La
creación nace del pensamiento de Leandro y
se le arrima a las formas tradicionales como
una luz, como un suspiro crecido en su aire, la
creación pervive en la pasión de Leandro que
fabrica con arte su
universos de pan de leñas y toda
la conciencia del sabor a nobleza y
a verdad que sus manos ofrecen; la
magia necesaria para el queso, la
constancia precisa para enseñar a las cabras, el
requiebro natural para dominar el entorno. El
paisaje es suyo como
son suyos los cuidos al poleo para
un hartazgo de habas, como
son suyos los árboles que
asombran el huerto, como
suyos son los placeres y la templanza que
las tardes dejan en el humilde caserío. Leandro
no es un ser distinto porque
viva en aquella plácida soledad, es
sencillamente un pensador que
sensibiliza su supervivencia a base de un arte casi
perdido a quien dedica su tiempo. Todo
es ámbito de creación, los
perros se encargan del rebaño, Juan
Antonio hace crecer a los chivos con
la paciencia y el calor. La
vida es de otra manera, tan versátil, tan
única y tan grande como
la ternura inmensa que Leandro pone
a cada tarea, como
la humanidad que refleja su sonrisa.
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