RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

miércoles, 26 de agosto de 2026

EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO (CAPT. II)


 EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO.

(Capítulo II)
El tercer guiño reflexivo que propongo, -quizá para ampliación en un estudio posterior o para nuevos debates- se centra en la configuración actual de la Comarca El Andévalo, después de haber sido modificada en 2003 por un decreto de Presidencia de la Junta de Andalucía y que dividió a nuestra comarca en dos comarcas, El Andévalo y la Cuenca Minera. La primigenia razón tiene antecedentes ancestrales remontándose al siglo XVIII pero con una acentuada prominencia de criterios aún más antiguos, aunque en verdad existen referencias desde 1257 pero con menor número de pueblos los que constituían El Campo de Andévalo. Los pueblos que formaban El Andévalo en aquella histórica definición eran: Alosno, El Almendro, Cabezas Rubias, Calañas, El Cerro de Andévalo, Paymogo, Puebla de Guzmán, San Bartolomé de la Torre, Sanlúcar de Guadiana, Santa Bárbara de Casa, Villanueva de las Cruces, Villanueva de los Castillejos, Valverde del Camino, El Campillo, Berrocal, Nerva, Riotinto, La Granada, El Granado, Villablanca, Zalamea, San Silvestre de Guzmán, y las entidades menores La Zarza-Perrunal, San Telmo, Valdelamusa, El Lomero, Cueva de la Mora, Tharsis, Las Herrerías, Mina de la Isabel, Puerto de la Laja, La Joya, El Pozuelo, El Villar, Montesorromero, El Buitrón, Marigenta, El Membrillo, Las Delgadas, Sotiel y Montes de San Benito. La composición actual crea una nueva Comarca llamada Cuenca Minera –cuando en realidad todo el Andévalo es cuenca minera- e incluye a todos los pueblos desde Valverde hacia el norte. Las comarcas se constituyeron teniendo en cuenta aspectos de similitud como orografía, medios de vida, identidad económica, idiosincrasia, etc, considerando que estas formas no han cambiado y por tanto en nada fue procedente cambiar sus correspondientes componentes. Pero es asunto de otro estudio.
Liberado ya de estas consideraciones previas me someto en cuerpo y alma a componer mi canto general sobre LA EMOCIÓN en El Andévalo. Algunos historiadores como el Dr. Francisco Núñez Roldán y otros al referirse a El Andévalo siempre recogen aquella leyenda de que fue el dios cansado por la creación del bello mundo de playas y costa quien al llegar a San Bartolomé –dicen unos- o a La Palma –dicen otros- ordenó al diablo que continuara en su creación y éste creó la tierra a su semejanza con pedregales, baldíos y tierra infecunda. Se trata de una leyenda que puede no tener más interpretación que la de la curiosidad o puede servir para entenderla adecuadamente. No sabemos si fue el diablo quien no atinara lo suficiente o arrepentido de su maldad quisiera concederle algún don a la tierra y la dotara de un subsuelo pleno de riquezas minerales, amén de otras exquisiteces que la han sustentado en el tiempo y forman parte de su mejor identidad.
Ramón Llanes.
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martes, 25 de agosto de 2026

MATAR SIN ODIO

 MATAR SIN ODIO

Con miedo de honor
apuntan los soldados
su insidia
en las letrinas
de la batalla
por merecer dos minutos
amables,
una soledad menos triste,
un ascenso
como premio
a la obediencia,
por matar sin odio
la culpa transitoria de los malvados.
Ramón Llanes. (De ASOMOS DEL MIEDO)

EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO

 EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO

(Capítulo I)
Lo nuestro es la emoción, desde todos sus aspectos, desde un ámbito general a otro particular e íntimo, desde su sentimiento y desde el entusiasmo que marca por pertenecer genéticamente a un lugar único donde se identifican valores que son distintos a los de otros entornos o que se resuelven de forma más magnificada. Es la savia que nos viene dada, que traemos en origen y de la que difícilmente nos podremos desprender en el largo transcurso de la existencia.
No es necesario estrenar tiempo para reconocer los registros emocionales que ofrece El Andévalo en casi todas sus expresiones; los tiempos son una circunstancia más para la sorpresa, siempre está patente la posibilidad como buen refugio para internarse en los sabores, los olores, los colores, la sensualidad y las devociones que esta tierra aparentemente ocre pone a disposición de interpretaciones y vivencias de sus habitantes y de sus adeptos. Todo es posible en su belleza, cualquier escorrentía, ladera, solana, jipío, llanto, o cualquier manifestación de folclore se identifica con un extenso y singular promontorio de causas para concluir en admiración.
Su definición podría encerrarse en su versatilidad en la belleza y en su capacidad de afectación. Es una tierra muy amada, muy perseguida para los tantos ratos de placer que contiene para el disfrute de la festera forma de sobrevivir en buena complicidad con las excelencias del ámbito. El Andévalo es un enorme cofre de tesoros y verdades guardados y de los que sus habitantes se encargan de custodiar con ahínco para librarlos de contaminación y legarlos con perfecta identidad y facultades a los herederos de tan rico caudal. Estar en El Andévalo constituye una delicia inaudita, andarlo supone un deleite, conocerlo es más que una obligación, convivirlo inyecta espiritualidad y amarlo es una máxima vital.
He de referir, no obstante, en honor a nuestra verdad varios guiños que a modo de premisas han configurado esta reflexión que hoy expongo con el mayor respeto hacia todo lo dicho y hecho porque de ello es mi fuente. Convengo en advertir que soy escritor y no historiador y que desde esa perspectiva romántica y poética hago mis propuestas.
Otro guiño lo advierto en cuanto a la toponimia de nuestro simbólico nombre ANDÉVALO; sé que es tema ya tratado pero permítaseme indicar que me asiento en convicción en alguna de las teorías que mantienen como origen del nombre al dios Endovélico o Ande-Baal, quizá emblemas devocionales en épocas remotas que nuestros muy lejanos antepasados tuvieron como referencia tal como para que se pusiera el nombre de Andévalo a un cabezo situado entre Cabezas Rubias y El Cerro y donde se encontraron vestigios de civilizaciones anteriores. Quede ahí.
Ramón Llanes.



