RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

martes, 12 de abril de 2016

UN ESPACIO. (INÉS DÍAZ RENGEL PARA RAMÓN LLANES)

"Fábula del vacío"

Hay un desconocido lugar
que tiene sombras, que tiene árboles;
un lugar sin nombre donde
pactan sueños de nadie,
donde amanece a horas desiguales
y el mar es el vacío.
Ramón Llanes



UN ESPACIO 

Mi espacio,
el que solo existe dentro de mí,
el que contemplo, con el que estoy en armonía,
el que a veces su silencio me acompaña,
donde no hay árboles, pero hay sueños,
donde el mar es inmenso, pleno de ilusiones,
el que disfruta de los colores de la memoria.
Y es que en ese lugar
siempre está él con un gesto alegre,
con la felicidad aprendida
dispuesto a recibirla y acariciarla,
porque ese recinto es bello,
sin tapujos ni reminiscencias,
donde permanecerá siempre
huroneando todo mi ser
y en mi alma desnuda se quedará,
dispuesto a recibir un bautismo de luna
y un encendido crepúsculo
engullendo todo lo bello del paisaje.
Es el que me suma vida,
el que me resta horas,
porque no se ha apagado
el paroxismo de la vida.
El que siempre veré
con los ojos de mi último aliento.


25/3/16 Inés Mª Díaz Rengel

SONETO A RAMÓN


lunes, 11 de abril de 2016

VALLE, EL JUGLAR DE THARSIS

 
VALLE, EL JUGLAR DE THARSIS


Su nombre completo es Manuel María del Valle Domínguez Feria, pero su paisaje, su pueblo, sus vecinos y todos los seres vivientes de Tharsis lo conocen como Valle, un juglar de mina y trovero completo que tanta diversidad de fandangos haya compuesto para alegrar esos aires a veces tan grises del entorno y para dejar una huella indeleble en la memoria más afable de su tierra, con esas letras inventadas al momento que a tanto saben y tanto aportan a la sonrisa o a la propia identidad minera. Nos hemos preguntado en familia muchas veces sobre la génesis de este don de mi tío Valle para dominar tan perfectamente los trazos de la poesía, convertirla en fandango a través de un quinteto en octosílabos y cantarlo con invención improvisada y no llegamos a otra conclusión que remontarnos a un primo de su madre -mi abuela Ildefonsa-, que era poeta y era de Valverde -Juan Manuel Feria Chaparro- y que murió en aquella contienda absurda de la Guerra Civil; quizá de ahí le vienen esos genes literarios que con tanta profusión le han distinguido durante toda la vida.

Valle tiene ahora ochenta años, aprendió de niño a tocar la guitarra con el maestro Correa y luego descorrió mil amaneceres con el Pinche, hermanos Toronjo, Antonio Abad, Perolino, Ángel de “seña Pura” y Juan Díaz, hasta hacerse con su toque único e interpretarlo en la más peculiar de las maneras; él sabe punteos que ya no se tocan, dota a la guitarra de potencia y la adorna con letras extrañas que se le ocurren al mismo compás que el rasgueo. Expresivamente es un juglar, semánticamente es un trovero y líricamente es una excelencia inequívoca del arte, a modo de genio. En Valle se resumen todos los adjetivos, cualquiera le corresponde, es inteligente, expresivo, gracioso, mordaz, intuitivo, acertado, lógico, tiene en el cajón de las virtudes sus huecos bien llenos de la mucha imaginación que le ha puesto a su vida y del mucho oficio que ha conseguido acunar. Cuando Valle está en una fiesta está asegurado el deleite, nunca defrauda, siempre tiene versos que decir y siempre encuentra el objetivo de sus halagos para definir a quienes en ese momento prestan cuidado y atención a su trance y a su sonanta. Desconozco el número de fandangos que habrá compuesto improvisadamente en su vida pero doy fe de que todos los conserva en su memoria, ni siquiera uno se le escapó de su control. Valle es una estrella perpetua de la mina, criado y creado aquí, cuidado aquí y siempre deseado para alegrar juergas o escucharle sus aciertos poéticos. No es posible encontrar ser humano que con tanta facilidad haya expresado tanto en los cinco versos que componen el fandango.

Es misión mía obligada presentar un breve recorrido por todos esos que le salieron del alma y que forman el patrimonio suyo personal y también patrimonio local y universal. Haciendo este ejercicio de memoria recordaré quizá uno se sus primeros fandangos, cuando en la edad temprana, me cuenta, comenzó su oficio de albañil y que debido a su versatilidad y capacidad fue cambiando de oficio hasta concluir:



Mi principio fue albañil
y luego fui recovero,
ahora me tienen aquí
hecho un pobre panadero
no sé cuál será mi fin.

