RETAHÍLAS.
RAMÓN LLANES
jueves, 17 de octubre de 2024
RETAHÍLAS
miércoles, 16 de octubre de 2024
SOBRE LA BALSA EN VALDELAMUSA
SOBRE LA BALSA EN
VALDELAMUSA
Sigo con interés este conflicto
que inventan para deshacer una parte bella del paraíso Valdelamusa colocando
malestar a modo de balsa para residuos mineros. No procede, no es lícito crear riesgos para los seres humanos que hacen
allí sus vidas, las autoridades no podrán conceder permisos para perjudicar la
salud de los ciudadanos. Existen muchas contradicciones en este asunto y para
tener una opinión cierta léase con detenimiento el amplio informe que Ángel
Romero viene publicando en esta red y así conseguirá formarse un pensamiento
crítico más veraz y sobre todo más social. El miedo no puede con todo, la
empresa no va a cerrar, los obreros no serán despedidos, todas las soterradas
amenazas son estrategias empleadas para conseguir lo proyectado quizá con una
alta dosis de demagogia política jugando a las “mentirijillas”. Ahora no, a
estas alturas de la civilización no hay marcha atrás para reivindicar el mayor
de los derechos que es el derecho a la vida limpia y sana. Pongamos para el
diálogo todas las opciones sin enemistar empleo y bienestar.
Ramón
Llanes. 17.10.24
COMO UN ADIÓS
COMO UN ADIÓS
ANTES DE ESCRIBIR
ANTES DE ESCRIBIR
La motivación del escritor está en el aura interno de la prueba
cotidiana, en los caldos donde se cuecen las insignificancias de un cualquier
día que no se ha vestido para ser novio,
cumpleaños, efemérides o domingo; a esos días sin señal roja, sin número
especial. Se crea la idea, un palpo, la vuelta de consolidación, las respuestas
y el resultado. De hoy, por ejemplo, antes de escribir, quien motiva es la
rabia, siempre tiene la rabia presencia en este sustrato de tierra tan en vilo;
la rabia, digo, porque surge punzante la leve agonía de obligar a superar
obstáculos imprevistos.
Dígase bomba para no decir agua, tráguese la página mediatizada del
diario más aliado, compruebe que a nada de menos nos venden respirar, póngase a
la cola para solicitar seguir sobreviviendo en estado puro de ética, llévese
las manos a la cabeza si solo le cae un casquillo roto de una guerra torpe. Y
pregúntese luego, para su motivación en el escrito de antes de escribir, por
qué no juzgan a quienes se hinchan o hincharon de poder dejando desastre en el
reguero de
Ramón Llanes.
martes, 15 de octubre de 2024
EL PLACER DE NO VIVIR A LA MODA
EL PLACER DE NO VIVIR A LA MODA
La
sociedad nos obliga a vivir ajustados a las modas porque son las estrategias
del capital para un desenvolvimiento mayor de sus estructuras para el valor
añadido de los productos que se convierten en un beneficio más sustancioso para
quienes dominan los sistemas, este tipo de sistemas de venta, compra,
financiación, comisión, etc. Y casi no tenemos otro remedio que aceptar la
imposición modal si queremos huir de ser señalados en términos peyorativos por
los demás. Claro que las modas son solo de vestimentas nunca de ideas, de
conciencia, de actitud, nunca de verdad o sentimiento.
Vivir
en contra de esta demagogia, -no aceptar
los flujos que imperan para la forma de las solapas, el color del pelo, el
ancho de los pantalones y otras menudencias- supone quizá un quebranto a la
norma, una especie de discordancia con los cánones pero produce un estímulo en
la dignidad que pocos entienden. Los placeres del ser humano son infinitos, el
placer de vivir fuera de los contextos que las modas obligan contiene la doble
emoción de la rebeldía que proviene de una personalidad más versátil sin que
deba considerarse como radicalización. Con las ideas, el compromiso, la
solidaridad, el deber y la pasión sí nos debemos a los tiempos.
EL HUMOR NOS SALVA DE LA REALIDAD
EL HUMOR NOS SALVA DE LA REALIDAD
La
realidad goza de salud, no se debilita con el paso del tiempo, nos tiene
absortos e inclinados a sus caprichos, se asoma siempre con crueldad amarga,
persiste en la ignominia y acarrea perversión al trance de nuestro vivir. La
naturaleza humana es sin duda más sabia que la realidad y sostiene siempre a
mano el antídoto del sentido del humor para tener una carcajada dispuesta y
mofarse de ella y quitarle prestigio; todo es serio, todo rígido, todo
impoluto; gastamos media vida en aprender a entender la realidad y sus
consecuencias nos embargan las pasiones pero muchas veces nos reímos de
nosotros y le buscamos mofa a tanta “serietud”, le echamos un pulso de
relajación y convidamos al mundo a burlarse de sus estructuras.
Al
final de cualquier jornada o incluso al final de la propia vida nos olvidaremos
de las hipotecas que conseguimos pagar, de los bienes que tuvimos, del dolor,
de las desesperanzas, del tabaco, de las carencias y solo recordaremos con agrado los momentos de
risas; se nos vendrán a la memoria -en la última etapa de la conciencia- los
ratos compartidos con humor. Ese será el legado a disfrutar, lo demás quedará
en un olvido rancio sin posibilidad de otra vigencia. El buen humor es la
delicia más cercana del alma.
EL CANSANCIO
El cansancio
A mitad de la cuesta asoma siempre el primer síntoma de
cansancio y la meta parece infinita; arrecia el aire, las piernas son de trigo,
la mar no se otea, el niño ha perdido su esperanza y se sienta sin mirar las
retamas que punzan a todas partes su amarillo. Pero el niño dijo, ¡vámonos!
antes que todos los demás, o mejor, cuando aún los demás seguíamos cansados
como viejos.
Quedan diez pasos, apenas unos riscos que sortear, los
brezos que se saltan sin esfuerzo y un jaral tintineando su humildad en la
solana. El niño juega a subir y corre más que el viento, los hombres -nosotros,
por más señas-, solo nos preocupamos de respirar creyendo que la supervivencia
es menos que eso. Nadie habla de abrir la mochila, nadie sabe definir ese regio
horizonte que estábamos buscando y que por fin se nos disuelve delante de los
ojos, nadie habla, todos descansamos excepto el valiente niño que apenas llega
a alcanzar los cuatro años.
Ya en la cima deseada, con el cansancio dormido y la piel
abyecta y estirada, la mirada es nuestra gloria. Allí están los campos rojos,
las montañas grises; allá se esconden las migajas de tiempo, los sobresaltos y
la libertad. En eso pensábamos hasta que el niño gritó que tenía hambre y
recurrimos a la mochila, disfrutando de un lugar un poco más cerca del infinito
de cuantos nosotros ocupamos a diario.
El cansancio limitó nuestras fuerzas, nos agujereó los
músculos, nos irritó la sangre y nos apresó el estímulo pero nos parió un
paisaje que siempre habíamos soñado.
RAMÓN LLANES