en miserias de
desalientos durante toda la proyección de sus motivaciones. Aquí, en este
universo de telarañas, nunca se celebraron las victorias ni se magnificaron las
derrotas, se vivió como si la tormenta hubiera pasado de largo, luego se
recogieron las goteras, se taparon los charcos, se observaron las canales, se
limpiaron los tejados con la tenacidad aprendida y empezamos a cantar y a reír
con el alma de madre reinando en el sentido común de nuestras lealtades.
Somos muchos en casa, el tiempo nos
ha hecho a este modo. Antes de partir a los sitios donde se desarrollan las
vidas y donde se pagan caros los descuidos, hicimos mención general al deber y
al placer, cursamos juntos la continuidad de los sentimientos en la jornada que
madre nos hizo tan amorosa como siempre y al intentar despedirnos, en la misma
efusión de cada apretado abrazo, caímos
en la cuenta de habernos olvidado de nuestras personales desarmonías, de la
sociedad y del mundo, constando en el acta solo la evolución tan favorable dada
a la consolidación de nuestro universo familiar sin haber necesitado
injerencias, protocolos, publicidad y credos.
Madre nos achuchó con sabiduría y
nos preparó el discurso de los consejos para seguir sosteniendo el equilibrio
en los extraños envites que nos esperaban, lloramos con lágrimas nuevas,
entonamos la canción del adiós y los niños convencieron a madre para ser ellos
quienes limpiaran el tejado en el próximo estío.
LAS CONSIGNAS DEL ARTE
LAS CONSIGNAS DEL ARTE
ESTADO DE ÁNIMO
ESTADO DE ÁNIMO
jueves, 13 de agosto de 2026
HUELGA DE LUZ
HUELGA DE LUZ.
miércoles, 12 de agosto de 2026
DESDE LEJOS
DESDE LEJOS
CONCURSO DE FELICES
CONCURSO DE FELICES
Para
ver si tiene consistencia pública y aceptación organizar un evento que se salga
de la idea arcaica de los de belleza o habilidades -pensaría el Presidente-
hagamos un concurso de personas felices, que obtenga premio quien acredite un
mayor grado de felicidad en el transcurso de su vida; dicen unos que no se
puede medir el nivel espiritual de un individuo, otros advierten del complicado
arte de evaluar sensaciones, emociones, momentos, sueños, etc, algunos auguran
un estrepitoso fracaso al asunto y por doquier aparecen quienes aplauden el
evento por su originalidad y sobre todo por entrar en juego la consideración
hacia aspectos intrínsecos del ser humano nunca hasta ahora tenidos en cuenta
para este tipo de liberalidades.
Se
programa pues un concurso de felices sin bases ni requisitos previos a
excepción de la mayoría de edad. Se escoge el tiempo de verano donde quizá se
propicie más el buen estado de ánimo, lugar de playa, jóvenes y mayores de toda
raza, soñadores, desempleados, mecánicos, modistas, extranjeros, poetas, ateos,
prostitutas, efebos, tristes… todo ser humano que a tal característica
responda. Las organizaciones gubernamentales prestan atención a su desarrollo,
se apuntan los departamentos de Medicina, Sociología y Psicología de la
Universidad para sacar conclusiones sobre el porcentaje real del estado de
bienestar de los ciudadanos y sus causas, la prensa se acredita en el certamen,
las asociaciones de libreros, de antiguos alumnos, de futuros médicos, los
colegios profesionales, los amantes de la naturaleza, las amas de casa, las
hermanas de la humildad, y un etcétera
largo aprueban la celebración del acto que sobrepasa las fronteras haciéndose eco las redes sociales que llevan
la noticia a todo el mundo. Se corre la voz como si fuera un contagio y la
repercusión de participantes aumenta considerablemente por minutos, cinco días
antes de acabar el plazo de suscripción se reciben miles y miles de solicitudes. ¿Ha de entenderse con ello que
existe un número tan elevado de personas felices en el mundo?; teniendo en
cuenta que el premio a los ganadores y finalistas es solo un libro no parece
que el interés se centre en lograrlo, deben existir razones extrañas o curiosas
que provoquen esa seducción por el concurso, o quizá que cada cual tenga inusitado
deseo de expresar su encanto por el sistema del planeta donde habita.
