RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

domingo, 6 de noviembre de 2022

OTRA VEZ LOS MALVADOS

 OTRA VEZ LOS MALVADOS

Que no vuelvan los días
a cerrar sus ojos de crepúsculos
con lágrimas por una nueva víctima,
que no sea más tiempo, tiempo de mártires;
que se pudran el hacha, el fusil y la sinrazón;
que los días venideros quemen
la malvada voluntad de los malvados;
que vuelvan a ser días de esplendores todos los amaneceres.
No haya hombre que coarte,
apunte, hiera o condene a mujer alguna,
no haya quien apoye insidias ni intolerancias.
Acaben en el desecho los gérmenes
de seres capaces de cercenar los futuros
y que sea para estos, como peor castigo, la culpa del olvido.
Y vuelva a ser siempre día de fervor
y pleitesía plena a la mujer,
como ayer,
como para todos los tiempos que han de llegar
con las consignas de la concordia
en sus estigmas de verdad.
Ramón Llanes

CALCETINES

 CALCETINES


A la izquierda del cajón de la mesilla
hay un oscuro placer de rebuscos silenciosos,
todo parece muerto o perdido
en una nada destructible;
pasan minutos y días y años
y la soledad no se inmuta ni el miedo le inquieta,
el trajín está en otros lados de la casa
y en otras partes de la alcoba.
Cuando la mano solícita
toma cuidadosamente la ración de calcetines para la jornada,
el ambiente se muestra alegre,
pierde su opacidad, se despereza;
los bultos toman formas de luz
y pierden el color a sombra sostenida.
Los calcetines vuelven a la vida,
a una vida de abajo,
a restregarse por la piel despierta,
a calentar las manos de los pies
y a preservar de insolencias
la humanidad más oportuna del amo.

Ramón Llanes.

AMOR CONTADO

 AMOR  CONTADO

 

         Cualquier sentimiento de felicidad, alegría o emoción experimenta un salto cualitativo y aumenta si es contado o compartido con alguien, de igual manera que cualquier sentimiento de dolor o pena disminuye al ser también contado o compartido. Dedúzcase que a pesar del arraigo como seres individuales que somos, tenemos esa cuota impresa de solidaridad de la que unas veces hacemos gala y otras reprochamos.

         Cuando pienso en mí, me cuento cosas que me elevan mi nivel de autoestima y las menos de las veces, al pensar en mí, me vienen recuerdos o pensamientos que me derrumban. Estoy en esa línea irreal de la incomodidad unos momentos y en la otra de placer, otros momentos. Cuando pienso en tí, amada mía  o tierra mía o madre mía o sueños míos o patria mía, recupero mi estado más natural y acuno todas las formas de esperanzas, todos los proyectos, todas las palabras de buenas entrañas y lucho o escribo por agradarte; eso intento cuando pienso en tí.

         Cuando pienso en nosotros le pongo un subrayado en rojo cálido para que podamos prescindir de flecos que hielan el alma de todos y de sustos y soberbias que sacuden nuestro interno suburbio de paz. Y sé que nosotros somos el alimento germinal de este amanecer llamado vida.

         Este sedimento de amor o millones más que se están convirtiendo en felicidad ahora mismo en lo más honroso de los sentimientos míos o en los tuyos o tal vez en los nuestros, es mi cuento de ahora para conseguir que compartiéndolo, se exceda en aumento y eleve el sentido más puro de nuestra realidad. Hagamos constar nuestro desprecio por el hedor de la pena que nos subyuga o contémosla también para que se desmerezca a sí sola, disminuya y desaparezca de nuestro panorama de luchas.

         No sé si pensando en nosotros lograremos diseñar un zaguán más amplio, con mejores escaleras, mejores gentes y más amorosamente soleado que este viejo que  ahora tenemos; yo llevo años en este empeño.

          

 

 

         RAMÓN LLANES

viernes, 4 de noviembre de 2022

ELECTOR BUSCA BIENESTAR

 ELECTOR BUSCA BIENESTAR

 

 

 

            Me compuse la conciencia -que recién levantada presentaba sus ironías en torno a esta obligatoria misión de votar-, acudí como un compromisario de mí mismo a depositar en la urna mis proyectos, miré cálidamente a las personas que componían la mesa y, como un niño que entrega su carta a los Reyes Magos, hundí mis ilusiones en aquel recipiente de metacrilato bajo la atenta mirada de la presidenta y la canción compleja del silencio que reinaba en la sala. Y me sentí más ciudadano, más solidario y más demócrata, hasta me insuflé de cierta emoción incierta que me hizo recordar las doce veces anteriores que vine a ponerle acento de bienestar a mi vida.

