RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

jueves, 11 de junio de 2026

CITA PREVIA

 

CITA PREVIA

 

 

            En la misma entrada del hospital, mientras Loren aparcaba, presentó Isabel en el mostrador su cartilla de seguimiento del embarazo a fin de obtener habitación para su inminente parto, las contracciones se sucedían cada diez minutos, el dolor se reflejaba en la cara y ya no cundía del todo la paciencia. Con sumo agrado, la señora de la ventanilla advirtió de la necesidad de realizar el trámite de la cita previa explicándole con detalle que a través de su móvil accediera a la app del hospital, introdujera sus datos personales, su contraseña, su número de afiliación y la fecha prevista del alumbramiento; una vez en la página debía pulsar Ordenación, luego Asunto, realizar reconocimiento facial, -sin mascarilla- la huella, la contraseña de su certificado digital, llegar al apartado de Solicitud, elegir la casilla parto y esperar unos segundos hasta recibir en su móvil un código que aplicaría en la casilla indicada;  entonces oyó la amable voz de una señora -posiblemente la del mostrador- quien con perfecta corrección le indicó que tendría turno para la asignación de su habitación a las 12,47 horas, debiendo dirigirse a la puerta 24.

            Eran en ese momento las 9,18 horas, Isabel ocupó el único sillón libre de la sala, entraba Loren después de una engorrosa búsqueda por los aledaños, agobiado de prisa y quejándose de todo, había tardado más de cuarenta minutos en dejar el coche en lugar apropiado, sin poder dominar sus nervios, sin encontrar una razón útil a tanto desorden y sin saberse respuestas más o menos lógicas que al menos le produjeran sosiego; cuarenta minutos de vueltas y rodeos en una situación de necesaria premura son una eternidad pero se superó el primer desaliento al comprobar que Isabel permanecía esperándole con una sonrisa y sobrada de tranquilidad. Quiso explicarle ella lo sucedido, vinieron nuevas contracciones, un sudor frío y cálido al mismo tiempo recorrió de párpados a ombligo la piel del próximo padre, se sentó a su lado, intentó transmitirle la paciencia de la que carecía, llamó con insistencia al médico y al poco rato una voz en off pidió a Isabel que se dirigiera a la puerta 24. Lo ocurrido después forma parte de la historia de unos padres felices que recibieron con natural gozo el nacimiento de Lucas, un niño de 4,2 kilos, sonrosado y precioso.

            Un día cualquiera de abril de este año tan infectado por la incapacidad para superar la maldita pandemia y sin solución eficaz para evitar su propagación, un día de esos primaverales que se caen las nubes en forma de calor o de lluvia y que dejan a la estirpe por la solería de la vida sin imaginación suficiente como para continuar subsistiendo, pues un día de esos precisó Leonardo los servicios médicos para una consulta sobre unas molestias detectadas en la parte baja del vientre, era la primera vez que se le presentaba dicho dolor y en casa consiguieron convencerlo a sus 86 años de la necesidad de acudir al hospital también por vez primera; se hizo su hija con el teléfono de la cita previa del centro de salud que tenía asignado, llamó y recibió como respuesta una voz de mujer indicando: “si llama para asunto urgente pulse 1, si desea cita para especialista pulse 2, si llama para receta médica pulse 3, si necesita traslado en ambulancia pulse 4, si llama para ser atendido por su médico de cabecera pulse 5, para cualquier otra consulta, espere”.Siguiendo los pasos señalados pulsó la tecla número 5 y recibió de una voz de mujer el enunciado siguiente: “si desea cita con su médico de cabecera pulse 1, si desea cita con su enfermera pulse 2, si desea cita para receta pulse 3, para cualquier otra consulta, espere”. Una vez superados los obstáculos telemáticos del protocolo impuesto por el sistema fue requerida para introducir o pronunciar el nombre del enfermo con su número de carnet de identidad, tras lo cual consiguió cita para su padre, Leonardo, el jueves 8 de mayo a las 8,52 horas, con la advertencia de su aviso previo si por alguna causa no pudiera asistir.

            Lucas creció en su órbita de acostumbrarse a convivir con las inclemencias informáticas en sus expresiones más amables y en sus trabas más absurdas, de todo vivió y a todo se hizo; Isabel y Loren se percataron de la felicidad muy a pesar de la imposición de atajos técnicos para conseguirla sin olvidarse de la cita previa para obtener la matrícula del niño, para realizar la declaración de la renta, para solicitar una transferencia bancaria o para asistir a las reuniones de padres en el colegio. Se tuvieron que adaptar sin entender la necesidad de tanto trámite.

            Leonardo falleció el 1 de mayo a las 17,43 horas, aquejado de cualquier mal reflujo intestinal o de propia desesperación al no ser atendido por los servicios médicos del centro donde tuviera cita para unos días después.    Al día siguiente la hija de Leonardo solicitó cita previa para comunicar que su padre no podría asistir a la consulta médica prevista para el día 8 de mayo.

            Y al llegar a las esferas celestes a recibir su premio, provisto de buen hacer, de bondad, de todas las solidaridades existentes en la tierra y de una ingente cantidad de cartas de recomendación de hermandades, asociaciones, púlpitos y tabernas, recibió una voz de hombre advirtiéndole: “ si ya tiene cita previa para entrar pulse Eternidad y elija una de las opciones de Paraíso, Purgatorio o Infierno, descárguese la aplicación que corresponda a su comportamiento, pulse Santidad, Locura o Indiferencia, acceda a reconocimiento facial, adjunte su currículo y espere. Su solicitud será tramitada en un plazo no superior a doscientos años. Y recuerde que en esta dimensión el tiempo se mide por instantes. Sea feliz, si puede.

 

 Ramón Llanes.

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario