RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

viernes, 12 de junio de 2026

DOS EXTRAÑOS

 

DOS EXTRAÑOS

 

 

         Podría decirte que te conozco y te persigo y que me pones alegre el alma y te estaría faltando a la verdad; podría recitarte un poema que  escribí para ti a la luz de la luna y te estaría mintiendo; podría invitarte a un concierto a la orilla del mar en una madrugada del estío  y estaría insinuándote que te quedaras conmigo para siempre; podría demostrarte que sé volar y me creerías un fantasma ajeno a las realidades; podría llevarte la cesta de la compra con unas flores y te asustaría verme; podría esperarte diez horas en una estación sin trenes adonde nunca tuvieras que llegar y te reirías de mi quimera; podría arriesgarme a enamorarte y me rechazarías; en evitación de  ello por cuanto de error pudiera cometer mi atrevimiento y desconociendo tu capacidad de tolerancia para reprocharme la actitud o  aceptar lo pedido,  he de decirte  que  te invito a querernos y a quedarnos en  un lugar que sea nuestra vida desde esta noche, ahora que todo ha pasado y aún somos dos extraños.


Rllanes.

CON TANTO MAR DE POR MEDIO

 CON TANTO MAR DE POR MEDIO

No tengo espacio para vivir con tanto mar de por medio, procuraré que no me rompan en los pies las olas y que la orilla sea el escenario preferido para continuar ordenando la espuma antes del ocaso porque yo no me daré por vencido en la primera muerte.
Ramón Llanes.

CONCURSO DE FELICES

 

CONCURSO DE FELICES

 

            Para ver si tiene consistencia pública y aceptación organizar un evento que se salga de la idea arcaica de los de belleza o habilidades -pensaría el Presidente- hagamos un concurso de personas felices, que obtenga premio quien acredite un mayor grado de felicidad en el transcurso de su vida; dicen unos que no se puede medir el nivel espiritual de un individuo, otros advierten del complicado arte de evaluar sensaciones, emociones, momentos, sueños, etc, algunos auguran un estrepitoso fracaso al asunto y por doquier aparecen quienes aplauden el evento por su originalidad y sobre todo por entrar en juego la consideración hacia aspectos intrínsecos del ser humano nunca hasta ahora tenidos en cuenta para este tipo de liberalidades.

            Se programa pues un concurso de felices sin bases ni requisitos previos a excepción de la mayoría de edad. Se escoge el tiempo de verano donde quizá se propicie más el buen estado de ánimo, lugar de playa, jóvenes y mayores de toda raza, soñadores, desempleados, mecánicos, modistas, extranjeros, poetas, ateos, prostitutas, efebos, tristes… todo ser humano que a tal característica responda. Las organizaciones gubernamentales prestan atención a su desarrollo, se apuntan los departamentos de Medicina, Sociología y Psicología de la Universidad para sacar conclusiones sobre el porcentaje real del estado de bienestar de los ciudadanos y sus causas, la prensa se acredita en el certamen, las asociaciones de libreros, de antiguos alumnos, de futuros médicos, los colegios profesionales, los amantes de la naturaleza, las amas de casa, las hermanas de la humildad,  y un etcétera largo aprueban la celebración del acto que sobrepasa las fronteras  haciéndose eco las redes sociales que llevan la noticia a todo el mundo. Se corre la voz como si fuera un contagio y la repercusión de participantes aumenta considerablemente por minutos, cinco días antes de acabar el plazo de suscripción se reciben miles y miles de  solicitudes. ¿Ha de entenderse con ello que existe un número tan elevado de personas felices en el mundo?; teniendo en cuenta que el premio a los ganadores y finalistas es solo un libro no parece que el interés se centre en lograrlo, deben existir razones extrañas o curiosas que provoquen esa seducción por el concurso, o quizá que cada cual tenga inusitado deseo de expresar su encanto por el sistema del planeta donde habita.