lunes, 24 de agosto de 2026

A VECES LAS CIUDADES SON TEMPLOS

 A VECES LAS CIUDADES SON TEMPLOS

Para explicar cómo es el silencio solemos referir un templo que es un lugar de culto y oración donde se duerme calladamente el ruido y se percibe la densidad de la calma en su más grata y extensa expresión. Un templo me pareció mi ciudad al poco de pasearla, olvidado de prisa, en la mañana del sábado donde surgían por doquier los humanos y sin embargo se masticaba curiosamente el silencio más profundo; hacía calor, las personas andaban de uno a otro lado, cada cual llevaba su bolsa, su sombrero, su abanico, su mirada y su silencio. Y me encantó observarlo y me pareció un templo y me alegré de comprobar que a veces en las ciudades se cultiva el silencio y sobran las palabras.
Ramón Llanes

CON LOS OJOS

 CON LOS OJOS

Hemos llegado, tú y yo, a la estación término,
nos necesitamos, somos la única perfección,
la membrana que alivia las soledades
y los sofocos de la nostalgia.
Tú eres un sorbo inmenso de libertad
y yo aspiro a ella,
tenemos en común la vida,
acordemos comprendernos,
unirnos en tu humedal
o en mi lírica, firmemos con los ojos
el tratado de nuestra ética
y burlémonos de la discordia como los pájaros
se burlan del recuerdo.
Eres el mar, rey de la historia,
protector de cuantos naufragaron
y se olvidaron de llamarte dios.
Pisemos el agua juntos
con el respeto en calma
y la paz humedecida de nosotros.
Ramón Llanes. (de MARINVERSO)

LA SUERTE DE OTROS

 LA SUERTE DE OTROS

 

 

            Ha puesto la fortuna sus ojos en quienes la persiguieron desde el sobrado carisma de sus sueños de hombres y ha llegado esta a vestir “todo de nuevo” a un número determinado de personas agraciadas que se desplomaron de alegría al observar la coincidencia que les hacía ricos, desmesuradamente ricos, plácidamente ricos, hasta tener que inventarse fórmulas para darle vida al enorme depósito de billetes que entraron en casa de manera tan fabulosa e inusual. Nosotros somos los otros, los no premiados, los que también sentimos el parabién en la sangre y nos congratulamos de tan exquisito regalo y nos confabulamos con su suerte y con los elegidos.

            Ellos estarán deliberando inversiones, buscando el viaje más deseado, sonriendo a cada minuto y sometiéndose al continuo placer de las felicitaciones. Los otros, aquellos que no la alcanzaron en esta ocasión, se desviven por pertenecer a este club de selectos, hacen sus cábalas a modo de sueños y se reparten en la mente la cuantía que no les tocó. Es un círculo de sensaciones, otros y unos -cada cual en su capacidad y en su fantasía- distribuyen dinero y emociones, aquellos desde la realidad y estos desde el deseo pero ambos se conceden un tramo de diversión, sin querer despertar ni proponerse tomar conciencia rápida de lo ficticio.

            Como seres colectivos, nos afecta la suerte de otros, nos anima a entender ese exclusivo goce que está en un aire rígido quizá pendiente de nosotros mismos para movernos en la sinrazón de este genuino toque de gracia que la casualidad o el destino nos preparan; estamos en la noria, la ruleta nos acecha, en cada momento nos indica las cifras, nos tiene atentos al premio, nos alecciona contra la desesperanza y por mucho que venga el fracaso siempre intentaremos buscarle una excusa de mala suerte para justificar la falta de coincidencia del número premiado con el nuestro.

            Sometidos a este resorte crecemos como buscadores de agua en un desierto a sabiendas de que la verdad del cumplimiento de los sueños llega cada día a la luz donde estamos y desde donde construimos los pequeños castillos de ilusión; y miramos alrededor y nadie se olvida de la cita y nos amparamos en comunidad hasta que nos anuncie la suerte su llegada y explotemos con sonrisas nuevas o hasta que pase la suerte sin avisarnos y sigamos sonriendo con los nuestros, distraídos acaso pero pendientes del susto. Y así somos medianamente felices.

 

 

            Ramón Llanes

domingo, 23 de agosto de 2026

MENESTERES

 MENESTERES

Recoger macetas y regar la ropa,
encender las noches y apagar los días,
aliviar los sueños con melancolías,
corregir los años y enfriar la sopa.
Recordar caricias y borrar recuerdos,
recordar recuerdos y borrar caricias,
escribir sin alma y negar la brisa,
esperar los trenes y robar el tiempo.
Si no fueran mis menesteres de prisas
serían indolentes mis sentimientos.
Rllanes