EL VINO DE CADA MEDIODÍA
Hoy me duelen las palabras, respiro a pedal, reniego de mí mismo y he faltado a la vida de la persona que amo; me aturrullo de tanta insolencia, me creo un inútil desesperado que se ha bajado a la indignidad por un descuido o quizá por una sobrecarga de desencantos. Hoy no soy el Yo alegre de lo cotidiano. Volveré a casa, me enchufaré a cualquier emoción, evocaré la memoria, me tomaré mi copa de vino de cada mediodía y animaré mi alma. Y me iré al mundo a plantarle cara a todos los fantasmas y a todas las decepciones.
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