RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

martes, 4 de junio de 2019

ARTURO, EL BUENO


 

ARTURO, EL BUENO.

 

 

Los seres importantes, este año, se mueren en abril, también Arturo, el bueno, desapareció. La noticia no ha trascendido, casi ni en el pueblo; víctima de una dolorosa enfermedad, empotrado en una cama, con el silencio como tónica general, sin queja, sin familia que le aliviara la agonía del alma, sin amigos con quien encender los últimos cigarros, sin apenas voz, se despidió de todos con una sonrisa, agradeció el cuidado recibido al personal de aquel geriátrico, dijo “os quiero” y se fue de la vida sin murmullos. Exactamente el sábado, sobre las 21,40 horas. Arturo no era Papa y solo nosotros, los que recibíamos su afecto, lo enterramos con la dignidad que se mereció, estuvimos un rato mirando cómo le abrían la puerta de la inexistencia, nos fuimos y le dejamos allí tan solo como anónimo.

Arturo no era Papa, pero era bueno y fue grande, más grande que nadie en dar, en entregarse, en amar, en sonreir, en honestidad ; tenía todos los valores que caben a un hombre. Era apaciguador, atento, alegre, extrovertido y la persona menos violenta jamás pensada. Arturo, digo, era grande, pero no era Papa ni Presidente de un gobierno ni cantante ni futbolista.

Desde el sábado hasta hoy han muerto muchos Arturos, que no son ni el Papa ni gente importante. Si la gloria está para premiar a los buenos, si existe ese lugar, pido para Arturo el bueno y para todos los Arturos que ocupen el mismo lugar que las personas notorias en la sociedad y que los traten a todos por igual.

Quizá Arturo el bueno seguirá existiendo siempre en nuestra conciencia.

 

            Ramón Llanes.

lunes, 3 de junio de 2019

INVENTARIO


INVENTARIO

 

 

         El gusto por el orden lleva a un recuento habitual por el cuarto de consignas, un repaso a lo guardado, a lo banal o a lo perdido, una ligera curva después de tanta recta, quizá para encontrar algo o no extraviar del todo lo menos usado. El inventario de las cosas precede con frecuencia a una sorpresa y la sorpresa es un encanto que genera un halo espontáneo de alegría. Poca mengua de agrado pone tal acción en nuestro más íntimo entorno.

         Idéntico gusto por el orden consume los pensamientos cuando a cada atardecer se intenta formular el inventario de los días en la zona más ardiente. Si han crecido las costumbres o se hicieron sueños algunas realidades. La alarma del espíritu, quizá con la doble intención de crear y continuar diseñando sensaciones que en algo enmienden lo que el tiempo no consigue enmendar o que la semblanza para el siguiente día presente un germen más próximo al nivel humano que la conducta señala. Luego de curiosear las líneas alargadas de las manos y comprobar el trazado actual del horizonte, el sentido egregio que cada hombre transporta exige una evolución positiva del quehacer y para tal tarea ha creado el subconsciente este medio actuarial llamado inventario, al que cualquier carácter puede apuntarse sin cuota módica ni insolación, solo bastando una afirmación tácita que desemboque en la acera de la curiosidad un poco y en la del restablecimiento de los poderes patrimoniales otro poco.

         El dogal de la decadencia o aquel de la desidia ponen patas arriba el suelo del espíritu y al entrar, -después de tanto descuido-, se encuentran mecedoras en la cocina, hojas en el aire, miedo en la alcoba y tristeza en la puerta. De ahí su conveniencia.

 
         Ramón Llanes

ARRUGAS


 ARRUGAS

 

 

            Hay un precipicio entre la sensación de belleza y la propia belleza, los paisajes tienen el don de parecernos bellos, es bello el mar, son bellas las tardes de lluvia, la alegría tiene esa facultad innata para ser siempre bella, el cuerpo humano es bello, son bellos los sentimientos, es expresamente bella la verdad, hay todo un recetario de personas y cosas que responden a los cánones de belleza tal como la disciplina ética de la civilización lo tiene asumido y entendido. El libro de los gustos sí existe, cada cual lo lleva impreso en el carácter y aquello que está calificado como bello viene ya consensuado por una mayoría.

            Alguien vino a acuñar la frase de “la arruga es bella” porque el momento lo requería para destronar los modos excesivamente convencionales y en efecto rompió moldes y consiguió que a partir de entonces se le prestara más atención a las arrugas, aunque bien mirado cada arruga es una imperfección de la ropa, la piel o el paisaje. La vida toda tiene sus arrugas, el tiempo va dejando sus imponderables huellas y aquello perfecto se deteriora con su transcurso. Ya hemos aprendido, nuestros criterios de razonabilidad se mueven en otros ámbitos, la arruga es aceptada, como es aceptado el óxido en las cosas, la vejez en los muebles, la antigüedad en los monumentos, todo se ha convenido desde un tácito consentimiento y la arruga ha dejado de ser imperfección.

