RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

lunes, 1 de junio de 2026

EL VIOLINISTA EN EL TEJADO

 EL VIOLINISTA EN EL TEJADO

Como demagogia define el diccionario “la apelación a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público para ganar apoyo popular, mediante la retórica y la propaganda”. Con ello se evidencia que tal práctica forma parte del entorno político con una intensidad empírica constatada. Es, quizá, la madre de las artes de la estrategia en esto de obtención de poder.
Aristóteles sostenía que cuando en los gobiernos populares la ley es subordinada al capricho de los muchos, definidos por él como los "pobres", surgen los demagogos que halagan a los ciudadanos, dan máxima importancia a sus sentimientos y orientan la acción política en función de los mismos. Aristóteles define por lo tanto, al demagogo como “adulador del pueblo”.
No es permisible que los sistemas se resguarden en argucias de esta índole porque son nocivas para el sostenimiento de la honestidad y convergen en consecuencias de rechazos, podredumbre de la democracia y daños importantes para los ciudadanos. No son aceptables las subidas de tono en demagogias con usos indebidos ni los malabarismos de indecencia por otros tejados. El servidor público tiene un rango infinitamente mayor pero más comprometido.
Ramón Llanes

AMANECIÓ


 AMANECIÓ

Si amaneció de nuevo el cáncamo está abierto, el cuadro se cae o aguanta, la raíz no retrocede, el camino tiene variantes, el prestidigitador nos engaña, todo como ayer. Es un período de días previstos para la ensoñación y los mareos. Que corro, paro, grito, desespero, amo, tiemblo; pistas miles, millones de opciones, infinidad de argumentos que pueden caber en un disco duro, en un bolsillo, en una agenda. Pero es un amanecer, sol tedioso, nubarrones, sofoco, calma, valentía, miedo, ocupación. Un bolígrafo escribiendo pensamientos por una sorpresa, como los pájaros que nunca inventan.
En el ocaso confiaremos en la nostalgia al traer los bálsamos y la tarea será agnóstica y los gozos aliviarán la esperanza pero el día uno o el veinte o el nueve de cada año, sin importarles el siglo, serán exactamente idénticos en el calendario y en la vida, licuada de rutinas. Si amanece, por algo cabe el aliento.
Foto: Joaquín Llagas.