RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

jueves, 24 de octubre de 2024

ANÓNIMO A SU PESAR

  

ANÓNIMO, A SU PESAR.

 

 

Es de esos chiquillos andariegos y voluminosos que andan la calle a todas horas, cuando apenas se le ve, más se le nota, ataca hecho al tesón de morderse la vida para no perderla y consta que por poco en cada momento aniquila algo de ella. Quien le conoce sabe odiarle, se seduce a si mismo odiando, presume de ser odiado, roba un cuento en la esquina y cuenta un robo en la sombra de la farola. Aún no es hombre y ya ha dejado de temblar al sonido de las sirenas que le persiguen; aún no tiene edad para enloquecer, aún no ha gastado tiempo en sostenerse a base de compañía amorosa; es de esos chiquillos vivos que ha creado la calle para sí misma, para su equilibrio, para su vicio.

A todas las horas le han visto antes de un escaparate roto, de un asalto a la tienda de ropa, de un tirón; siempre aparece en el antes del chillido de la calle, luego se pierde en un silencio de golfería incapaz de devolverle pudor o arrepentimiento o dolor. Padecerá lo suyo sin que el margen de la acera lo sepa, sin que se acomode a ser víctima. Es su propio rey, el matón de las soledades que llega de nosotros y nos destroza el prurito de bienestar que enseñamos. Él se aprovecha de nuestra educación y civismo; nos traza la línea con una mirada de macarra y solo nos pide dejar de ser anónimo para empezar a adorarle.

 

 

Ramón Llanes.  

miércoles, 23 de octubre de 2024

FANDANGO. SI YO FUERA DIOS


 

TIEMPO DETENTE

 TIEMPO DETENTE

Y el tiempo paró sus inclemencias y sus solsticios, se deshizo de su gresca, desnudó su parte íntima, gritó como un cualquiera e incluso se odió un rato mientras componía una melodía nueva que inventaba en un pentagrama donde todas las notas respondían al concepto de do-paz, re-paz, mi-paz, fa-paz, sol-paz, la-paz, si-paz y la música sonaba como el agua.
Fue una pócima, se hizo un manjar y la estulticia voló hacia donde fallaba la cobertura y los espacios cubrían su insolencia y no llegaba con el aire el hedor de su imperio. Se había detenido el tiempo al mandato o solicitud, las cosas comenzaron a moverse, pararon las máquinas, los relojes, la enemistad, la altivez, las guerras; y el tiempo boceó con la sonoridad del viento la melodía que los hombres nunca supieron tocar y la vida se descompuso hasta doler.
No había soñado, el tiempo quedó inútil por la capacidad general de los adeptos al cambio, se modificaron las asignaciones de los poderes, se culparon a los verdugos y los mismos hombres que lo detuvieron lo echaron a andar solo con la inercia de la música y comenzó a parecer otro tiempo, otra vida.
Ramón Llanes

martes, 22 de octubre de 2024

DICEN DE LA PAZ

 DICEN DE LA PAZ

Y dicen de la paz. De esa paz que siempre es añoranza cuando más, utopía; de la paz intrépida en la región alta, de la paz templada en las bajas tierras, de la paz nostálgica en los sitios de médanos y algas, mar en señas de paisaje; dicen de la paz como si cada voz fuere un logro y quedare en el casillero personal a la hora de dignificar el currículo. Cada uno la refiere en adjetivo distinto, todos aciertan, ¡es tan fácil conversar de la paz que existe¡.
Y la paz pulula, mientras que el parecer general la estima remiendo de la vida, al momento que suene un globo a roto, un cohete que se enfurezca, un telediario de imágenes oscuras. Vienen a decir lo mucho de la paz deseada o más que deseada, cultivada en el discurso o dotada de rabia disparada o con olor a tripa suelta. El contenido y el resultado no son el medio ni el fin. Son el eco y la resonancia la crema que queda de la noticia. No es el ¡haya paz¡, sino ¡hablemos de la paz¡. Siempre dicen de la paz improperios y a quien la miente ni destierran.
Aún nos volvemos a la alcoba después de los oráculos dudando de si es paz el brebaje actual que hacemos para los niños o se trata de una burda copia de la utopía.
Ramón Llanes.

SU MAJESTAD EL LIBRO

 SU MAJESTAD EL LIBRO

Un libro es una fuente, un pensamiento, una tormenta.
Un libro es el universo, es el agua, es la fuerza, es la lealtad.
Un libro tiene consejos, ilusiones, caminos, belleza.
En un libro caben las ideas, los desengaños, el silencio.
Un libro puede soñar, mover una montaña, detener una guerra.
Un libro sabe de esperanzas, de miedos, de amor, de libertades.
Por un libro se llega a un pozo, a una piedra, al infinito, a lo irreal.
Por un libro sabemos dónde está un volcán.
Por un libro tenemos una historia en nuestras manos.
Un libro es un poema, una rabia, una soledad.
Un libro calma la sed, quita el hambre, inventa un estío.
Con un libro se puede crear un paraíso.
Con un libro se puede comprender una muerte.
Un libro puede ser muchas cosas al mismo tiempo
En un libro están todas las vidas.
Ramón Llanes



lunes, 21 de octubre de 2024

DESTINO AMOR

 DESTINO AMOR

Ella siempre llevaba un libro de poemas en su trayecto de las 7,34 en un tren de cercanía rumbo a su facultad; yo también llevaba mi libro en el mismo tren de cercanía y por tal coincidencia nos sonreíamos sin dedicarnos una palabra, pero un catorce de febrero le pedí que compartiera conmigo los versos y la vida. El tiempo ahora nos recuerda libros, sonrisas, trenes, amor, sin importarnos en qué estación escribimos juntos el destino.
Ramón Llanes.

EL LIBRO

 EL LIBRO

Qué sueño, qué poema, qué conspiración, qué turbulencia, qué profecía, habrán escapado de la permanencia, desde una página solapada?. El autor, movido por un resorte de sabiduría, anega campos blanquecinos y somete su inspiración a cualquier voluntad. Lo hace con la fundamentación del pensamiento. Absorto o loco, escribe en letras y vocablos aproximaciones a la realidad, se baña en la ficción, se desmenuza en partículas, grita página a página para no ser oído, solo tenido, quizá llorado, tal vez vivido.
El libro es una sugerencia a la libertad, a la tolerancia, a la comunicación y a los deseos. Y todos , desde el autor, conspirarán por perpetuidades ; y todos, como enseñantes, eludir rabias y soeces en su contra. Nada más preciado se adora.
Es, otra vez, tiempo de libros. Devenir a la liturgia de la lectura, llegar a los epílogos de la sed y reencontrarse cara a cara con la felicidad escrita.
Ramón Llanes