            Esto se desborda, la realidad ha superado todas las previsiones y el Presidente no sabe cómo proporcionar medios para llevar a buen término el concurso como hospedaje, infraestructura de estancia, salón teatro, servicio de seguridad y toda cuanta atención precisa un acontecimiento de esta envergadura. Es una ciudad pequeña, acondicionada para los problemas cotidianos y donde es factible aumentar la población en forma proporcional al número de habitantes pero una avalancha de esta grandeza ocasionará más problemas que beneficios. No sabe qué hacer y acude a otras autoridades para implicarlas en la ayuda con tal de acondicionar aparcamientos, centros médicos, hoteles, restaurantes, es un complemento a la ciudad con una dimensión urbanística superior a la existente en la propia ciudad y la entrada a ella supondrá un caos circulatorio. Se acuerda habilitar un parque en las afueras, allí se monta un inmenso escenario, se dota de servicios propios de cafetería y bares, el lugar elegido es de suficiente entidad de espacio como para soportar un nutrido público.

            En el día señalado comienzan a llegar gentes de todas las latitudes, vienen alegres, desenfadados, provistos de sonrisas en abundancia, acuden a los mostradores de inscripción y se animan a seguir dando muestras de felicidad; la ciudad se hace inhabitable, parece que todo escasea o todo se acaba, que hasta el alumbrado se hace inútil  o parece que se apaga, los aspirantes a ganar el concurso de felices que han recorrido travesías infinitas no se alteran por las incomodidades que presentan los lugares donde se les reciben, no se inmutan ni se molestan por el desorden, han venido hasta aquí porque son felices y no entienden que las circunstancias impeditivas les consigan romper el nivel de agrado, amabilidad, cortesía y complicidad. El lugar de la estancia es un entorno de alto valor ecológico rodeado de un gigantesco pinar y con una gran playa de fina arena, es verano y el atardecer del primer día deja sus notas rojas en el mar y aquella incontable cantidad de personas se divierte en un tono de calma armónica inusual, todos cantan o sueñan, son de sonrisas las leyendas que aparecen en sus caras, emociones expresadas en libertad.

            Se observa una diversión simétrica en un conflicto provocado por un exceso de cantidad, ese es el único rasgo aparentemente discordante en un murmullo general que simula una música de fondo sincronizada con el paisaje. Quienes vinieron a observar se han manchado de vida y han cambiado sus aspectos de tránsito por ictus de actitudes gratas  y así se conspira contra la otra parte de la humanidad que estará en tales momentos con sustos, enfermedades y anomalías en la existencia. El personal es puro género humano, no entresacado de un libro especial o de una tribu incivilizada, seres humanos de esta única naturaleza que expresan su felicidad conviviendo, quizá en forma ácrata, sin reglas específicas ni mandatos pero dominados por el sincronismo de la templanza y la meta de la felicidad.

            Fue imposible determinar una fórmula para que cada cual de los aspirantes presentara sus credenciales de felices en el concurso, imposible también elegir ganadores, todos se habían impregnado del ritmo de la felicidad, la organización decidió aplaudir y conceder el Primer Premio del Primer Concurso de Felices a todas y cada una de las personas que abarrotaban el recinto ante un griterío unánime de consenso y la fiesta siguió con música y ambiente de una recién creada amistad. Quién sabe si amores surgieran que hayan albergado estados permanentes o temporales de felicidad, quién sabe si un negocio, un proyecto, una idea, quién sabe si la vida, acaso mejor proporción de asuntos deseables para la vida o un más acertado destino para salud, principios, sentimientos.

            Ya hace años de aquella prosaica experiencia, la ciudad obtuvo un repunte importante en su economía, todos los medios alabaron la organización y se estudiaron sus resultados en las universidades, se premió por algunas organizaciones no gubernamentales tan ansioso y perfecto proyecto pero nadie reparó en la consecuencia sociológica que sufrió la ciudad que al cabo del tiempo aún permanece contagiada del entusiasmo febril de aquella experiencia y se hace casi imposible encontrar en ella ciudadanos infelices.

