RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

martes, 25 de agosto de 2026

EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO

 EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO

(Capítulo I)
Lo nuestro es la emoción, desde todos sus aspectos, desde un ámbito general a otro particular e íntimo, desde su sentimiento y desde el entusiasmo que marca por pertenecer genéticamente a un lugar único donde se identifican valores que son distintos a los de otros entornos o que se resuelven de forma más magnificada. Es la savia que nos viene dada, que traemos en origen y de la que difícilmente nos podremos desprender en el largo transcurso de la existencia.
No es necesario estrenar tiempo para reconocer los registros emocionales que ofrece El Andévalo en casi todas sus expresiones; los tiempos son una circunstancia más para la sorpresa, siempre está patente la posibilidad como buen refugio para internarse en los sabores, los olores, los colores, la sensualidad y las devociones que esta tierra aparentemente ocre pone a disposición de interpretaciones y vivencias de sus habitantes y de sus adeptos. Todo es posible en su belleza, cualquier escorrentía, ladera, solana, jipío, llanto, o cualquier manifestación de folclore se identifica con un extenso y singular promontorio de causas para concluir en admiración.
Su definición podría encerrarse en su versatilidad en la belleza y en su capacidad de afectación. Es una tierra muy amada, muy perseguida para los tantos ratos de placer que contiene para el disfrute de la festera forma de sobrevivir en buena complicidad con las excelencias del ámbito. El Andévalo es un enorme cofre de tesoros y verdades guardados y de los que sus habitantes se encargan de custodiar con ahínco para librarlos de contaminación y legarlos con perfecta identidad y facultades a los herederos de tan rico caudal. Estar en El Andévalo constituye una delicia inaudita, andarlo supone un deleite, conocerlo es más que una obligación, convivirlo inyecta espiritualidad y amarlo es una máxima vital.
He de referir, no obstante, en honor a nuestra verdad varios guiños que a modo de premisas han configurado esta reflexión que hoy expongo con el mayor respeto hacia todo lo dicho y hecho porque de ello es mi fuente. Convengo en advertir que soy escritor y no historiador y que desde esa perspectiva romántica y poética hago mis propuestas.
Otro guiño lo advierto en cuanto a la toponimia de nuestro simbólico nombre ANDÉVALO; sé que es tema ya tratado pero permítaseme indicar que me asiento en convicción en alguna de las teorías que mantienen como origen del nombre al dios Endovélico o Ande-Baal, quizá emblemas devocionales en épocas remotas que nuestros muy lejanos antepasados tuvieron como referencia tal como para que se pusiera el nombre de Andévalo a un cabezo situado entre Cabezas Rubias y El Cerro y donde se encontraron vestigios de civilizaciones anteriores. Quede ahí.
Ramón Llanes.



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