            Mi voto fue mi carta de sueños y peticiones con la mezcolanza entre niñez y madurez y la duda sobre mi merecimiento a los regalos que pedía, pensando que fueran muchos o fueran caros o que fueran imposibles y no pudieran tener cabida en la casa de mis ilusiones; como elector y como niño presentaba peticiones idénticas, las mismas que en tiempos de pantalón corto e idénticas a las que podré relacionar en la próxima elección. Mi lista la comparé con las listas de mis amigos, de mi familia y de mis vecinos y coincidían todas, pedíamos lo mismo, ninguna utopía, nada del otro mundo, solo lo típico de siempre, de todas las veces, sin pensar que nunca nos trajeron el bienestar ansiado por culpa de ellos sino por nuestra propia culpa como ciudadanos poco ejemplares o porque nunca supimos meter la papeleta mejor o acaso porque el sistema nos obligó a ser de esta y no de otra manera.

            No sé por qué sigo esperanzado en las mismas cosas, por qué me reitero tanto en pretender un mundo más fácil y en perseguir tanto a la felicidad colectiva; se nos ha dicho que todo es una fábula donde se encierran los deseos y que nunca se cumplen, y yo, como todos los míos, sigo empecinado en comprar números y papeletas y en emitir votos de igual color para conseguir esa parte de bienestar tan necesaria en el entorno que me arropa, y nada, siempre la misma voz anunciando la misma calamidad. Qué habrá de suceder para que los míos y yo dejemos de acercarnos a la urna a ponerle cara de esperanza y risa de niño a nuestro voto.

 

 

 

            Ramón Llanes. 

jueves, 3 de noviembre de 2022

A FAVOR DEL MUNDO

 A FAVOR DEL MUNDO

 

 

            Decididamente las fórmulas del compromiso imponen y requieren mostrar el interés personal necesario para con el mundo, mojarse en las decisiones y pringarse de asuntos que le afecten, no dejarlo caminar solo, inventar intentonas constantes para su regeneración, su limpieza, su nuevo diseño o lo que sea. Si somos mundo, somos protagonistas de sus descuidos y de sus fracasos, somos una cualidad más de su hegemonía y el núcleo primordial con intelecto capaz de reavivarlo o hundirlo.

            Con esta pestilencia deforme y con tantos alegatos activos a las guerras, a las destrucciones, al fanatismo y al incordio, con un tapete azul atemorizado por el depredador hombre, con toda esta amalgama de gérmenes negativos que circundan el lugar donde vivo, con todo, me declaro a favor del mundo y defensor de sus bellezas y sus oníricas semblanzas. Este mundo está pleno de salud y capacitado para un futuro infinito, nada -excepto los humanos- le provocan atentados.- Apostar por mejorar el sitio supone un impulso en la autoestima de los habitantes; siempre y ahora mismo es el tiempo claro para restituir al planeta tierra las partes robadas o estranguladas desde los combates librados en su deshonor. El hombre que ejerciera de máquina destructora deberá ejercer de arquitecto para volver a decorar las luces al antojo del placer.

            Favorecer la vida, los juegos de la vida, la elocuencia de la vida; favorecer la sentimentalidad y los entendimientos; crear signos comunes para la complicidad de las especies, para que exista unión tácita en favor de los seres. Aún es el tiempo noble permitido para este ejercicio de responsabilidad y apego, aún no está del todo debilitada la conciencia y quedan resquicios de valentía para emprender las acciones que faciliten la creación de un ámbito perfecto que satisfaga a este gremio de desatentos con su mundo. Favorecer los vínculos entre todos para salvar la gran parte de vida que pende de este proyecto tan importante aún sin finalizar su ciclo. Decididamente a favor del mundo.

 

 

            Ramón Llanes. 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

ASOMOS DEL MIEDO. Por Chema Cotarelo.

 

Asomos del miedo de Ramón Llanes

por José Mª Cotarelo Asturias

Una nueva obra viene a sumarse a la generosa lista de títulos del poeta tharsileño Ramón Llanes, “Asomos del miedo” editado por “Multiverso” en septiembre de 2022. La obra se presentó en la Biblioteca Pública de Huelva el pasado jueves 27 de octubre dentro de las actividades programadas por el Otoño Cultural Iberoamericano (OCIb) que con tanta generosidad y sapiencia dirigen desde hace ya quince años Jaime de Vicente y Loli del Bosque. La introducción estuvo a cargo de Miguela Fernández y del músico argentino Alberto Muñoz, para pasar al análisis y presentación de la obra por el prolífico escritor Pedro Jorge Solans, también argentino y que además es editor y director del Diario de Carlos Paz.

