LA LEALTAD
DEL GIGANTE
A esos humanos que son gigantes sin presumirlo.
Wilson habla de sí mismo como si fuera un gigante y a pesar de padecer
una incurable enfermedad en los pies que le impide jugar al fútbol presume ante
otros niños de entender más que nadie de tácticas, técnicas y estrategias de
este deporte, les convence de sus conocimientos con exquisita habilidad y les
tiene prometido que un día les demostrará cómo se desenvuelve regateando en un
área y cómo sabe marcar goles perfectos.
Cuando en la tarde del jueves fue invitado al salón para jugar al futbolín
todos pudieron apreciar su pésimo estado
de salud al tener prácticamente que vivir en una silla de ruedas de la que no
podía levantarse; allí contó de su imposibilidad de acceder a tratamiento
médico porque carecía de la documentación necesaria para legalizar su situación
en el país; allí habló, gritó y abrazó
con la ansiedad de un niño de
quince años falto de todo y acaso se le olvidara advertir que era huérfano de
padre y madre, que vivía de la caridad y que dormía entre cartones, pero siguió
esgrimiendo su arma de saber de fútbol más que nadie.
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