RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

domingo, 6 de abril de 2014

POETIZAR EL TRÁFICO


POETIZAR EL TRÁFICO


Como de pronto en un cruce, (dígase cualquiera, póngase uno de los muchos que se distinguen aquí, tan cerca de nosotros como el aliento) alguien sabe que llevando el coche no puede parar encima exacto del paso de peatones, no vale hacerlo quien llegue primero; o de pronto si circulas con ansias de todo, entender que el semáforo (artilugio tipo gigante con tres cabeceras de colores) advierte con el ámbar para un descansito a la prisa y así “de paso”, los peatones cruzan creyendo en la seguridad; o de pronto que el respeto por las zonas que están destinadas a vehículos sean para vehículos y por allí los viandantes (también se nos llama de esta manera) nunca expresen el paseo en calma de la tarde.
Si como tal se describe fuere la vida en esta ciudad que habito, existiría conciliación entre ciudadano a pie, ciudadano a coche y elementos de tráfico, sería algo poético, tendría belleza este orden, porque desde aquí cada usuario del medio impondría un método en vez de acatar una norma; sería también estético observar que se enciende un semáforo, se detienen los vehículos, cruzan los peatones; la ciudad tendría el ritmo de un soneto y una rima continuada en asonante prólogo de convivencia, bienestar como epílogo, sería poetizar el tráfico.


R. Llanes. 

PITERILLA


PITERILLA.


Cualquier lugar es bueno para una estancia. Mejor es el tiempo con el sitio y sus aledaños configurando el sentido estético y glotón de la vida en esta ciudad tranquila y frágil. Es mejor la vivencia que en lugares de tumultos y ruidos. A pocos pasos encuentras el saludo, luego la mirada, las gentes que te son conocidas, las caras que se te arriman en la mañana varias veces y te tropiezan una complicidad de confianza. El lugar no lo es todo pero es mucho más que un simple tramo de hileras de pisos y balcones o mucho más que una general escalinata con enredaderas.
El lugar es La Piterilla, sembrada de sombras en las luces tempranas y de claros en la tarde, verdes salteados de tonalidades distintas, rojizo el temblor de las parejas amantes que se entrenan en los tenderetes de hojas, listo el olor a bodega, compañeras las tertulias. Es como un rincón de relojes perdidos incipientes de prisas y locos por volver. Y una vez pronosticado el precio de su amabilidad en cualquier estación, los bancos te hacen señas de hospitalidad, te refunfuñan las idas y te atraen. Hablan de descanso en el transcurrir cotidiano y consignan los crecientes de una sonrisa al pasar, como gesto de confidencia.
Piterilla , ciega al desequilibrio de la voluntad de más abajo donde los motores se pegan por llegar primero, renace en un rumbo atrevido de oasis desafiando a vulgaridades y estorbos. En ladrilletas y blanco, arcos y barandas, asomos y silencios; en custodia perenne de la egregia tributación al gris de la sombra, Piterilla, absorbe y descorcha cultos al paseo y al templete, como madrina del tiempo o manijera de las botas, algo más que recibir cierta fragancia de manzanilla y beber en la solapada atención de los pájaros trovos. En misión de charlas vienen los oradores al templo del lugar, arriba de la cuesta, antes de la esquina. No trepan cargos ni ansían poderes nuevos porque atienden por sus nombres propios y sus ademanes siempre conducen a la amistad. Nadie pierde turno por tardío, nadie se marcha sin la espera.
Al otro lado se circunda un dos de mayo que más bien es plaza del Piojíto convertida en alegoría romana que tampoco le afea. Y al fondo, la rúbrica onubense de un cabezo de ocre ensimismado en los crespones y en las dalias de la fantasía, y también en la mar oliendo a río. Y al otro fondo toda la fanega de trazos de vida y de organigrama de ciudad, pero allí, la Piterilla, elevada y transcrita de un pasado de juegos.
En este recorte de pliego imprentado a la paciencia del lector, las cosas se vuelven pequeñas por la distancia y el transistor de la letra intenta sufragar los gastos del espacio, por eso ha traído gráficos de valor a la página. En ellos, los símbolos de la ciudad que amamos. Y al otro fondo, con el horizonte de agua pegando en la vista, el pulso del andar, la tensión subiendo y bajando al ritmo de los pies, la razón convirtiéndose en loma para alcanzar y los socios de esta Piterilla internando en una copa toda la locura admitida de los mejores placeres. Esos de la sombra, la estancia, la fe de los novios, la enredadera caída, las barandas y los saludos de las gentes que te conocen. Cosas de la Piterilla.



