Son cada vez más, salen a nuestro paso, nos piden algo para comer, tienen causas justificadas para estar desfavorecidos, saben que les olvidamos al caer la noche, han desaprendido a soñar, nos parecen de cartón cuando el día les alumbra el camastro -que no la vida-, nunca se pierden porque nos necesitan, no son bandoleros, delincuentes, malvados, corruptos, tienen caras, andan, miran, sonríen, quieren amar.
La imaginación no ha llegado a dotarles de espacio merecido -solo por el hecho de ser humanos- para un techo con mantas, con ducha caliente y comida digna; la imaginación no ha sido capaz de pensar más en ellos que en el presupuesto militar, que en armamento, que en gastos superfluos de política ingrata, no hay recursos económicos para ellos, nadie imagina soluciones con bondad y nosotros les prestamos mínimas atenciones porque no son nuestro problema. Acaso se nos debería caer cada día un poco de vergüenza en el sentido común, hasta entenderlo.
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