BUENOS DÍAS, BOMBÓN
Hace poco que ha llegado al lugar de mis compras diarias y se ha conseguido llenar aquel frío espacio con amables sonrisas y palabras de agrado; me dice, “buenos días, bombón” con alevosía y me estimula pero lo repite a todos los clientes y todos nos sentimos más sostenidos en el alambre de la sensibilidad de esta chica durante el rato que nos atiende. Es menudita, atenta y alegre como una campanilla, no alcanzará más allá de los veintitantos y ya se ha ganado un hueco en nuestra madurez. Gracias, Araceli.
Ramón Llanes.
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