ADIÓS A LA MUERTE
Una noche despertó Sergio sobresaltado llamando a su madre y gritando con efusivo llanto que odiaba la muerte, que no quería morir, que la muerte le estaba persiguiendo; apenas tendría 5 años de aquel suceso; con la ternura propia de una madre le besó la frente y le tranquilizó con palabras cariñosas advirtiéndole que la muerte no existía, que era invención de los sueños, que durmiera, que durmiera. En la paz de la niñez quedó prendido hasta olvidar aquel pensamiento fugaz para volverse juguetón y alegre los siguientes días, como fuera con anterioridad.
Sergio se hizo mayor huyendo de la muerte, renunció siempre a montar en avión, a saltar en público, a trabajar lejos de su casa, a usar el ascensor, a asistir a clases de gimnasia e incluso a enamorarse, a todo cuanto le pudiera acarrear un riesgo de muerte. Ahora tiene más de 90 años y continúa ileso, sin heridas, sin operaciones quirúrgicas, sin amores, en un estado perfecto físico y mental libre de la posibilidad de morir pero sin haber experimentado siquiera una sola emoción en toda su vida.
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