EXPRESIONES EMOCIONALES DE EL ANDÉVALO.
Esta belleza no ha podido ser creada por un diablo enfadado, más bien pudo ser un desafío con dios y decir : “pues yo haré una tierra mejor”. Estamos en la certeza de que el ser humano andevaleño no es muy distinto en su caracterización humana del ser humano de las otras comarcas de Huelva pero sí presta una atención distinta a los símbolos que ha querido que fueran sus emociones. Existe una adscripción necesaria de la emoción a la devoción, principalmente religiosa, pero también lúdica y festera que en ocasiones se mezclan y se convierten en componentes a tener en cuenta. A nuestro entender las facciones que muestra un andevaleño para determinar su emoción se expresan en los siguientes sentimientos:
A.-Devoción y emoción.
B.-Apego al arraigo.
C.-La influencia del fandango, la guitarra y la juerga.
D.-La emoción del paisaje.
E.-La emoción a través de folclore y gastronomía.
F.-La emoción desde el intimismo romántico.
G.-Influencia emocional del ámbito.
H.-Gestión emocional de la muerte.
Estos rasgos identitarios no se dan en los miembros de otras comunidades o al menos no se dan en forma conjunta. Con independencia del mucho honor que para los andevaleños suponga la pertenencia genética a su ámbito –es una cualidad muy asentada y acentuada en todos los núcleos- cada cual de los próceres parece mantener en su sello original la misión de una defensa arcaica por su territorio, su costumbre y su carácter. Existe un corte emocional muy parecido entre un andevaleño de Paymogo y un andevaleño de Alosno o entre uno de Las Cruces y uno de Tharsis. Los parecidos son gérmenes naturales pero también son aprendizajes e intercambios conseguidos a través de convivencias habituales que tan frecuentes son en nuestra especial geografía. Cuando comienzan los primeros toques de tamboril anunciando las Pascuas de Castillejos y El Almendro todo El Andévalo se viste psicológicamente de cirocho y piedralbero, es la costumbre de compartir con los pueblos vecinos sus emociones. Por la Santa Cruz de Las Cruces acudimos a su Romería todos o casi todos y estamos en San Bartolomé haciendo fiesta de amistad y nos hacemos los tramos de la Traída y la Llevada de la Virgen de Coronada en Calañas y compartimos Romería con Tharsis y nos subimos al Peñón por la Peña de Puebla de Guzmán y cantamos fandangos en las calles de Alosno a primeros de mayo en su fiesta de la Cruz y nos admiramos juntos con las expresiones estéticas de las jamugueras en San Benito de Los Montes y El Cerro y estamos en La Zarza con la Patrona Santa Bárbara y en Riotinto con la Virgen del Rosario y La Esquila y en Zalamea con su Patrón San Vicente, en Nerva con su feria de San Bartolomé, en Valverde con los actos en honor a la Virgen del Reposo y en Villablanca con su importante Festival de Danza y en Sanlúcar de Guadiana para disfrutar de la belleza de su entorno, de su Romería de La Santa Cruz y en El Granado cuando es tiempo de Santa Catalina y en San Silvestre haciendo piña en torno a su Romería de la Virgen del Rosario y a sus cosas, en Paymogo por la inolvidable Santa Cruz en tiempos de mayo y en Santa Bárbara con San Sebastián, en El Campillo en sus fiestas de verano o en su Romería de la Santa Cruz y compartimos devoción con Cabezas Rubias en su Romería a San Sebastián y con Berrocal un poco más lejano, con Los Sachos y con sus Cruces de Mayo, en Sanlúcar con la fiesta en honor de la Virgen de la Rábida o la Cruz, nos ponemos guapos y pintureros para la Velada de Valdelamusa y las fiestas de El Membrillo de Cueva de la Mora y de cada una de las aldeas que componen nuestro círculo más amado y así hacemos un viaje emocional en la búsqueda por la comparecencia y el disfrute. No olvidemos que somos seres más colectivos que individuales.
Ramón Llanes.
Foto: Ermita de Piedras Albas, en Prado de Osma. El Almendro y Castillejos.
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