RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

lunes, 24 de agosto de 2026

A VECES LAS CIUDADES SON TEMPLOS

 A VECES LAS CIUDADES SON TEMPLOS

Para explicar cómo es el silencio solemos referir un templo que es un lugar de culto y oración donde se duerme calladamente el ruido y se percibe la densidad de la calma en su más grata y extensa expresión. Un templo me pareció mi ciudad al poco de pasearla, olvidado de prisa, en la mañana del sábado donde surgían por doquier los humanos y sin embargo se masticaba curiosamente el silencio más profundo; hacía calor, las personas andaban de uno a otro lado, cada cual llevaba su bolsa, su sombrero, su abanico, su mirada y su silencio. Y me encantó observarlo y me pareció un templo y me alegré de comprobar que a veces en las ciudades se cultiva el silencio y sobran las palabras.
Ramón Llanes

CON LOS OJOS

 CON LOS OJOS

Hemos llegado, tú y yo, a la estación término,
nos necesitamos, somos la única perfección,
la membrana que alivia las soledades
y los sofocos de la nostalgia.
Tú eres un sorbo inmenso de libertad
y yo aspiro a ella,
tenemos en común la vida,
acordemos comprendernos,
unirnos en tu humedal
o en mi lírica, firmemos con los ojos
el tratado de nuestra ética
y burlémonos de la discordia como los pájaros
se burlan del recuerdo.
Eres el mar, rey de la historia,
protector de cuantos naufragaron
y se olvidaron de llamarte dios.
Pisemos el agua juntos
con el respeto en calma
y la paz humedecida de nosotros.
Ramón Llanes. (de MARINVERSO)

LA SUERTE DE OTROS

 LA SUERTE DE OTROS

 

 

            Ha puesto la fortuna sus ojos en quienes la persiguieron desde el sobrado carisma de sus sueños de hombres y ha llegado esta a vestir “todo de nuevo” a un número determinado de personas agraciadas que se desplomaron de alegría al observar la coincidencia que les hacía ricos, desmesuradamente ricos, plácidamente ricos, hasta tener que inventarse fórmulas para darle vida al enorme depósito de billetes que entraron en casa de manera tan fabulosa e inusual. Nosotros somos los otros, los no premiados, los que también sentimos el parabién en la sangre y nos congratulamos de tan exquisito regalo y nos confabulamos con su suerte y con los elegidos.

            Ellos estarán deliberando inversiones, buscando el viaje más deseado, sonriendo a cada minuto y sometiéndose al continuo placer de las felicitaciones. Los otros, aquellos que no la alcanzaron en esta ocasión, se desviven por pertenecer a este club de selectos, hacen sus cábalas a modo de sueños y se reparten en la mente la cuantía que no les tocó. Es un círculo de sensaciones, otros y unos -cada cual en su capacidad y en su fantasía- distribuyen dinero y emociones, aquellos desde la realidad y estos desde el deseo pero ambos se conceden un tramo de diversión, sin querer despertar ni proponerse tomar conciencia rápida de lo ficticio.

            Como seres colectivos, nos afecta la suerte de otros, nos anima a entender ese exclusivo goce que está en un aire rígido quizá pendiente de nosotros mismos para movernos en la sinrazón de este genuino toque de gracia que la casualidad o el destino nos preparan; estamos en la noria, la ruleta nos acecha, en cada momento nos indica las cifras, nos tiene atentos al premio, nos alecciona contra la desesperanza y por mucho que venga el fracaso siempre intentaremos buscarle una excusa de mala suerte para justificar la falta de coincidencia del número premiado con el nuestro.

            Sometidos a este resorte crecemos como buscadores de agua en un desierto a sabiendas de que la verdad del cumplimiento de los sueños llega cada día a la luz donde estamos y desde donde construimos los pequeños castillos de ilusión; y miramos alrededor y nadie se olvida de la cita y nos amparamos en comunidad hasta que nos anuncie la suerte su llegada y explotemos con sonrisas nuevas o hasta que pase la suerte sin avisarnos y sigamos sonriendo con los nuestros, distraídos acaso pero pendientes del susto. Y así somos medianamente felices.

 

 

            Ramón Llanes

domingo, 23 de agosto de 2026

MENESTERES

 MENESTERES

Recoger macetas y regar la ropa,
encender las noches y apagar los días,
aliviar los sueños con melancolías,
corregir los años y enfriar la sopa.
Recordar caricias y borrar recuerdos,
recordar recuerdos y borrar caricias,
escribir sin alma y negar la brisa,
esperar los trenes y robar el tiempo.
Si no fueran mis menesteres de prisas
serían indolentes mis sentimientos.
Rllanes

LA ESPERA

 LA ESPERA.

Parece un paraíso pequeño, con sol a muchas horas, arboleda abundante, brisa cálida, lluvia dulce, vida y luces color azucena; lo más parecido a un paraíso. El viento es una música grave cuando entra por los montes y aguda cuando se deja silbar por los llanos; la paz es un don continuo sin necesidad de trabajarla, sobran excelencias y no se conoce la mediocridad.
Los ciudadanos conocen la generosidad de la tierra, a la que adoran, no saben de miseria y el reloj es un compañero de estancia que camina al tiempo de todos. Al pequeño paraíso lo circundan dos bellos y caudalosos ríos que ofrecen agua y sosiego.
En este lugar tan parecido a un paraíso alguien sufre por un amor imposible y la larga espera le ha cancerado el alma viviendo en una indeterminada melancolía como si fuera un héroe desterrado. Y en esta noche de luna llena se bebe a solas su ración de veneno y se duerme en la hoja de un poema que anunciaba su dolor.
Ramón Llanes

sábado, 22 de agosto de 2026

HAS DE SABER

 
HAS DE SABER
 
Me atrevo a escribirte de Paz
con estas heridas sin esparadrapos
porque alguna vez has de saber
cómo me salva
cada día de mi naufragio
cualquier tormenta húmeda,
cualquier dios sin agallas,
cualquier bufón
que me cuenta cosas que no me interesan.
Has de saber
que me suda de tanto dolor la conciencia
y se me nubla hasta la última luz
del túnel cuando ellos no se salvan
y caen al mar de los muertos
siendo vivos desprovistos de honor y dignidades.
Sin haber aprendido a nombrarte y a vivirte
perecieron ante mis ojos
y no fui capaz de quitarle el tapón a la bañera.
 
 
Ramón Llanes

HACER LA PAZ

 HACER LA PAZ

El mundo tenía una paz universal casi imperecedera y perpetua hecha por los pueblos y los estados de conciencia y respeto, vino alguien -un humano o un millón- a desestabilizar los pensamientos, a incluir el conflicto en los libros y en las calles; llegó a nosotros -que estábamos desenganchado de errores- a olisquear células malignas y alimentarlas de perversión. Solo han pasado dos días o dos siglos desde entonces y figuramos en la carátula de las imágenes de la vida como agitadores del desorden y del miedo y se nos han olvidado las ganas de hacer la Paz. Y esos ellos que somos nosotros jugamos a la bondad con apariencias de párvulos recién vestidos cada cual con su hiel y su pistola en la faldriquera del alma. ¡Algo habrá que arreglar!.
Ramón Llanes. 23.8.2026