Ramón Llanes.

MUDANZA


MUDANZA.


Levanté la semana con ganas de hacer algo inmenso que pusiera la dosis necesaria de delirio a los actos para que fueren respetados y produjeran el entusiasmo de los buenos momentos, dediqué los primeros días, léase lunes o martes, a meditar las grandezas que se listan en el protocolo de vivir que tuvieran capacidad de cumplir el perfil trazado. Acaso escribir un libro, acaso ponerme a las puertas de un organismo cualquiera a ofrecer mi huelga de hambre por un bien común (para que apareciera la chica perdida en Sevilla), acaso pintar con letras en rojo muchas paredes de Huelva y que me detuvieran más por buen pintor que por asqueroso, acaso repartir billetes de 500 euros por los barrios más necesitados, acaso ser mendigo, payaso, artista, poeta o afilador. Todo con tal de ponerle un aire distinto a una semana cualquiera, que solo se destacó por fútbol, frío, viento y cuesta arriba.
No sé, acaso cambiarme de peinado (que sería imposible), o cambiar la sonrisa por otra más cariñosa. Eso, algo inmenso, algo delirante.



Ramón Llanes.

MIRANDO ATRÁS


MIRANDO ATRÁS.



Por sana costumbre, miramos atrás, para analizar y recordar el pasado. Hoy lo hago, una vez más, porque es viernes y se me fue esta semana como otro soplo. Y observando de reojo el crepúsculo de este período de tiempo casi extinguido quiero mentirme y mentirte (ahora que me oyes) para comunicarte que Sadam resucitado y Busch envejecido, han firmado un acuerdo eterno de paz. Lo he visto en una televisión de cerca de las estrellas. Oí también tambores de armonía en los caseríos del Pais Vasco donde las armas callarán su voz y las calles volverán a ser palacio de todos y la violencia un ingrato recuerdo. Mis amigos estaban en plenitud de vida, aquellos que se fueron en un suspiro Benito, Jesús, Miguel Angel, Paco, Esperanza; amigos de siempre que volvían a la escena de la concordia como no hace mucho. Oí que los barcos grandes no naufragan en los paraísos de los mares y los hombres siguen rutas de felicidad a través del tiempo y del esfuerzo. Oí la canción sonora de la tierra allá en las nubes, un cohete que vuelve con siete tripulantes, un hombre que ama a una mujer, un sádico que no existe, un monje que se pasa el día rezando sin saber si su oración tiene sentido pero le hace feliz; oigo abrazos, abrazos que se oyen, palabras que se cantan, misterios que se comprenden.
Oigo que estás a mi lado cuidando mi debilidad, que me vienes a canturrear ternura a los labios, que no me mientes cuando me amas. Oigo que el destino me toca los dedos, nos toca, nos deja abierto el postigo de este fin de semana que ha de valer un imperio porque solemos amarnos. Oigo que no te he mentido, que no me he mentido, que esto no era un sueño. Oigo, oímos, que podemos comprobarlo mirando atrás y quedándonos con el corazón para que la próxima vez que miremos atrás la vida siga siendo un camino recorrido con televisiones que anunciaron toda la paz desde cerca de las estrellas.
Oigo, si me oyes, que también hoy nos recordamos el amor en dos bandas sin necesidad de santorales comerciales y que no puedo morderme la lengua y repetirte que te quiero.





