PRIORIDAD NACIONAL
Incluir este concepto de prioridad nacional como nuevo supone osadía lingüística fuera de lo propiamente empírico necesario para componer cualquier vocablo o establecer contenido. Una de las teorías ya antigua donde se asentó el fascismo se cuidó de defender a modo de slogan el “tú o yo” que chocó con aquella otra propuesta por el humanismo del “tú y yo”, también muy utilizada en religiones monoteístas. Desde entonces el criterio genérico de las corrientes filosóficas -unas ultraconservadoras y otras progresistas- se ha dividido en fronteras, formas que han servido para las exclusiones de unos seres por otros seres; la etnia, el color de la piel, la procedencia social, el credo o la posición económica, han sido causas de distinción utilizadas por algunos sistemas en evitación de invasiones o colonizaciones imaginadas.
Todas las sociedades han tendido siempre a proporcionarse líneas evolutivas de avances tanto en tecnología como en pensamiento y así se asentaron los principios de la Ilustración, de la Declaración Universal de los Derechos del ser humano, de la Revolución del Mayo del 68 y de cuantos tratados de Ética y Filosofía han alimentado las tendencias acordes con las posiciones más necesarias para alcanzar mejores cotas de progreso y bienestar. También la Ciencia Jurídica y la Economía se han alineado en este sentido, con otra concepción no se hubieran tocado metas tan suculentas. La mente ha registrado tanta imaginación y ha llevado a cabo tanta avanzadilla que ni a nostalgia huelen los parámetros de antaño sobre velocidad, conocimiento, índices de analfabetismo, superación de enfermedades, etc. Es un tiempo muy abierto donde no cabe la regresión a métodos superados, nada de volver atrás en Medicina o en Investigación, en Arte o en capacidad de desarrollo.
De ahí que la mal tildada “prioridad nacional” solo vislumbre un panorama de crónica vuelta a una irrealidad viciada por la oxidación del tiempo, una predicción vendida como alegoría a lo auténtico, como volver al carburo, a la eliminación del vehículo a motor, a la anulación de los medios visuales o del mando a distancia; un ejemplo de abrazar otra vez todo aquello que la sociedad quiso olvidar por inútil. No será posible, las utopías no juegan en este campo de regresos, juegan a crear expectaciones, a diseñar mil mundos donde solo existe uno.
Legislar ahora sobre constituir una prioridad nacional con significado de eliminar injerencias es imposible; no está acomodada la vida solo en un decibelio, no se alimenta el ser humano solo de un producto, no provienen las riquezas necesarias de unas solas manos. Es imposible generar los límites de exclusión, las sociedades modernas no han avanzado tanto para retroceder en humanismo. Cada humano es protagonista en cualquier sistema y no son admisibles normas que afecten a romper derechos y a anular la regulación de tránsito en sociedades que se precisan unas de otras para subsistir; no es posible impedir la exportación ni la importación, no podrá el poder legislativo olvidar en unas líneas todo cuanto las civilizaciones influyeron unas en otras. Retrotraer la vida a un tiempo sin el uso de “filosofía”, “democracia”, “teatro”, “hemisferio”, palabras y conceptos todos procedentes del griego, no es posible. Empezar a vivir sin el conocimiento jurídico de las leyes romanas necesitaría configurar un ordenamiento sin fuentes; renunciar al disfrute de una obra musical de Mozart o de Albinoni o a contemplar a Caravaggio o Botero, sería inaudito; desacreditar ahora la música de Latinoamérica por entenderla como un perjuicio endémico o evitar el pronunciamiento de vocablos como “aceite”, “aceituna”, “alcoba”, “ojalá” o 4000 más que en nuestra lengua tienen origen árabe o quitar de nuestra ciencia el “álgebra” o el abrazo o la tolerancia o el sistema numérico, con procedencia árabe, o destruir todas las obras de arte del mismo origen- Alhambra, Mezquita, Giralda, etc- que son patrimonio de nuestra humanidad, es imposible.
El engendro de prioridad nacional no tiene fundamentos ni cimientos como para lograr establecerse en una sociedad que se preocupa de actos y pensamientos amables para ofrecer posiciones de progreso sin renuncia a la riqueza aportada por otras civilizaciones y sin alteración de la dignidad de cada ser humano.
Ramón Llanes. 4. Julio 2026.
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