            La arruga no está subordinada  a los gustos ni al modismo ni a los consejeros ni a la publicidad, no tiene rebeldía para imponerse a los tropeles que la rechacen, es esquiva a la insolencia y se determina en el más convencional de los halagos. La arruga, además, posee ternura, se ha formado tanto en el deleite que se presenta como el resultado más bello de la huella del tiempo en el sentir de las personas. La arruga viene a suplir la entelequia del orgullo, del excesivo orgullo y del denostado cuidado por el cuerpo hasta límites de hedonismo. En la vida de cada cual existe un hueco arrugado que conserva el sentido más puro de su cualidad como ser humano y perdura y nunca se perderá y será el tiempo quien lo mejore. Las arrugas de la vida son bellas como la misma vida. O eso me parece.

 

 
            Ramón Llanes

A FAVOR DEL MUNDO


A FAVOR DEL MUNDO

 

 

            Decididamente las fórmulas del compromiso imponen y requieren mostrar el interés personal necesario para con el mundo, mojarse en las decisiones y pringarse de asuntos que le afecten, no dejarlo caminar solo, inventar intentonas constantes para su regeneración, su limpieza, su nuevo diseño o lo que sea. Si somos mundo, somos protagonistas de sus descuidos y de sus fracasos, somos una cualidad más de su hegemonía y el núcleo primordial con intelecto capaz de reavivarlo o hundirlo.

            Con esta pestilencia deforme y con tantos alegatos activos a las guerras, a las destrucciones, al fanatismo y al incordio, con un tapete azul atemorizado por el depredador hombre, con toda esta amalgama de gérmenes negativos que circundan el lugar donde vivo, con todo, me declaro a favor del mundo y defensor de sus bellezas y sus oníricas semblanzas. Este mundo está pleno de salud y capacitado para un futuro infinito, nada -excepto los humanos- le provocan atentados.- Apostar por mejorar el sitio supone un impulso en la autoestima de los habitantes; siempre y ahora mismo es el tiempo claro para restituir al planeta tierra las partes robadas o estranguladas desde los combates librados en su deshonor. El hombre que ejerciera de máquina destructora deberá ejercer de arquitecto para volver a decorar las luces al antojo del placer.

            Favorecer la vida, los juegos de la vida, la elocuencia de la vida; favorecer la sentimentalidad y los entendimientos; crear signos comunes para la complicidad de las especies, para que exista unión tácita en favor de los seres. Aún es el tiempo noble permitido para este ejercicio de responsabilidad y apego, aún no está del todo debilitada la conciencia y quedan resquicios de valentía para emprender las acciones que faciliten la creación de un ámbito perfecto que satisfaga a este gremio de desatentos con su mundo. Favorecer los vínculos entre todos para salvar la gran parte de vida que pende de este proyecto tan importante aún sin finalizar su ciclo. Decididamente a favor del mundo.

 

 
            Ramón Llanes

sábado, 1 de junio de 2019

jueves, 30 de mayo de 2019

HUELVA, LA LUZ


HUELVA, LA LUZ

 

Un enclave de privilegio enmarca la totalidad de la provincia de Huelva, desde que aparece la primera duna hasta que se esconde el último risco o desde poniente a luz o desde amanecer a ocaso. El tono cegador de los claros del día, el reflejo, -que parece el tiempo en volandas-, la capacidad de generar esa música calma que trae la brisa con tantas sensaciones en el interior o la marea atlántica que acerca la mar hasta los ojos, son cornucopias perennes en el aire que respira la hacedora luz nunca ajena a la vida cotidiana de las callejas, las marismas, los bosques, las minas, las gentes.

Todo es esbelto desde esta promiscuidad de luces, todo es Sur y temple y ceremonia y solemnidad y gracia y acogimiento. El ser humano que vigila y habita estas tierras es igual de resplandeciente que un mediodía pleno, está honorablemente garantizado por el espacio donde converge con el claroscuro, como dieta indeleble impuesta por la naturaleza y afablemente asumida. Se contabilizaron el año anterior solo tres días alternos en que el sol no acudiera a la cita por estas laderas de mar y llanuras, solo tres días que hicieron casi crisis en la dinámica predisposición del ánimo, no es posible soportar aquí la falta de la necesaria luz porque esta luz no es un fragmento de la vida es un Todo indivisible. De ahí el resalte en la imaginación, la espontaneidad, el hedonismo y la sensibilidad que definen los principales rasgos del onubense.