 

Ramón Llanes.

 

 

jueves, 11 de junio de 2026

CITA PREVIA

 

CITA PREVIA

 

 

            En la misma entrada del hospital, mientras Loren aparcaba, presentó Isabel en el mostrador su cartilla de seguimiento del embarazo a fin de obtener habitación para su inminente parto, las contracciones se sucedían cada diez minutos, el dolor se reflejaba en la cara y ya no cundía del todo la paciencia. Con sumo agrado, la señora de la ventanilla advirtió de la necesidad de realizar el trámite de la cita previa explicándole con detalle que a través de su móvil accediera a la app del hospital, introdujera sus datos personales, su contraseña, su número de afiliación y la fecha prevista del alumbramiento; una vez en la página debía pulsar Ordenación, luego Asunto, realizar reconocimiento facial, -sin mascarilla- la huella, la contraseña de su certificado digital, llegar al apartado de Solicitud, elegir la casilla parto y esperar unos segundos hasta recibir en su móvil un código que aplicaría en la casilla indicada;  entonces oyó la amable voz de una señora -posiblemente la del mostrador- quien con perfecta corrección le indicó que tendría turno para la asignación de su habitación a las 12,47 horas, debiendo dirigirse a la puerta 24.

            Eran en ese momento las 9,18 horas, Isabel ocupó el único sillón libre de la sala, entraba Loren después de una engorrosa búsqueda por los aledaños, agobiado de prisa y quejándose de todo, había tardado más de cuarenta minutos en dejar el coche en lugar apropiado, sin poder dominar sus nervios, sin encontrar una razón útil a tanto desorden y sin saberse respuestas más o menos lógicas que al menos le produjeran sosiego; cuarenta minutos de vueltas y rodeos en una situación de necesaria premura son una eternidad pero se superó el primer desaliento al comprobar que Isabel permanecía esperándole con una sonrisa y sobrada de tranquilidad. Quiso explicarle ella lo sucedido, vinieron nuevas contracciones, un sudor frío y cálido al mismo tiempo recorrió de párpados a ombligo la piel del próximo padre, se sentó a su lado, intentó transmitirle la paciencia de la que carecía, llamó con insistencia al médico y al poco rato una voz en off pidió a Isabel que se dirigiera a la puerta 24. Lo ocurrido después forma parte de la historia de unos padres felices que recibieron con natural gozo el nacimiento de Lucas, un niño de 4,2 kilos, sonrosado y precioso.

            Un día cualquiera de abril de este año tan infectado por la incapacidad para superar la maldita pandemia y sin solución eficaz para evitar su propagación, un día de esos primaverales que se caen las nubes en forma de calor o de lluvia y que dejan a la estirpe por la solería de la vida sin imaginación suficiente como para continuar subsistiendo, pues un día de esos precisó Leonardo los servicios médicos para una consulta sobre unas molestias detectadas en la parte baja del vientre, era la primera vez que se le presentaba dicho dolor y en casa consiguieron convencerlo a sus 86 años de la necesidad de acudir al hospital también por vez primera; se hizo su hija con el teléfono de la cita previa del centro de salud que tenía asignado, llamó y recibió como respuesta una voz de mujer indicando: “si llama para asunto urgente pulse 1, si desea cita para especialista pulse 2, si llama para receta médica pulse 3, si necesita traslado en ambulancia pulse 4, si llama para ser atendido por su médico de cabecera pulse 5, para cualquier otra consulta, espere”.Siguiendo los pasos señalados pulsó la tecla número 5 y recibió de una voz de mujer el enunciado siguiente: “si desea cita con su médico de cabecera pulse 1, si desea cita con su enfermera pulse 2, si desea cita para receta pulse 3, para cualquier otra consulta, espere”. Una vez superados los obstáculos telemáticos del protocolo impuesto por el sistema fue requerida para introducir o pronunciar el nombre del enfermo con su número de carnet de identidad, tras lo cual consiguió cita para su padre, Leonardo, el jueves 8 de mayo a las 8,52 horas, con la advertencia de su aviso previo si por alguna causa no pudiera asistir.

