RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

martes, 4 de noviembre de 2025

ECO

 ECO

Utilidad del eco para un tiempo
sometido a trances,
nunca miente ni por placer se equivoca,
nada le altera, todo es conciencia,
siempre es un verso escondido
adonde no llegan las golondrinas
ni los humanos conocen,
es su mejor verdad.

lunes, 3 de noviembre de 2025

POYO

 POYO

He aquí un vocablo controvertido al que trataré de rebuscarle sus enigmas semánticos. Un “poyo” según el diccionario es un banco de piedra arrimado a las paredes colocado en las puertas de las casas en zonas rurales, es también un asiento o un poyete o un pretil. En nuestro léxico más cercano, el de toda la vida, un poyo es aquello que ahora llamamos encimera de la cocina donde se colocan los cacharros para el fregado y donde se hacen las labores habituales para el cocinado. Dije controvertido porque existen palabras que no cambian de significado si se pronuncian con “Y” o con “LL”, como “llamada” o “yamada”, como “llegar” o “yegar”, según se emplee el llaísmo o el yaísmo; sin embargo no ocurre con esta de poyo porque cambian sus significados si se pronuncian con “LL” o con “Y”. Ya sabemos que poyo escrito con “Y” es una encimera, pero escrita con “LL”, pollo es una cría que nace de un huevo de ave. En este caso la manera de entendernos nos juega esa mala pasada y hemos de estar atentos para no incurrir en error. Por ejemplo: durante la fatídica Dana se habló mucho del Barranco del Poyo, escrito así, que en valenciano significa “lugar alto”. Por genética existe una dependencia lingüística evidente entre “poyo” y “apoyo” o “apoyarse”. No encontré fotos. Ahí queda.
Ramón Llanes. 4.11.2025

domingo, 2 de noviembre de 2025

MIRARNOS SIN IRA

 MIRARNOS SIN IRA

Somos distintos en la jerga y en el tono,
parecidos en la sabiduría
iguales en la bondad
y ambos, siempre, alimentados
por las mismas ubres
Ninguno de nosotros precedemos
en constancia y hemos tenido la suerte
de avanzar juntos en los desafíos,
allá tú en tu ámbito místico,
ambos soñadores a su modo, ambos tercos
en la rebeldía.
Ocupamos la minúscula línea comprometida
de la tierra que nos clava en el sitio elegido,
hemos llegado hasta aquí a través del ocaso
y aquí seguimos a base de sentimientos.
Crecimos gemelos al calor de la tierra
para entender mirarnos sin ira.

NUEVO DÍA

 NUEVO DÍA

Al pisar la calle, aún con su regusto a noche, me agobia muchas veces la sensación de saber con seguridad si soy merecedor del nuevo día, de esa inmensa prominencia de luz que me está enriqueciendo la melodía de vivir; al sentir el primer hilo de frío en los mentones tengo la costumbre de aliarme con tal placer, olvidado de cuantos inconvenientes me van a deparar la crecida de los intereses, el discurso absurdo del político absurdo de turno, el malestar que veré en las miradas sin miradas de los seres desocupados, la falta de voluntad incluso en los voluntariosos, la felicidad que no germina en las personas de mi entorno y las miles de locuras que se suceden a cada paso, como si estas fueran la más natural manera de comportamiento; pero me olvido del tiempo que me falta para empezar a olvidar mi memoria y me pongo el traje de nuevo día como si me colocara el uniforme del paraíso y todo me empezara a girar a mis solas órdenes.
Son las primeras horas, aún con la escotilla del pensamiento semicerrada, y se anuncian desencantos a modo humano; un desalivio por aquí, un malentendido al uso, un reproche inservible que daña, un sinadiós inesperado, nubes de desconsuelo que han bajado -sin permiso- hasta interioridades reservadas. Despropósitos que el nuevo día va sumando a la agenda mecánica del alma y ordena en los pardos colores del deber.
Y así, hasta que la tarde se involucra en frescura y aparecen signos positivos- a costa de no ver el telediario del mediodía- y se convierte, por sí misma, en un tono menos ácido y más soportable. Los desniveles no acabaron de desequilibrar el contenido empírico que llevo tan adentro y a estas horas aún respiro sin cansancio, medito lo que falta por hacer y pongo los pasos prestos a continuar la jornada.
Acaso me dé por dedicarme a fortalecerme en la intemperie de la selva que habito, donde curiosamente no existen enemigos concretos. Hay un significado científico o causal que me imprime una reflexión sobre la pérdida del adversario y no le encuentro razón ni fundamento. Me ocurre que todos me parecen mis enemigos y, en la distancia corta, todos son mis amigos. Y tampoco llego a la conclusión de saber si es mi obligación buscarme enemigos.
De vuelta a casa, anocheciendo las fuerzas, intento descongelar el primer pensamiento del día y me quedo atónito al no tener conciencia exacta sobre si merecí el nuevo día que la inercia del universo me había ofrecido. Y me sofoco, solo a medias.

