EL CIELO ESTÁ
DESHABITADO
Cuentan las crónicas de avezados
entendidos en celestología que de poco tiempo a esta parte ha quedado el cielo
sin clientela y se ven allá las calles y las camas y los circos y los parques
muy solitarios, completamente faltos del personal que antes llegara a base del
buenismo alcanzado en los sistemas premiantes de la órbita tierra. Se estudian
las causas en universidades astrales para salir de las dudas y corregir o
ratificar los resultados para bien de la atmósfera o para mal de los bichos
vivientes; pugnan encuestas de renombre y casi a diario surgen gráficos de colores
que distribuyen opiniones a favor y en contra de los elementos empleados para
saber tanto de tan alta cúspide en cuestión de tiempos escasos incapaces -según
las ciencias- de advertir dolencia, placer, perversión o daltonismo.
Ha quedado al arbitrio de la
interpretación de los gatos. Lo cierto es que el cielo está en crisis de
vocaciones, que habrán influido los humos tóxicos del régimen mundano o las
incapacidades para alcanzar glorias prometidas o la escasez de creencias o el
imperialismo de la no verdad; nos quedamos sin cielo de aquí a diciembre, sin
cielo y sin frío y acaso sin agua, probablemente sin razón para oponernos a las
encuestas, sin interés por las promesas y sin miedo por no alcanzarlo. Y así
las cosas, de esta manera tan vulgar no demostrada ni escrita en libros
importantes, así las cosas, una vez vivos, felices por tener tierra en los
bolsillos y en la boca, engañados a conciencia y convencidos de la esterilidad del
tiempo y de la tristeza alegre, hechos ya a todo eso y así las cosas, para qué
el cielo.
Ramón
Llanes. 2.11.2026
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