PINGOROTA
Recordé este vocablo ayer cuando el pensamiento me llevó al otero de algunos de mis cabezos que en mi niñez me sirvieran de juego o de meta; por aquí le pusimos “pinguruta” al lugar más alto de cualquier cosa y llegar a ella provocaba cierta función de atrevimiento y valentía, luego todo quedaba en una efímera contemplación del paisaje que la altura nos ofrecía como descubriéndonos lo más lejano nunca visto o pocas veces observado. Era así esta palabra, estaba al final del palo, del árbol, de la torre o incluso de la vida pero seguía siendo esa pequeña utopía a la que siempre nos empeñábamos alcanzar, como un rito, como superación. Ahí queda.

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