RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

jueves, 29 de octubre de 2026

ALGO DE AMOR PENMDIENTE

 

ALGO DE AMOR PENDIENTE.

 

 

Todas las fechas clavadas en la memoria,

cada beso, cada palabra,

cada respiración;

todas las fechas aprendidas.

Largas orillas de recuerdos

entrelazados por ti,

todo el calendario-mar

de mi febril pensamiento.

Y retinas en las manos,

dedos en los ojos,

boca en los pies,

esperando jugar contigo

a las nostalgias

y sabiéndome entregado

hasta no entender

qué más puedo amarte.

 

Ramón Llanes.

HISTORIA DE ORGATE

 HISTORIA DE ORGATE

 

 

         Hizo lo posible por enmendar su plana en un impulso viril después de una cuarentena de años pensativo como la estatua del silencio y se erigió en portavoz de sus propios anhelos, en una mañana hortera, cuando la calle era un hervidero de ausencias y el viento huía como escapado de sus garras. Corto y perezoso se añadió a una manifestación en contra del trabajo y volcó su inercia de sueño en su callada actitud de miedo, otra vez, una vez más, en su desorden de cuajo y flema y volvió al catre cansado del trote. Orgate quiso ser bailarín de una corte, bufón en un tanatorio y músico de campanario pero ninguna de las profesiones le engrasaron con suficiencia su ansiedad. Orgate quiso tener un barco en su bañera, un tren en su mesa y un cortijo en su alcoba pero ninguna de tales pertenencias saciaban su causalidad de existir. Su mundo era demasiado grande para tan pequeños útiles.

         El ser y el tener se difuminaban por su notable pensamiento neoliberal, semillero de sus duelos de niñez con el mismísimo futuro, y conspiraban un sinfín de neutrones despistados en su preclara mente hasta conseguirle la falacia de sobrevivir de su cuento.

         Desde hace una eternidad se sabe de Orgate lo mínimo. Pudo haber escrito sobre la inadecuación de posesiones materiales o de la felicidad que otorga el asentamiento filosófico en el “ser”, o pudo escribir del desarrollo del ser humano a través de los apoyos constantes en la colectividad e incluso pudo haber escrito un tratado de cómo vivir sin desacomodarse, -sin dar golpe-, pero prefirió la inacción. Su alergia al trasiego de un campo magnético a otro, -léase de la cama a la mesa-, le insulta en exceso su dignidad como hombre y permanece en el sillón de la espera soñando un mundo mejor para sus características, hecho por otros.

 

 

         Ramón Llanes

POR EL DOLOR DE TODOS

 POR EL DOLOR DE TODOS

Para después del castigo del tren.
Cada vez que se nos pierde un miembro de nuestra sociedad
se nos escapa una ternura del alma
y el dolor nos limita las inquietudes,
cada vez se nos agrietan más las emociones
y se nos desprenden rasgos importantes
en nuestro sentido colectivo del amor,
cada vez la pena nos evita respirar bien
y hacemos de la lágrima una manera con menos felicidad.
Cada vez nos necesitamos más
en la construcción de la alcancía de nuestras esperanzas.
Ramón Llanes. 29 octubre 2026

martes, 27 de octubre de 2026

CAMBIADO MAR

 CAMBIADO MAR

De un trago el azul todo en la boca
derramando agua y cielo
en sobras de mar, el fluir desde la levedad
de la caricia que secciona la cantinela
del rumor, echando de menos lo profundo
y escarbando como si la memoria
se hiciera con las manos.
Mecenas es de astros invisibles,
está en su hueco,
solícito, plateado o amarillo
en su dependencia a luna y sol,
según los pensamientos,
según los días.
Ramón Llanes. (De MARINVERSO)

