Tiempo.
Se han ido quedando las flores
en nuestro jardín, una y dos y tres
primaveras, presintiendo los colores del otoño,
se han acostumbrado a nosotros los silencios del río,
las libélulas del charco y las manzanas,
el todo íntegro del nuestro arcén
aun mirando solsticios
se ha ocupado de seducir nuestra vivencia,
se han parado los satélites
en las ventanas que abrimos al día,
se han roto témpanos en nuestras manos,
ha muerto un pájaro y ha crecido un árbol
en la sala contigua de nuestra pasión, han amanecido
en nosotros calendas y amapolas,
respingos y lunas, oquedades,
y nada nos gustó tanto como la entrega.
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