ESCOCESES

 ESCOCESES

Los escoceses convivieron esta tierra cuando las minas estaban en una producción singular y fueron ellos los dirigentes y acompañantes en el difícil arte de ayudar a sacarle rendimiento. Los recuerdos son sucesiones constantes de una feroz disciplina impuesta desde siempre, una prohibición arcaica de mezclas amorosas con los habitantes de la zona y una especial atención a la enseñanza y a la cultura.
Aquellos Makencie, Rudelford, Rentout, Gray, Crossman y otros muchos, formaron vida en estos terruños y marcaban las pautas de convivencia y constituían el poder casi único a distinguir y a obedecer; Glasgow era la capital de estas minas, desde donde hasta los lápices, la tinta y los métodos llegaron a las escuelas durante muchos lustros. La experiencia, vista desde esta distancia, no ha quedado como negativa en la memoria, quizá fueran más los beneficios que los perjuicios. Y quizá venga ahora a restregarnos que nunca se deban los escoceses al olvido por estos afables lares donde muchos de ellos dejaron vida y están acogidos en su especial cementerio.

sábado, 1 de noviembre de 2025

BERRUGENTO

 BERRUGENTO

Berrugento es un vocablo no recogido como tal en el diccionario pero sí muy utilizado entre personas en algunos lugares del sur, así como “rugento” que en otras zonas tiene su buen uso; su pronunciación correcta es “herrugento” definido como algo que tiene herrumbre, oxidación o degradación, sobre todo metales o hierros. Sus sinónimos son óxido, orín, robín, roña, verdín y moho y tal vez algunos otros que nos llevan a esta consideración del concepto para determinar la amplitud del léxico. Refiero que la parte más occidental del Andévalo se arregla con berrugento para definir un hierro oxidado y en la otra parte, Cuenca Minera, se entienden con rugento. Pues hoy se rescatan del posible olvido, sirva para ello esta reflexión lingüística. Ahí queda.
Ramón Llanes. 1.11.2025

TENER RAZÓN

 TENER RAZÓN

No solo en el debate sino en cualquier conversación, discusión o conflicto verbal, aquello de tener razón se ha convertido en un símbolo de la verdad, algo así como que la posesión de la razón acarrea la posesión de la verdad más inmensa, algo así como que el razonamiento conlleva la más íntegra parte de verdad. Ahí se conminan los humanos, a enfrascarse en palabrerías con la sola intención de tener una pizca de razón, eso es importante; y quien pierde la razón parece que embarga su criterio, que desiste de entablar la próxima conversación por miedo a perder la razón.
No deja de ser ambiente inculto y desprovisto de la mínima atención a los respetos por todas las opciones y por todos los contertulios, aunque nunca hayan tenido razón. La verdad es un bien jurídico muy repartido y la razón también, nadie las posee en abundancia, ni siquiera las ideologías o los credos. La verdad también es unipersonal, se hace en uno mismo y en tal modo vive, se reproduce y muere, como los seres vivos. Y la verdad también es engaño, que se usa por otros para producir un mal o para convencer.
En esto de la razón y de la verdad no muestra el intelecto proyección de acierto, sus materiales para la configuración de cada verdad están constreñidos a lo científico, a lo empírico, y desde tales premisas se alcanzan los mayores logros. Entonces la verdad evoluciona con el tiempo, aquello que fue verdad hace cien años ya no lo es o viceversa. Han dejado de tener adeptos las verdades absolutas y salvando a la muerte, se mueven en ambigüedades que no tienen consistencia. Es verdad que vivimos, es verdad que somos parte de un universo, es verdad que podemos amarnos, todo tiene su discusión y sus contrariedades; cada cual emplea la parte de cerebro que mejor le viene en gana o cada cual se ajusta a la norma que más le favorece.
Para hablar de la verdad no es necesario entrar en razones.