EL DULCE ENCANTO DEL RECUERDO

 EL DULCE ENCANTO DEL RECUERDO

Pasear o divagar por la nostalgia conduce a un tiempo anterior, ya consumado, desde donde viramos con cierto placer nuestro timón de vida y desde donde ponemos ahora la sutilidad en el engranaje que quizá faltó cuando ocurrió. El tiempo tiene la extraña capacidad de convertir todos los acontecimientos, los envuelve en un paño especial y nos lo presenta en una nebulosa blanca para que parezcan un regalo; a nosotros nos altera la memoria y nos desfigura el gesto, nos traslada al recuerdo de un día de besos o una tarde de risas, nos lleva del error al amor con idéntica magia, nos sostiene todo el pulso del futuro como si de una estructura se tratara.
Y recordar se nos hace agradable, dulcifica el semblante, alegra la corpulencia del espíritu y domina gran parte de los sentimientos. No existen sentimientos ni proyectos ni voluntad ni odio ni envidia ni maldad ni provocación ni mentira ni amor, sin recuerdo.
En cualquier momento la memoria ordena desempolvar cosas de la vida y las libera del olvido para generar ahora el placer de recordarlas, con su enorme carga de sensibilidad y emoción, hasta crecernos un poco en la vanidad y otro poco en la garantía de sentirnos con suficientes méritos como para haber merecido la existencia.
Ramón Llanes
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lunes, 26 de octubre de 2026

HUÍD

HUÍD 


Los locos mandarán en este ágora,
serán los pájaros ministros del aire,
los mudos, ministros de la palabra,
los maricas y las lesbianas y los románticos
dirigirán el ministerio del amor,
los inmigrantes serán nombrados
hijos predilectos del mundo,
los ateos caminarán despacio por las aguas
hasta convertirlas en vidas,
los sordos serán los directores del silencio,
los ácratas harán las leyes,
los olvidados compondrán las músicas,
el mundo que pretendemos
será una alacena con libros, un zaguán,
cualquier repique de palillos,
será todo lo más distinto al vuestro,
fuera de efigies, de banderas, de listas negras
y de sablazos, ni un réquiem, ni una funda
para el revólver os tocará en el reparto del adiós.
Huid como zorros mientras nosotros
os anotamos en las páginas de extinguidos.


Ramón Llanes. (De LA CASA DEL MAR)

 

FLORES DE CHOCOLATE

 FLORES DE CHOCOLATE

Siempre sospeché que no me llevarían chocolate al tanatorio. ¡Malditos desagradecidos!. Allí presumían de afecto y calentaban una condolencia al uso de agradar mientras los familiares, mis familiares, se lloraban toda mi ausencia, se tragaban los recuerdos, palidecían. ¡Oh, qué escena de flores!, coronas y sándalo anunciaban la resurrección de mi carne, ¡creyeron que había muerto!, cortejaron la sinrazón de una vida tan corta; el poeta había muerto, pero nadie trajo chocolate a su lecho, confirmaron mi sospecha. Por venganza, mi última venganza, les negué a todos la palabra. Ellos me animaban, se estremecían, me contaban recuerdos, me abrazaban, yo permanecía quieto, con los ojos cerrados y pensando que necesitaba chocolate.
Al momento de la siesta, eso sí, respetaron mi costumbre, me dejaron solo, las avispas del tanatorio guardaron un silencio de respeto, las flores dejaron de oler y la luz se metió en los rincones de la primavera, de aquel veintinueve de un abril eterno. Me despertó un niño que llamó a la caja confiado que sería la puerta de entrada a la vida, me sonrió, le sonreí, me preguntó si estaba triste, le volví a sonreír y corrió a los brazos de su madre sin dejar de mirarme.
Ellos eran muchos cuando rompieron los llantos otra vez, antes de la hora de una despedida sin retorno. Nadie reparó en mi chocolate, nadie recordó cuánto me gusta y en eso que, antes de subirme a sus hombros, les preparé la mejor treta de mi imaginación. Me acerqué a una de las flores, la más hermosa, la acaricié en tono mío, la saqué del enorme florero, me la llevé a los labios y le puse un beso; ¡sentí el sabor a chocolate que tanto deseaba!. Ellos enmudecieron sin soportar que saliera de la estancia con mi flor, esgrimiendo una sonrisa de travieso y otra sonrisa de libertad.
R.llanes
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