HISTORIAS DE AYER TARDE
Con la misma secuencia que un verso e idéntica exactitud que un soneto habíamos diseñado para ayer por la tarde una manifestación poética por la PAZ en un espacio amplio y acogedor propio para estos menesteres, o incluso más; el acto a referir comenzaría sobre las diecinueve horas pero antes nos dio por ocupar la acera y usar la conversación como preámbulo al encuentro. La calle fluía con las gentes habituales o quizás más y en tal sosiego pasaba un muchacho joven que portaba en sus hombros a un niño pequeño y una mujer le acompañaba tres pasos más atrás; al observar la afluencia en la puerta de la Sala se limitó a preguntar: “qué regalan aquí?”, poesía, le indiqué, y siguió su camino con la misma parsimonia y silbando una indescifrable canción, ni siquiera esperó su regalo.
La tarde se fue poniendo romántica, comprometida, lírica y emotiva a medida que los poetas recitaban sus versos en aquel lugar tan plácido. Acudieron los amantes de la poesía que eran los necesarios, fueron muchos y se sintieron bien. Al dirigirme a mi vehículo, una vez acabado el acto, aun casi con el entusiasmo en los ojos y las sonrisa abierta, encontré en el parabrisas una felicitación – a modo de multa- de parte de la policía municipal por aparcamiento indebido. Corrí a mis adentros a pronunciarme la culpa por el descuido y pensé enseguida formular en versos mis alegaciones jurídicas para mi defensa. El muchacho del niño al hombro y la policía municipal me trasladaron a una realidad impropia de ayer tarde y encontré tantas paradojas que no supe distinguir y preferí seguir pensando en el rato de Paz que hicimos en aquel buen lugar.
Ramón Llanes
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