Esto
se desborda, la realidad ha superado todas las previsiones y el Presidente no
sabe cómo proporcionar medios para llevar a buen término el concurso como
hospedaje, infraestructura de estancia, salón teatro, servicio de seguridad y
toda cuanta atención precisa un acontecimiento de esta envergadura. Es una
ciudad pequeña, acondicionada para los problemas cotidianos y donde es factible
aumentar la población en forma proporcional al número de habitantes pero una
avalancha de esta grandeza ocasionará más problemas que beneficios. No sabe qué
hacer y acude a otras autoridades para implicarlas en la ayuda con tal de
acondicionar aparcamientos, centros médicos, hoteles, restaurantes, es un
complemento a la ciudad con una dimensión urbanística superior a la existente
en la propia ciudad y la entrada a ella supondrá un caos circulatorio. Se
acuerda habilitar un parque en las afueras, allí se monta un inmenso escenario,
se dota de servicios propios de cafetería y bares, el lugar elegido es de
suficiente entidad de espacio como para soportar un nutrido público.
En el
día señalado comienzan a llegar gentes de todas las latitudes, vienen alegres,
desenfadados, provistos de sonrisas en abundancia, acuden a los mostradores de
inscripción y se animan a seguir dando muestras de felicidad; la ciudad se hace
inhabitable, parece que todo escasea o todo se acaba, que hasta el alumbrado se
hace inútil o parece que se apaga, los
aspirantes a ganar el concurso de felices que han recorrido travesías infinitas
no se alteran por las incomodidades que presentan los lugares donde se les
reciben, no se inmutan ni se molestan por el desorden, han venido hasta aquí
porque son felices y no entienden que las circunstancias impeditivas les
consigan romper el nivel de agrado, amabilidad, cortesía y complicidad. El
lugar de la estancia es un entorno de alto valor ecológico rodeado de un gigantesco
pinar y con una gran playa de fina arena, es verano y el atardecer del primer
día deja sus notas rojas en el mar y aquella incontable cantidad de personas se
divierte en un tono de calma armónica inusual, todos cantan o sueñan, son de
sonrisas las leyendas que aparecen en sus caras, emociones expresadas en
libertad.
Se
observa una diversión simétrica en un conflicto provocado por un exceso de cantidad,
ese es el único rasgo aparentemente discordante en un murmullo general que
simula una música de fondo sincronizada con el paisaje. Quienes vinieron a observar
se han manchado de vida y han cambiado sus aspectos de tránsito por ictus de
actitudes gratas y así se conspira
contra la otra parte de la humanidad que estará en tales momentos con sustos,
enfermedades y anomalías en la existencia. El personal es puro género humano,
no entresacado de un libro especial o de una tribu incivilizada, seres humanos
de esta única naturaleza que expresan su felicidad conviviendo, quizá en forma
ácrata, sin reglas específicas ni mandatos pero dominados por el sincronismo de
la templanza y la meta de la felicidad.
Fue
imposible determinar una fórmula para que cada cual de los aspirantes
presentara sus credenciales de felices en el concurso, imposible también elegir
ganadores, todos se habían impregnado del ritmo de la felicidad, la
organización decidió aplaudir y conceder el Primer Premio del Primer Concurso
de Felices a todas y cada una de las personas que abarrotaban el recinto ante
un griterío unánime de consenso y la fiesta siguió con música y ambiente de una
recién creada amistad. Quién sabe si amores surgieran que hayan albergado
estados permanentes o temporales de felicidad, quién sabe si un negocio, un
proyecto, una idea, quién sabe si la vida, acaso mejor proporción de asuntos
deseables para la vida o un más acertado destino para salud, principios,
sentimientos.
Ya
hace años de aquella prosaica experiencia, la ciudad obtuvo un repunte
importante en su economía, todos los medios alabaron la organización y se
estudiaron sus resultados en las universidades, se premió por algunas
organizaciones no gubernamentales tan ansioso y perfecto proyecto pero nadie
reparó en la consecuencia sociológica que sufrió la ciudad que al cabo del
tiempo aún permanece contagiada del entusiasmo febril de aquella experiencia y
se hace casi imposible encontrar en ella ciudadanos infelices.
Ramón Llanes. (Del libro TE CUENTO)
