A los pececillos recién nacidos
que abundaban en los charcos después de las lluvias les llamábamos “pejerranos”
y jugábamos mañanas de ocio a buscar donde los hubiera solo con el afán de
entretenernos y de apostar sobre quién cogía más; se metían en cualquier lata
con agua y se llevaban a casa en señal de medio triunfo ante los padres siendo
algunas veces premiados y otras sufriendo algún castigo. Esta palabra no la
recoge el diccionario y apenas pude encontrar una imagen para poder enseñarlo,
lo conseguido lo adjunto. Cómo cosas tan aparentemente insignificantes suponían
deleites en otros tiempos. Ahí queda.
Ramón
Llanes. 15.11.2025

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