 

Esta efigie que extiende brazos y anhelos en la bajamar, en las cornisas de las aprendices montañas de La Sierra, en los roquedos de El Andévalo, en la planicie de la campiña, en los viñedos de El Condado, en la soñolienta envergadura de las arenas que circundan y protegen su epidermis, en los esteros, en la ría, en los patios de todas las tardes de abril, en los sentimientos de todo cuanto ser se mueve en este lar de claridades, esta efigie no es una sorpresa, que es una constante.

Es Onuba tan esplendorosa como antigua, tan vital como fronteriza, tan abierta como libre. Con sus baños de luz se dispensa el medicamento para el bienestar, hoy y mañana y en todos los futuros que puedan acercarse a la tierra que nos ocupa la mayor de las veces algo más que las esperanzas. Fácil resulta adaptarse, más fácil es vivir. Decimos en refrán que en Huelva se entra llorando y de Huelva se sale llorando, en clara referencia, a la incertidumbre que supone arribar a tierra extraña, a un lugar casi perdido en el sur del sur y a esa fuerza de enganche que ejercen los valores hasta parecer imposible desarraigarse de ella. Una explicación sentimental pero real.

Huelva capital es la madre grande, la surtidora más amable del emblema que advierte el tiempo en la larga historia; a ella vienen los propósitos y las esperanzas, a quedarse, a atesorar los esfuerzos; a la madre grande se viene a la búsqueda del calor de lo institucional y a fundir abrazos inquietos en esa parsimonia pasional que es la vida en una ciudad de sur con el entusiasmo entrando por la ventana desesperadamente.

Luego la dinastía descubridora que a tanto rango llegara. Dentro, eternizado, Juan Ramón Jiménez, con su Moguer, su Platero y con todos nosotros admirándole. Advierten las minas un pasado industrial inigualable, el jamón acierta en cada boca, el marisco es referencia de exquisitez, los vinos en cosechas interminables, el horizonte aún sin cerrarse y el fandango en la sentencia y en melancolía. Están hechos los seres de aquí solo con luz, agua y tierra; es un lugar para ser y una consigna para diseñar la vida con el apego a tales elementos naturales  y fijarla definitivamente con los versos de Juan Ramón: “la luz con el tiempo dentro”. Es así la vida.

 

 

Ramón Llanes.

martes, 28 de mayo de 2019

DEL AMOR Y OTRAS OSADÍAS


 

DEL AMOR Y OTRAS OSADÍAS

 

 

            Para no desviar la mirada que la insignificancia del destino deja en el sitio justo, para buscar esa extraña sensación que rompe los huesos. ¿Será original quien no ama?, la ruta del deseo está escrita en el primer cuaderno de la vida; dicen que las motivaciones se suceden en el entorno del camino; a quién amar, a quién entregarle un sentimiento nuevo, para que no sea entendido. La prenda no es la virginidad es el propio sentimiento, que se ha guardado con pulcritud de sagrario para cuando se hubiere de solear y se encontrare destinatario perfecto capaz de compartirlo; será más íntimo el sentimiento.

            Del amor hablamos en la trena y en el campo, del amor son la palabra y el verso y las muchas verdades y la soledad; del amor es la osadía de vivir con hambre amorosamente desnudo en el golpeo de la lluvia y del amor la locura, todo cuanto arranca la valentía del entendimiento para perseguir o estar con la persona amada. Del amor son las utopías y el alpinismo, el orgullo y la insensatez.  Qué haremos los gremios incivilizados si en el alimento del cotidiano vivir se desprecia el amor y las sopas son solo sopas que sorprenden en el primer calentón y después se enfrían por la incontinencia. A qué estarán predestinados los seres que han creado mil formas de amarse, en qué mundo cabrán los desechados de la orgía sensual que produce la emoción de vivir en apareamiento.

            A estos perplejos consignatarios de placeres les minará de inconsciencia el predictor de amores y acabarán por huir calle abajo del mundo con la sola intención de desaparecer de algo tan inútil como su casualidad de saberse inocuo para amar, para ser exageradamente amado. No será posible, mientras la pasión tenga protagonismo en este teatro fugaz, llamado vida, no será posible que los humanos renuncien a tal sublimidad, cuando pende tanto bienestar sin  más osadía que la entrega, sin otra joya que una mirada.

 

 
            Ramón Llanes.