Quizá un poco arrepentido de todo su estado de profesión, cantó otro día:

No quiero ser albañil,
me voy al cascabelero
o con tío Benito el Cano
donde yo estuve primero
con veinticinco marranos.

Sus letras han sido muchas veces definitorias de su propia identidad, como aquella otra, también de sus comienzos que decía:

Guardando lechones estuve
con la Pepa la Motera,
con Pedro Gento y con Bravo,
con “toa” la Cobica entera,
con Juan Miga y con Juan Ramos.
Es sabido que desde hace más de 50 años tiene un huerto cerca del Cabezo “Las Culebras”, donde además de sus cultivos y animales le ha servido de fuente de inspiración; a aquel lugar le tiene un cariño especial, adora su paisaje y se confiesa defensor de este ámbito. En un momento de impulso sentimental escribió este fandango:

Cabezo de “Las Culebras”
no te separes de mi
mira que estoy a tu vera
desde el día en que nací
y estaré hasta que me muera.

Un día en una apertura del Coto, a donde siempre era invitado, una veces como “jatero” o tras como guitarrista, le cantó a Diego Rechino:

En el Coto el Rinconcillo
cambié el burro con Ginés,
lo cambié a una burra negra,
en ese trato gané
aunque en el próximo pierda.

Algún otro día, en cualquier improvisada juerga, quizá se desviara la conversación a temas de los propietarios de la mina para que Valle dejara evidenciada su actitud frente a los conflictos existentes en cuanto a este tipo de identidades, para proclamar su pertenencia de esta manera:

Yo tengo más parte en Tharsis
que don Federico Bell,
más que don Carlos Strauss,
más que don Claudio Tassel,
porque en Tharsis me he “criao”.

O aquel otro de:

Yo soy más tharsileño
que el cabezo El Madroñal,
más que el Cerro de los Gatos
las Infantas y la Majá,
más que el Dique El Lagunazo.

Consiguió imponer una fuerza en su voz bronca capaz de enganchar al menos aficionado o al más crítico y sin pretensión de destacar ni de ser protagonista se hizo acreedor de una fama que se hizo extensiva a todo el Andévalo. En Alosno, en La Puebla, en Las Cruces y en Paymogo, principalmente, fue siempre requerido y admirado. Quedan en los recuerdos de todos estos pueblos sus fandangos, su voz y la grandeza de su guitarra. Cantaba:


Tengo un compadre en Las Cruces
que es digno de admiración,
no le gusta “el palaustre”,
ni le gusta el mostrador,
no encuentro “ná” que le guste.

O aquel otro, dedicado a José Salguero, también surgido en momento de juerga:

Tu compadre es Isidoro
y el mío es Bartolomé
y si estás “arrepentío”
por lo borracho que es,
te lo cambio por el mío.

En una ocasión preguntó en Las Cruces por Antonio El Cano y nadie le supo dar norte hasta que uno indicó que era Antonio “El Ruína” y de allí surgió este fandango.

Tengo en Las Cruces un paisano
que le llaman El Ruina
y eso en Tharsis le llamamos
a uno que vende sardinas
que en “ná” se parece al Cano.

En Alosno tuvo un largo recorrido de festejos y juergas, allí compartió sonanta con los mejores guitarristas y aprendió y enseñó mucho del fandango. Siendo alcalde Juan Mateo Jiménez ordenó éste hacer realidad aquella metáfora de las esquinas de acero y así fue cómo Valle homenajeó tan positiva actitud:

Famosa calle Real
dime quién fue ese alosnero
que te hizo realidad
esas esquinas de acero
que eran “imaginás”.

En otra lejana ocasión, una Velada, de copas con Guillermo Caro, Paco Crossman y Juan Diaz, ante la inminencia del final de la juerga ya avanzada la mañana y ante la prisa de algunos cantó así:

Paco va a perder el pañuelo
Guillermo la “peoná”,
y Juan va a perder “la dama”,
yo me tengo que marchar
que mi madre me reclama.


También en una mañana de Velada, -cuando tenía el Kiosko- nos sentamos la reunión completa a echar el último rato. La guitarra sonaba sin parar y a su llamada se nos acercó un hombre con muchas copas encima que no dejaba de incordiar, a lo que Valle le cantó:




Vete ya “pa” la Cobica
a cuidar de los lechones
y no vengas más “pacá”
a estropear reuniones
cuando tienes la tajá.

