RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

viernes, 7 de abril de 2017

ABRIL


ABRIL

 

            ¡Cualquiera anda por ahí cambiando fechas a los ritos del tiempo o modificando el almanaque a su antojo!, cualquiera se empeña en inventarse un mes, un día o acaso un segundo más en la disponibilidad o el cansancio!; nos conformaremos con que es abril y se extiende un horizonte primordial que nos capacita para reencontrarnos con la música y los exámenes de matemáticas, sustanciales con la época. Bastará con la primavera para un encuentro más o un arrebato nuevo que limite las horas pero nunca sea capaz –ni abril ni el universo- de refutar la soledad o evitar un amor. Las puertas no tienen custodia ni candado, los pájaros se enamoran, las mujeres se visten de colores, el verso aparece, el papel de estraza es una excusa para un mensaje, la sensualidad adquiere momentos de insinuación hasta niveles altísimos; algo pasa en la vida que no se escapa de la atención de los viandantes. Cualquiera aprende a querer en primavera porque abril enseña.

            Y ocurre que esta prominencia efervescente no apura los conflictos del noticiario de las nueve ni emite normas de obligado cumplimiento para un mejor sabernos entender ni está al día en emigrantes retornados, pateras devueltas o descuidos en los repartos de la felicidad; la ocurrencia menos acorde con abril continúa su labor transmitida y nunca callada, hace su trabajo y produce sus nocivos efectos mientras los buscadores de oro y vida se espantan de la insolvencia de abril para abonar estas cuotas cíclicas que los tiempos le enseñaron a cumplir. La nostalgia requerirá que sea aquel abril de antaño nuestro defensor, la voluntad se inclinará por fabricar mejor futuro y el más conservador pensamiento rezará por la quietud de movimiento en disposición constante a la inacción; hasta que abril se reponga y vuelque corpulencia y rasure de insolencias los mundos y se le conceda la importancia creadora que tan apagada y lastimera aparece en el calendario. No más.

 
            Ramón Llanes