Ramón Llanes

ME PREGUNTO


ME PREGUNTO


Me pregunto de qué se puede escribir hoy, que es viernes, que está el suelo nublado, que las mujeres van un poco más ligeras, que las farolas se encienden más tarde, que no hay sitio para aparcar, que la prensa habla de lo de siempre, que han llegado nuevos inmigrantes en los cayucos, que se le ha ensombrecido la cara a la familia de quienes ayer se fueron de la vida, que tengo que hacer la declaración de la renta, que he quedado con la tristeza, que nos han avisado de la ruptura de la tregua de paz, que atracaron anteayer a un amigo, que comienza el verano con sonrisa, que despidieron a la chica por llevarse todo el cambio de la caja, que la gente sigue comprando juguetes, que me afecta el dolor de la ausencia.
De qué puedo escribir hoy para no defraudar a mis ganas de enfilar el sábado y tenerme muchos ratos para mí solo, mientras la playa se abrirá temprano para los demás.
Me pregunto si serás capaz de oírme con la misma ternura.

Ramón Llanes.


¿MÁS AMOR?


¿MÁS AMOR?.


Este santo amoroso inventado por El Corte Inglés, como dicen muchos, o renacido de unas cenizas cómodas y vuelto a esta realidad para sorprender al ser amado con una flor o un libro, nos hace reflexionar sobre las dos opciones y en ello estamos desde que comenzó esta curiosa historia entre San Valentín y nosotros.

Fijemos de una vez para siempre que nada mal nos viene un regalo precedido de un “te quiero”, con una sonrisa, luego tal vez una tierna mirada y luego lo que se antoje, que en esto del amor somos muy antojadizos. Fijemos también que, a veces, las ropas no están para agua y el monedero tiene hambre; así, cualquier desmarque del gasto es entendido y tolerado pero de ahí a entregar un beso va un abismo. El beso es gratis, la mirada no cuesta, la caricia resuelve muchas tensiones y dedicarle un día, solo es un día, al ser amado, con más pasión, con más atención, con un mimo nuevo, es algo fuera de controles comerciales y dentro del sentido propio y humano que nuestras relaciones requieren.

El amor es el sentimiento más fuerte y produce la sensación más grande que ser humano pueda imaginar por eso apuesto otra vez por el amor, en San Valentín, en San Pedro y en todos los días de la vida.


Ramón Llanes.

viernes, 4 de abril de 2014

TODO CUANTO HAS DADO


TODO CUANTO HAS DADO


Ayer, hoy mismo, mañana, todos los días presentan razones para un buen recuerdo o para un brindis por seres a quienes la dote de la vida nos asignó para cuidarnos. La madre es la gran diosa de estas virtudes o la virtud por excelencia o la culminación de la entrega. Ningún tiempo es limitado, ninguna tarea acaba; existe un infinito en cada fondo de cada cajón y una creencia indestructible en cada caricia.
Cuándo será tiempo de pronunciar todos los nombres, de volcar en ellas los halagos; cuándo será tiempo de agradecerles su entrega; a cuánto tiempo de ahora permitirán los oráculos una dedicación de verdad y pleitesía por las madres que han quebrado el dolor y han podido con la miseria, solo a base de la sola pretensión de la dádiva constante hasta ganarle todos los pulsos a las inclemencias, a las circunstancias y a los inconvenientes. ¡Cuánto derroche, cuánta ternura!.
Seríamos de barro si olvidáramos, estaríamos hechos de un metal nunca fabricado por ellas. Es la primera indignidad.
No tiene el calendario para hoy fecha del día de la madre pero se me acercó este pensamiento porque la grande madre mía cumplió más honores que años y se me vinieron a la memoria muchos de sus desvelos por mí.

Ramón Llanes. 4.4.14.
Publicado en huelvabuenasnoticias.com