RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

sábado, 22 de junio de 2024

MEZCOLANZAS DE POESÍA IBÉRICA


 

jueves, 20 de junio de 2024

EXTRAÑEZAS

EXTRAÑEZAS
¡Qué extraños los lances
que no se agrietan
en las venganzas,
renuevan los odios y
aplauden
como golfos
ideas de sumisión!,
¡qué extrañas las formas de dios
para dominar los sentimientos!,
¡qué extraños quienes se anuncian
para ser inútiles
en cualquier verdad!,
¡qué extraños los perros que saben más
de lo que cuentan!,
¡qué extraño el efímero goteo
de amabilidad
que inventa el mundo
para ocultar
ingratas insolencias!,
¡qué extraño el amor sin tí!.

Ramón Llanes. (De Asomos del Miedo)

miércoles, 19 de junio de 2024

CIERTO OLOR A MARISMA

                         CIERTO OLOR A MARISMA

 


 

        Eternamente marisma, piélagos, humedales, lodazal y equilibristas del fango . Marisma en plena comunión con eriales de estopa, angosta paz irritada a fuego y satisfecha por especies en reproducción anunciadora, consuelo del sobresalto en cualquier pulmón que mira a Huelva, allá por las “bacutas” despiertas y los ánades, y no más que las funciones oficiales deshaciendo libertades. Marisma con encías de “odieles y tintos” unidos en la misma respiración, cuando a propósito la mar les estorba y les requiere.

 

        Cierto olor a enjambre de olillas desquebrajadas por la parsimonia del hedor que agota. La vida en la marisma comprada cada día a precio de escondite, sufre miocardios de estrés y suele moverse y revivir por no irse. Tiene poco espíritu el agua, no se afeita con brochas de espuma, calla, presume una soledad de vaivenes a los ritmos luctuosos de dictadoras mareas, tan lejanas. Fuerte olor a marisma agallando en los témpanos agoreros de abundancia. Olor a brea suelta y a pócimas de sal, olor a costumbre, a fresco, a citrato de niñez empuñado en los ojos rizados y verdes del tiempo bruto tan sordo a la eslora, tan rácano al espacio.

 

        Esta ciudad, rica en palpitaciones, es umbral para sortear islotes y meteoros; acoge, recibe, entretiene y colecciona a advenedizos como entrega maternal que obligara el apego a la marisma. Es nuestra opción primigenia, el valor calado que nos presenta diferentes a fenicios antecesores, romanos, árabes y tartessos; ya somos ribereños de marismas de Huelva, de tez sólida, mirada abierta (como la mar) y actitudes ganadas a las convivencias. Es la Huelva nueva, ya brotada, ya esparcida en las colonias mismas de la hospitalidad para que quien se marche salga llorando. Esa es motivación de orgullo; que Huelva, siga oliendo a marisma, siga estableciendo pautas de diferenciación con quienes nos conquistaron. Ahora vale.

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Ramón Llanes

martes, 18 de junio de 2024

DOS ORILLAS

 

DOS ORILLAS

(Un relato inacabado)

 

 

Para escribir esta historia acudió Dora al lugar más preciado que tenía, adonde los sentimientos se estaban cuidando fusionados con emociones indelebles y se mantenía la seriedad de la grandeza con un mejor fragmento de vitalidad. Y se fue Dora a su abuelismo, a su cofre de oros nuevos que tanta frondosidad alcanzara en sus últimos tiempos, a su Lucía y Álvaro, sus nietos, para desde allí juntando letras, palabras, entusiasmos, ratos, risas, abrazos, llantos y mil misterios más formar un relato inacabado capaz de reflejar la parte más tierna de su universo.

