DEJADME,
REYES. Dejadme, Reyes, con los zapatos viejos, la leña ardiendo, el pan dormido y la verdad de los espejos. Dejadme con el amor, con el sombrero, con la voluntad que no he perdido y la paz de los consejos. Dejadme libre, libre, sin complejos, sin venas de ropaje ni causas sin sentido ni luces sin reflejos. Dejadme siempre con los sueños ligeros el corazón con el
fuego encendido y el alma con anhelos. Ramón
Llanes
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