El aludido, que era un amigo suyo de Los Montes, se enfadó tanto que echó a llorar como un niño chico y Valle le cantó:

No me hagas más llorar
que eres como la cebolla,
mira que te voy a llevar
“anca” la Paca la Polla
de Puerto Rayo “pallá”.

En una ocasión tuvo que separarse temporalmente de Tharsis y así expresaba su desconsuelo :

Adiós Cerro de Los Gatos,
adiós llanos de la Utrera,
Divisa y El Polvorín,
curvas de las “cantaeras”,
cuándo volveré a venir.
Aquel ya ancestral y conocido fandango premonitorio que es como un himno:

Tharsis, quien te conoció
tus grandezas rememora,
si ahora tu vivir es triste
ya te llegará la hora
de vivir como viviste.

Cuando la mina empezó a ser ampliada se iba comiendo parte de la población que estaba cercana a los filones, a esta situación le cantó así:

Si pudiera defenderte
Tharsis de mi corazón
quizá que no me ganara
ni Agustina de Aragón
“pa” que no te derribaran.

Tiempo muy atrás cuando el amigo Pepe Gervasini estudiaba en Granada, cada domingo de Sandalio estaba destinado a marcharse y siempre se perdía el Sandalio muy a pesar de su afán por quedarse. En una de esas rabietas por no querer apartarse de Tharsis le cantó Valle:

Un domingo de Sandalio
un tharsileño decía:
cambio el patio de la Alhambra
por una encina vacía
en lo alto de Las Magras.

Pero toda la sublimidad la expuso en una ocasión cuando quizá quiso definirse como ser humano o como amante de su tierra. Es uno de los fandangos más importantes visto desde la composición, la lírica y la emotividad, dice así:

Soy piedra de mineral
con ley de Sierra Bullones,
soy del más puro metal,
soy del rey de los filones,
soy quien más profundo está.

Este fandango es un tratado de verdad y de espiritualidad, y es también un manifiesto de amor por la mina, por todo lo que encierra el patrimonio esencial de la mina, por los hombres y los pensamientos de la mina. Este fandango debería estar escrito con letras de oro en todas las memorias de los mineros porque define perfectamente a todos los mineros.

Escribir de Valle y hacer un recorrido por su vida de trovero ocuparía un libro completo porque ha vivido experiencias inenarrables, ha abierto muchas veces las puertas de la ilusión y del buen hacer y ha lanzado al aire infinidad de ocurrencias imposibles de resumir en un papel. Su bagaje es infinito, su cante está en el espíritu de esta tierra, su filosofía se encierra en ofrecer su genialidad para divertir y divertirse, su sentido del humor le ha convertido en un ser inusual, perfecto en su armonía de complicidad con toque, cante, alegría y agrado y siempre dispuesto- con sus normales rarezas de genio- a hacerle a sus amigos y vecinos más agradable la vida; serán pocas las personas de su entorno que no estén inmortalizadas en alguno de sus fandangos, esa ha sido su mejor forma de testimoniar el cariño a sus paisanos y a su tierra. Escribir de Valle es enredarse tanto en el tiempo hasta no acabar.

Ramón Llanes, enero 2016.

DETALLES INESPERADOS

 
DETALLES INESPERADOS


La tarde era todo abril en formas, el traje de la luz contenía esa seducción extraña que quizá solo guste a los románticos, los versos estaban a punto de aparecer, el lugar era febril y pulcro, con limusinas humanas que presidían el fastuoso ocre de las sillas; se esperaba sencillamente a la palabra, todo se había dispuesto para el culto de la palabra. Aquel rato duró más rato, hizo la mella lírica en las conciencias, se hizo mucho más rato Paz entera incluso empezando a mezclarse poemas con músicas, jardín que contenía una vida inédita en la silueta dócil del páramo de bellas vistas de pinares y humedales cercanos, de gentes de sur, de emblemas tiernos que insinuaban una explosión de emociones. La totalidad de los sueños se fundieron en un solo sueño, las ochenta almas pensaron en Paz con largura y el sentimiento de seguir trabajando por ella se escribió en todas las memorias. Más arriba la acera guardó el vehículo de tránsito con sabiduría y utilidad. Cuando el poeta dió por cerrada la noche de los versos para volver al origen material de la vida encontró prendida en el parabrisas una nota en papel con letra grande que surgía de lo más inesperado de la sorpresa: VIVA LA POESÍA, indicó la reseña, que se ilustraba con una pequeña sonrisa dibujada en pocos trazos. Quizá, otra vez, mereciera el universo un tiempo de poemas cultivadores de Paz.