Ramón ostenta varios premios literarios, entre los que cabe destacar el primer premio de relato corto en RNE, el primer premio de poesía de Zahara de los Atunes en 2019 y, en 2020, el de Moraleja en Cáceres, sin contar una extensa lista de nominaciones y reconocimientos entre certámenes de poesía y relatos. Llanes es además el creador y actual presidente de la Plataforma Poetas de Huelva por la Paz y figura en varias antologías de España y Portugal, habiendo dirigido personalmente algunas de ellas, como Poetas de Huelva por la Paz, Huelva es verso, La paz como derecho, No se van a ordenar solas las cosas, además de la coordinación de la obra etnográfica, Huelva, la ruta de las palabras.

La obra de Llanes cuenta con 58 poemas, “que extrañas las formas/ de dios/ para dominar/ los sentimientos!”. Entre sus páginas va desgranando los miedos que nos acechan, la estupidez de las guerras, la obediencia de los soldados “para matar sin odio/ la culpa transitoria de los malvados” o la creación de esos “ejércitos de hormigas con sangre en las manos” para tirar al abismo “los árboles / que llevaban iniciales/ de historias de amor”. El poeta, que es ante todo humanidad y sencillez, se rebela contra la arrogancia y trata de huir de esa pertenencia a la masa, de los sembradores de cizaña, de los asediadores, de los soldados erigidos en dioses, de aquellos que “permitiendo/ que el odio instruyera terror/ más allá de los sauces” asumen el papel del acoso haciéndose entonces el poeta arcilla, grito, palabra.

Ramón es un gran dominador de los giros expresivos, llega hasta el fondo de las cosas con la palabra nuestra de cada día. Reza en poesía, pero es una oración que clama, que increpa e interroga al dios mismo, al hombre, a la estupidez humana. Este libro mueve la conciencia del lector, lo lleva al límite de su conformismo ante la bobería a la que nos vemos sometidos. Es un libro para leer no una, ni dos veces; hay que tocarlo, releerlo, asomarse una y otra vez a esa suerte de abismo al que Ramón intencionadamente nos lleva para decirnos. “Ay amor,/ nos pudren el alma”. Pero el poeta está ahí con sus versos, sus metáforas, para advertirnos, para salvarnos antes de caer como los árboles “con toda la dignidad/ en la memoria”.

Nuestro poeta del Andévalo lleva la expresión poética al límite para denunciar ese miedo acostumbrado, esa fatal herencia consentida, ese acomodamiento de las cosas. Ramón se pone su traje de poeta para arrastrarse en el campo de minas, para mojarse en las trincheras de la denuncia, para no esquivar las silenciosas balas del enemigo que tenemos a la puerta, porque es preciso “aprender a andar los espacios/ que antes tuvieron/ cavernas y tumbas,/… allí donde “se puso identidad/ a las escorrentías/ y se restauró de por vida/la tolerancia”.

“Asomos del miedo” son muchos libros a la vez, no es solo la poesía de un poeta bragado en la metáfora; es un manual de sapiencia, un ejemplo de generosidad lírica, un tratado de filosofía, de verdad y de coraje. Llanes, que es un poeta pegado a la tierra, nos dice verdades como puños, son pedradas en la conciencia a modo de grito y de esperanza, de esa esperanza a que “otra vez nos salve la tierra/ de la opacidad y del miedo”.

EL NIÑO Y LA GUITARRA

 
EL NIÑO Y LA GUITARRA
 
Llegaban las horas espesas
al reducto de la casa
y se ponían las luces brillantes de tanto ambicionarlas,
se dibujaban los juegos del niño
en la pared despierta, –todas las paredes estaban despiertas–
y se vio al niño en llanto de emociones
cuando le llegara a las manos la guitarra.
Empezó a sonarla, la acariciaba con su ternura,
la durmió en su almohada.
El tiempo le enseñó las notas del fandango
y pronto se distribuyó la vida del niño
con las palabras que le anunciaron cantes.
Todas las tardes, todas, el niño se precedía
de encantos con la guitarra.
Así, aljibes de músicas, entre la templanza del ganado bienestar,
el niño se hizo más niño
y no crecieron las cuerdas
y creció su armonía de inquietud.
 
 
            Ramón Llanes. (MINERALOGÍA DEL ALMA)