Ya está, ellos ya lo saben, saben que son protagonistas de la verdad de su abuela; saben que nunca será más extensa y prolongada una caricia que la de su abuela Dora. Ella también lo sabe, conoce los resortes para apretarlos haciéndoles cómplices de sus latidos y tal como fragua su pasión con ellos en la opción real, en el patio, en la mesa, en el almuerzo, en la casa, de tal manera, como una continuación a su libro no escrito de sensaciones, ha empeñado su traje de madre, hermana y abuela para mancharlo con ellos en las aventuras cotidianas que las palabras le ofrecen para la expresión más noble de la ternura.

Empieza por darle a los nietos a conocer lo escrito y empiezan a suceder cosas, a ellos se les abren los mundos, a ella se le abre la sonrisa; luego se miran, se abrazan, beben con pausa para seguir la lectura; hace que su diario sea el diario de los niños suben alborotados los chiquillos que antes jugaban al lado del parterre saltando de dos en dos los escalones de pizarra que dan acceso al jardín…Ahí afuera sigue latiendo la vida -piensa-.

Recupera el recuerdo, acude a la memoria ensimismada en la melancolía y va haciendo sus castillos, enumerando sus sueños. Carmen -la escritora- es mujer de temple amable y no se da prisa por el acontecer próximo, sabe que vendrá a ocuparle todo el espacio, no se duerme, se afana en arreglar los cojines, airear la sala, iluminar la vida de los suyos; se susurra entre dientes y le vuelve a leer algunos párrafos de sus relatos; ya no tienen edad de nada de eso: una partida de algún juego de mesa, la tableta o alguna maquinita han dado el relevo a aquellos ratos de pura fantasía que ellos, seguramente, ya habrán olvidado.

 

Y la vida de afuera continúa su curso hasta que se propongan aceptar un consenso; así que el sábado que viene veremos Romeo y Julieta, por segunda vez. Y aparece Magda y otra pulsación a la historia. Y todo se convierte en un relato o en un cuento íntimo, solo vivido desde la emoción casera, como si fuera diseñado a la hora de la siesta.

Y transcurre la vida mientras escribo, apresuradamente a veces, otras sin prisa…lo más fascinante podría surgir en medio de esta cómoda placidez, a ratos nostálgica que existe en la rutina de lo cotidiano. Hoy, aquí, en este ahora, sin pretensión alguna de grandiosidad, garabateo mentalmente unos versos: se cuela/ un alegre trinar de pájaros/ por los postigos entreabiertos/ de mi ventana…amanece/me dicen que no estoy sola…/ a lomos del viento Olvido/ volarán las memorias…

 

Y Dora y Carmen y Álvaro y Lucía y Cristina y Andrea y los recuerdos, y la emoción de escribir y la sensibilidad de compartir y todo lo demás y todo lo demás del alma empiezan a fundirse en DOS ORILLAS, mientras, afuera, continúa latiendo la vida, inacabada.

 

            Ramón Llanes. 17.Junio 2024.

 

UNA QUERELLA

 UNA QUERELLA

El sueño ha sido plácido, soñé con la lluvia y con los charcos; el sueño fue cálido porque soñé con el proyecto de vivir, de hacer, de enredar libros con papas aliñás y no sé por qué me levanté con un deseo irreprochable de querellarme con alguien por algo, contra estos de las guerras por ejemplo o contra quienes dejaron ayer morir de hambre a los pobres por culpa de la vida o quizá poner una querella a quienes contaron la historia como no fue, a quienes nos equivocaron tantas veces, a la ilimitación del poder que hemos otorgado a los elegidos a través de nuestros votos. Tengo una lista de causas que son motivo de querellas, que están produciendo expresiones de dolor y engendrando sentimientos de horror, que sabemos que producen discordias y pendencias, que sobran en nuestra tribu, pero los nombres no son ciertos, se mueven, se esconden, hoy son estos y mañana son una sociedad oculta, no encuentro contra quién interponer mi querella, no soy un iluminado, esta sería la primera vez que la pusiera y creo que me duele más que me emociona. Debo preguntar a quienes tienen experiencias en esto o dejar el asunto para nunca, al fin y al cabo mi conciencia no guarda rencor y desconoce el odio. Y entonces caigo en la cuenta que la costumbre de tanta querella en nuestra tribu quizá responda al exceso de soberbia o avaricia o rencor; no sé, me voy a mis versos a ver si cuando vuelva me encuentro con un panorama más concordante con nosotros que perseguimos lo pacífico.