            Lucas creció en su órbita de acostumbrarse a convivir con las inclemencias informáticas en sus expresiones más amables y en sus trabas más absurdas, de todo vivió y a todo se hizo; Isabel y Loren se percataron de la felicidad muy a pesar de la imposición de atajos técnicos para conseguirla sin olvidarse de la cita previa para obtener la matrícula del niño, para realizar la declaración de la renta, para solicitar una transferencia bancaria o para asistir a las reuniones de padres en el colegio. Se tuvieron que adaptar sin entender la necesidad de tanto trámite.

            Leonardo falleció el 1 de mayo a las 17,43 horas, aquejado de cualquier mal reflujo intestinal o de propia desesperación al no ser atendido por los servicios médicos del centro donde tuviera cita para unos días después.    Al día siguiente la hija de Leonardo solicitó cita previa para comunicar que su padre no podría asistir a la consulta médica prevista para el día 8 de mayo.

            Y al llegar a las esferas celestes a recibir su premio, provisto de buen hacer, de bondad, de todas las solidaridades existentes en la tierra y de una ingente cantidad de cartas de recomendación de hermandades, asociaciones, púlpitos y tabernas, recibió una voz de hombre advirtiéndole: “ si ya tiene cita previa para entrar pulse Eternidad y elija una de las opciones de Paraíso, Purgatorio o Infierno, descárguese la aplicación que corresponda a su comportamiento, pulse Santidad, Locura o Indiferencia, acceda a reconocimiento facial, adjunte su currículo y espere. Su solicitud será tramitada en un plazo no superior a doscientos años. Y recuerde que en esta dimensión el tiempo se mide por instantes. Sea feliz, si puede.

 

 Ramón Llanes.

 

 

 

ATEMPORALES

 

ATEMPORALES

 

Discutían sobre el tiempo, hablaban de encogerlo, de hacerlo desaparecer, de evitarlo, no sabían de otra cosa que esperar en la sala de un centro de salud con un ventanal inmenso por donde entraba toda la luz de la vida mientras ellos, desconocidos y apáticos, desaprovechaban la mañana con tal de salvarse un rato de la soledad.


Rllanes.

miércoles, 10 de junio de 2026

LA SONRISA PERDIDA

 LA SONRISA PERDIDA

-No tengo sonrisa.
-Todos tenemos sonrisa.
-Yo perdí la sonrisa en la guerra.
-Aprende de nuevo, ríete conmigo.
-No puedo ni quiero, si me río traiciono a mi pueblo asolado.
-Pues canta conmigo.
-Tampoco quiero cantar, mi pueblo sufre, no tengo motivos para estar feliz.
-Sueña, entonces.
-Se me acabaron los sueños.
-Ven, lloremos juntos hasta recuperar la esperanza.
-Vale.
Ramón Llanes.-

LOS DIOSES DE AYALA

 LOS DIOSES DE AYALA

Ayala es extrovertido y amable, juega con la vida y se enamora de cualquiera pero ayer afirmó que es un politeísta convencido y desde entonces sus admiradores le mandan flores, versos endecasílabos, libros de cuentos, palomillas y sombreros, porque creen que estos son sus dioses y los disfruta con pasión. Alguien tuvo la idea de regalarle una botella de un brandy de Jerez de una suprema calidad para intentar apartarle de esa costumbre de diosmanía extravagante.
Ayala dejó de existir por un tiempo al cabo del cual apareció vestido de blanco, con una palomilla roja, un libro de cuentos en las manos y un sombrero elegante, advirtiendo que se había convertido al monoteísmo adorativo al brandy de Jerez, -ha sido un flechazo, dijo- que sería su único dios. Y ahora es otro Ayala, mucho más romántico y más natural.
Ramón Llanes.