MI NOVIA JAPONESA.
El primer día que Ruri, -mi novia japonesa- entró en casa, mi padre tomaba con litúrgico sosiego su brandy de Jerez de la tarde, con su gran copa de buen cristal en mano y utilizando todo su ritual adscrito a su manera especial de compaginar tal placer con una grata lectura.
-Soy Ruri,- dijo ella intentando pronunciar correctamente las pocas palabras que sabía de castellano- y le saludó con una leve inclinación de cabeza fijándose y señalando las manos tan blancas de mi padre, interpretando este que se refería a su copa.
-Brandy de Jerez- comentó mi padre con idéntica cortesía-.
Desde hace diez años -formando ya parte de mi familia- sigue creyendo Ruri que mi padre se llama “Brandy de Jerez” y hace que surjan el humor, la complicidad y una delicada sonrisa.
Ramón Llanes.
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