Ramón Llanes 11.4.2016.

domingo, 10 de abril de 2016

ALGUNAS COSAS RARAS


Con esto del calor hoy se levanta uno con las orejas gachas, desgana de andar y comido por esta cálida tristeza que agobia más el deber que la pena. Se le dan vueltas a las cosas raras del vivir, que si los obispos metidos siempre en política de barrio, que si la paz sin descubrir, que si los violentos nos conceden treguas de vida, que si a Irak le otorgan premios de muerte a diario, que si Palestina es el fortín de los deseos incumplidos, que si la tele idiota, que si las próximas elecciones están aún de vacaciones, que si los etcéteras serán una continuación de las oraciones transitivas; y algunas otras rarezas en el galimatías de existir. No será por verlo todo negro que hoy la luz restalla y asombra, ayer lo mismo; y estos días atrás su influencia maximizaba la sensualidad. Tampoco será que el muermo se nos cae encima como el sofoco y nos atonta; tampoco la desidia, que uno hace reflexiones profundas sin colesterol y llega a conclusiones profundas sin colesterol. Será que miro la vida desde el nudo, eso será.
En esto de cosa rara, digo que si elegimos para gobernar a cincuenta, por ejemplo, por qué luego solo gobiernan los veintisiete que eligieron mis vecinos, que son del partido o de la división tal. Que jueguen todos a gobernarnos, que se impliquen tanto los más guapos como los menos traviesos, que se enrollen en aportar tesis, ideas, soluciones y que no se dediquen solo a mirar para juzgar. ¡Qué raro!. También la intolerancia, también rara la incapacidad para comprender que dos seres puedan amarse aunque pertenezcan al mismo club, a la misma orquesta o al mismo sexo. ¡Uf, qué cosas más raras!.

28.8.14
Ramón Llanes.

BAJAR A LA MEMORIA


Lo sé, sé de todo lo sentido, de lo vivido, de lo nuestro, de lo ajeno cercano, he bajado mucho a la memoria; y aquí donde son huellas los silencios, en la cripta misma de la memoria, están los abuelos mirando qué hacemos al pisar la tierra, si profanamos su creación o la adoramos, si entendemos de estirpes y mantenemos la dignidad. Lo sé, sé que están las abuelas con la cara muy blanca y rosa los apellidos rezando el amor a la manera del tiempo, deseando que les limpiemos todos los días la suerte, hagamos la lumbre y cenemos en el enjambre de la sastrería. Y los primorosos recuerdos que se soslayan en la paz de la memoria, comentan las abuelas desde el murmullo inaudible.
Ayer también está como reforzado en la memoria, ese ayer de pronto, de cuando solo hace falta levantar la primera sábana y te lo encuentras, ese ayer de póstulas y letanías, adonde los parientes dormidos quejaban su sueño y dejaban que viniéramos a estrenar la copla o el pregón, encender los ojos o apretar el abrazo. También, por entonces, aconsejaban los mayores que gozáramos sin torpeza. Vino, en este ayer que aún se toca, el padre, a beberse el camino o a caminar el agua, vino con nosotros, con las cacerolas de la madre y la espera gloriosa de los nuestros de aquí, que hacían más fiesta porque estábamos, que magnificaban la consigna de los antepasados y se volvían dioses, porque estábamos. Lo he vivido, lo sé.
Cuando, con tal descaro, se baja a la memoria no queda otro remedio que postular el ideario de la familia, de cada uno de la familia que ha grabado corazón, gesto, manía, olor, inteligencia, voluntad o cejas grandes. Y a ellos, que son el prestigio del recuerdo indeleble, y a quienes aún trenzan espacios y los abren, reunirles todos los besos calmos, todas las efemérides, todos los sitios escogidos y esperarles siempre en la memoria, con los nuestros.



23.2.07

Ramón Llanes.

LA ÚLTIMA POETA

LA ÚITIMA POETA Replica a un poema
de Ramón Llanes 



Versos de sol y pasión
sin brizna de epidemia.
De la mano de la última poeta
que disloca las palabras
con el bisturí de los sueños,
que deja el alma sin piel,
se ríe junto al espejo
y se convierte en especial ocaso.
Verseando o relatando
los inalcanzables deseos,
de la mano de la última poeta,
que se murió como vivió,
soñando despierta.



Cristi Fernández Martín