Ramón Llanes 18.6.2024

lunes, 17 de junio de 2024

QUÉ SABE NADIE

 QUÉ SABE NADIE

 

 

            Secuencias del panorama cotidiano prescriben un rumbo anodino a las pasiones y las dolencias se hacen símbolos que enajenan. Humanos dicharacheros buscando la noción de un vivir con distintivo verde -por añadirle un color a tan golosa osadía-, los teoremas se rompen en yerbas conversas; nadie espera lo esperado, se ha puesto de negro el horizonte como una sartén sin “avíos” y el estómago empieza a tener su reloj avisando de consecuencias nefastas para el toreo de cada minuto con la cornada expectante para ser hincada al menor descuido. Y nadie se pregunta cómo dorar la píldora a la forma de vivir y nadie pregunta cosas más allá del precio del pan y se ha convertido la avenida en un suburbio insalubre, hediendo a culpa y a petición de ayudas.

            No es el mundo pequeño lo que era ni las cosas tienen el tamaño real de anteayer ni es miércoles para un gustazo antiguo. No es el mundo lo que era porque se nota en las enaguas el olor a melancolía y trance, el estado de derecho es una emoción a perseguir en forma de imposible, la razón no es importante. No saben qué comemos ni conocen las letrinas de nuestras soledades. Desconocen la necesidad del esfuerzo, no tiemblan, no mueren indecisos, no cambian.

            Es el zulo oculto que  nos tenían preparado para restregarlo por los ojos y apretarnos más los dientes con el dogal del miedo. Qué saben de abrazos, de risas, de reuniones, de amigos, de proyectos; qué saben de entendernos, de acercarse, de tenernos en cuenta y de tutelarnos. Parece que se nos ha caído la sombra perpetua en las narices y nos corresponde una parte de luz cada mil años. Nosotros en el agujero, para encendernos cerillas y calentarnos la ilusión unos a otros en espera de un plazo mayor o de una multa menor. Otros haciendo cábalas para recoger una media manzana, un bocado de esperanza o una lombriz perdida que alimente la caridad antes del poco sueño pendiente. Y el tiempo arrinconando los pesares para que nunca sean olvido; un témpano de catarsis se anuncia en los gestos de la tristeza y nadie acude y nadie atiende y no se otea el final de esta tragedia.

 

 

            Ramón Llanes

CUALQUIER DÍA

 

CUALQUIER DÍA

 

El mismo viernes pasado por ejemplo allá en las puras estribaciones andevaleñas, por aquellos pedruscos milenarios que nos dan ganas de comer, recorrí mecánicamente senda para llegar hasta ese lugar donde la Puebla ofrece manjar, apetito y agrado; hice acopio de caldereta, revoltillos y atún con tomate que Manolo Charra preparara con maestría, excelencia y pasión y volví a la mina con toda la riqueza culinaria debajo del brazo para ser degustada en casa contemplando el paisaje del cabezo de la Peña, simbología de estos pagos. Lo destacable fue todo: el saludo de los amigos en el bar, la conversación con Cristóbal y más la emoción de Manolo que me extendió su mano con la sonrisa abierta hasta su infinito y me pareció recibir de él un mundo sobrenatural para nuestro más ambicioso paladar. Y puso de postre su afán, su ternura y su palabra indicándome que la cocina le aportaba temple y entusiasmo y yo añadí que al mismo tiempo ponía su nota de exquisitez al universo gastronómico de su tierra y saciaba el ansia comedido de expresivos degustadores de tan excelsos manjares, como Mari, Miguela, Luis y yo. Le dí mil gracias y salí contento y sonriente.

 

                Ramón Llanes. 18.6.2024.