RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

miércoles, 24 de agosto de 2016

PRIMERA PONENCIA

PRIMERA PONENCIA

Pongo el dedo,
tú la llaga, el precipicio, la honda,
la fragua, el caldo, el libro....

Pongo el horizonte,
tú el grana y la acuarela,
el besamanos, la culpa, el recibo.
Yo anoto calderilla,
avivo el fuego, medito,
aprendo y me rompo
con el soportal de la tarde.
Tú, eres tú quien me anuncia
el timbal de los madroños
para olvidar la cuesta del estío.
Eres rémora del quicio,
anafe y pergamino.
Pongo cieno por impulso,
margaritas por celos,
helechos por costumbre,
sopas por hastío,
besos pongo por amor
en tu mesilla de noche
y un marcapasos de nácar
que te duerme.


Ramón Llanes

martes, 23 de agosto de 2016

LO DIJO EL TIEMPO


LO DIJO EL TIEMPO

 

 

El hombre escribió sus versos en una piedra. Y dijo que su casa era pequeña, nada más dijo de su casa, nadie leyó sus versos, nadie supo si amó. Con la edad viciosa de tanto manosearla se perdió en los prolegómenos de una tarde de abril en el malecón de su tierra desnuda, desnudo él de miserias, tragó la inclemencia de sus sueños incumplidos e intentó borrarse las huellas del agua hasta que gritó tiempo en la desesperación de un bandido.

Fue un impulso de aprendiz, un fatuo intento por salvarse; dijo que se le acababa el tiempo, como la manzana o la ilusión, y dijo que no volvería a buscar granos para los gorriones de su ventana ni a mezclarle ternura con el riego a las flores del jardín; se quedó en la dicha de su orgullo, le resbaló la prisa. Luego lo dijo el tiempo, dijo de él cuanto nadie sabe.

Allá buscan los pájaros el sentido a lo necesario por donde decora la mañana la sombra del chopo y es la hierba inacabada quien no opone placer al pisoteo ni a las hojas. El hombre, aquel hombre, escribió versos en la playa, para que fueran borrados por la marea del tiempo, para que nadie le desanimara a seguir poniendo palabras unas tras otras y le tacharan de iluso y le taparan las manos. Y dejó el nombre de los pensamientos y de los cansancios; no se fue, para defraudar a quienes nunca le esperaron. Aún escribe versos en las piedras.

 

 

 
Ramón Llanes

lunes, 22 de agosto de 2016

HABLANDO DE LA RÍA


                                   

                                       HABLANDO DE LA RÍA.


Un bombón de chocolate ambienta mi mesa por Navidad y no consigo despedir el ruido temeroso del teléfono, un papel en blanco, las fotos, la luz insidiosa por el cristal opaco, la somnolencia de la tarde, el ansia de ver siempre la ría. Con ellos vivo. También mis allegados se  preguntan miles de veces por el paladeo del agua, aquí que vivimos tan cerca; ninguna explicación me viene a la memoria, solo que la echo de menos.
En su cuenca, ella, formándose entre las concupiscencias de la marisma por no alterar la paz que habita en los costados, paz de duendes, de reyes tartésicos o de costumbres. Ella es la paz, el alimento, el agua, la cadencia, ella la trampa para seguir deseándola. Cuando la miro se me resbala un hilillo de sorpresa por el canuto limpio de mis ojos, una admiración doble por ser bella para mí, por anegarme de dulzor los neumotorax de mi cuerpo y por consentirme el don de entretenerla en mis curiosidades de poeta. No habrá lugar que más afecte  a quienes sentimos su cordón umbilical, que la modosa y fiel ría nuestra luciendo canal y traje, horizonte y sencillez, a pocos pasos de nuestra mirada, a pocas miradas de nuestros pasos diarios.
Dijimos hace tiempo que iríamos a ella y se nos perdió la esperanza en intentos de planos, pero aún permanece en la misma carne, pegada al hueso, sonando a rumbo y singladura, cuando no a danza y fandango, como nosotros, que rumiamos sal y nos ensalzamos. Será la mística del credo, la grandeza de la choquería, el sentir.
Es la ría, agrandada en el puerto, soporte de la luz de una salina de edredones blancos por la otra orilla y más acá, la adversidad convertida en lirismo, marineros de tierra, pescadores, patrón y proa, museos que rayan en el temporal una reliquia sorda y quieta. Iremos a ella al babor de los barcos y canoas como náufragos perdidos buscando un faro con plumas, volador, gaviota. Mi Huelva tiene un eterno flujo de plazos de ría, sin hipotecas ni préstamos, está en la rima de cualquier verso, en el canto, en la cómoda, en los chineros viejos, en la despensa, en el revés de la memoria.
Y para gloria no se desatará en un aliento de miedo porque reina el plenipotenciario espíritu de seres que ofrecen una pleitesía sana para asentarla con semblanza y robustez. Ella misma, que apela al afecto, araña músculos, se hace tropezar, aligera las venas, se afemina, consciente y pura.
Hablando de la ría, un evocador de sentimientos marinos, no trasnochado, trae al cuadro la viva imagen de un par de sueños de mediodía, solo por un deseo inmenso de acercársela algo más a su ventana y a sus ojos, esperando que no sea una vanidad insulsa.
 
