RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

lunes, 3 de junio de 2019

ARRUGAS


 ARRUGAS

 

 

            Hay un precipicio entre la sensación de belleza y la propia belleza, los paisajes tienen el don de parecernos bellos, es bello el mar, son bellas las tardes de lluvia, la alegría tiene esa facultad innata para ser siempre bella, el cuerpo humano es bello, son bellos los sentimientos, es expresamente bella la verdad, hay todo un recetario de personas y cosas que responden a los cánones de belleza tal como la disciplina ética de la civilización lo tiene asumido y entendido. El libro de los gustos sí existe, cada cual lo lleva impreso en el carácter y aquello que está calificado como bello viene ya consensuado por una mayoría.

            Alguien vino a acuñar la frase de “la arruga es bella” porque el momento lo requería para destronar los modos excesivamente convencionales y en efecto rompió moldes y consiguió que a partir de entonces se le prestara más atención a las arrugas, aunque bien mirado cada arruga es una imperfección de la ropa, la piel o el paisaje. La vida toda tiene sus arrugas, el tiempo va dejando sus imponderables huellas y aquello perfecto se deteriora con su transcurso. Ya hemos aprendido, nuestros criterios de razonabilidad se mueven en otros ámbitos, la arruga es aceptada, como es aceptado el óxido en las cosas, la vejez en los muebles, la antigüedad en los monumentos, todo se ha convenido desde un tácito consentimiento y la arruga ha dejado de ser imperfección.

            La arruga no está subordinada  a los gustos ni al modismo ni a los consejeros ni a la publicidad, no tiene rebeldía para imponerse a los tropeles que la rechacen, es esquiva a la insolencia y se determina en el más convencional de los halagos. La arruga, además, posee ternura, se ha formado tanto en el deleite que se presenta como el resultado más bello de la huella del tiempo en el sentir de las personas. La arruga viene a suplir la entelequia del orgullo, del excesivo orgullo y del denostado cuidado por el cuerpo hasta límites de hedonismo. En la vida de cada cual existe un hueco arrugado que conserva el sentido más puro de su cualidad como ser humano y perdura y nunca se perderá y será el tiempo quien lo mejore. Las arrugas de la vida son bellas como la misma vida. O eso me parece.

 

 
            Ramón Llanes

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