 
 
 
                                          Ramón Llanes

DE CORBATA


DE CORBATA

 

 

Ahora es moda la televisión sin corbata, -lo he leído, bajo sospecha, con incredulidad, premeditando el prejuicio-, como fórmula  comercial para volcarse en busca del espectador rebelde, atender una audiencia perdida. Es imprevisible el resultado, irá dirigido a desaliñados, a pasotas, a bohemios, a desenfadados o a frescos, sin obedecer quizá a un estereotipo concebido, poner un lugar nuevo para una clase nueva, una tele distinta para gente distinta; si acaso luego se convierte en muermo al uso mereceremos crítica los espectadores, que ellos son mensajeros y no tienen el impuro don de equivocarse.

Por alegar algo a favor de la gente de corbata, diré, que los hay desenfadados, frescos, serios, infelices, cómodos, hiperactivos o gorrones; que se juegan la libertad y los garbanzos a base de patearse la vida, al igual que los despechados o los sin corbata. Que éstos tienen credibilidad, ofrecen confianza y suelen ser tímidos, perfil resolutivo que también  corresponde a los anteriores. Se marcan ambos horizontes con más o menos grandeza, pertenecen al club del vicio de “desear”, se pierden y se encuentran en los lugares conocidos y van de un festín a un desencanto con asiduidad.

Casi nada les distingue. Esa tele nueva será más vista por los adictos a ella tengan corbata o batín y tendrá las alabanzas de mirones o estudiosos dependiendo del nivel que alcance el programa, sin fijar el interés en el hábito.

 

 

Ramón Llanes.

sábado, 20 de agosto de 2016

DE TRANCES

E TRANCES.
 
El momento del calor, trance crítico, el soplo adquiere velocidad deseada que a veces ni llega al cuerpo, como la música de los idearios del elenco de tramoyistas que pueblan el estío o aquella manera de amar que le pones a mis ojos, todo es un éxtasis. Quizá no pueda más vivir en rutina, en complejo de caricatura siendo busto, en trance de creer que lo alcanzable es solo lo real, la mediocridad de lo material convertido en un pozo, en una canastilla para llenarla de recuerdos o en un bostezo; lo alcanzable es lo deseado, lo hemos conformado ya en la extensión de nuestros diálogos.
Hasta que vuelva la razón, que no se queda en verano, estaremos esperando las aventuras de las tardes entre la arboleda de los sueños, caminos de anhelos y placer, peldaños de escaleras que suplantan la tierra por algo más que lo cotidiano; es el trance de estar, de acercarnos, de convertirnos en corazón al jadear de un paraíso que es horizonte de tránsito. En el trance, también, de pensarte, de pensarnos, de cerciorarnos de nuestra existencia, de no frenar los halagos y de dedicar la creación a encontrarnos. Ya vuelvo, la noche no es obstáculo, ya vuelvo.
Y el último trance acaba cerrando los brazos en torno a ti, nosotros por un lado abierto del círculo, nada reparamos, somos caldo de equilibrio, somos la voluntad y se nos hace corto el tiempo; los espacios tienen fuego de espera y son más cortos cada vez, a lo cercano siempre existen una mirada y luego un beso que son el delirio del trance.
 
Ramón Llanes

jueves, 18 de agosto de 2016

EL CARNÉ



 

EL CARNÉ.
 

         Que alguien escriba por mí está página vertebrada, que alguien exprese por mí el contenido de su propio pensamiento. Si acaso no fuera pensamiento, que alguien presente el carné de oyente y divague sobre la teoría de la queja, ahora que vale quejarse por todo y ahora que todos tenemos carné en muchos colores. Alguien, tú mismo, o el vecino del cuarto que siempre pone muy alta la música, o el vendedor de cupones que te pregunta a diario si le compras, o que se queje quien haya perdido su carné de maltratador y nosotros le daremos jarabe de palo y otras cosas o que se queje el agua que no viene. Es un derecho la queja y también el compromiso.

         Se quejó un hombre con carné de patrón de barco que no debió sufrir su accidente en una calle mientras la cruzaba, que su puesto para sobresaltos y sustos estaba en el barco. A los que llevan carné de coche y de macarra también se les permite quejarse del por qué los demás nos quejamos tanto de ellos.

         Y cierren por mí esta semana de contrastes, algunas noches sin luz, algunas mujeres que gritan sin éxito porque se les hace daño, algunos peatones que encuentran aceras muy estrechas, algunos niños que no tienen escuela; cualquiera puede cerrar esta página por mí.

 

 
                                                        Ramón Llanes.

miércoles, 17 de agosto de 2016

DE PRONTO


DE PRONTO.

Es aún muy de mañana cuando se me abre el apetito de salir al mundo, después de los pasos de noche y madrugada, aún con la mancha de los estigmas del sueño encallada en el inconsciente . Me encuentro con la calle, con las esquinas salientes, con el asfalto negro; me encuentro con el silencio de las personas que caminan sin remedio, con la prisa de algunos; me encuentro, de pronto, con niños despiertos sin compasión que insinúan frescura y futuro.

De pronto llego al  final del trayecto, también tiene calles, esquinas, vida mañanera. ¿No existen bohemios voluntarios que la habiten?-me pregunto-, solo el suelo mojado me indica que algo estuvo insomne mientras yo dormía. Me arrimo a la encimera alta de esta misión de hoy a donde me traen a diario las obligaciones de supervivencia y de pronto no me parece que haya tocado la vida, ni la meta, me parece solo que he conseguido rebasar un obstáculo y apuntarle horas a mi calendario en fase positiva.
De pronto calculo las incidencias que me esperan y calculo cuánto de sorprendente puede restregarme el día, sin acaso desearlo. Y le pongo un botón de muestra emitiendo la primera sonrisa a quien me esperaba.

Ramón Llanes.