RAMÓN LLANES

BLOG DE ARTE Y LITERATURA

sábado, 19 de enero de 2019

VELADA CENTENARIA


                             VELADA CENTENARIA

 

Corrían tiempos de bonanza en los inicios mineros, cuando los hombres trabajaban de sol a sol para llevarse pan a bocas tristes por la especial hambruna que asolaba la vida. Aluviones de aventureros en la búsqueda de otra comodidad se acercaban al reflujo de la mina. Era andancio constante en el Andévalo, comenzar en una vocación nueva restituida en la contemporaneidad y abrazadora para los entonces habitantes de todos los mundo cercanos. Comenzaba otra vez el esplendor que los fenicios le dieron y Tharsis se resolvía en futuros esperanzadores. A Ernesto Deligny se debe el hallazgo.

De allí a los carros transportadores con mulos y a la petición de un descanso merecido en medio de una sofocante labor cotidiana de minerales. Por agosto se concedió el premio y los muchos habitantes celebraron con gozo en 1898 el primer regocijo que sería embrión para restaurar la Velada en Tharsis. Empieza la historia con esa cara de fiesta, el trabajo se aparcó por poco rato.

Con la mina se venció la tristeza de la miseria, significó horizonte sin medidas y logros a corto plazo que alimentaron las bocas desacostumbradas al diario menester. Acaso también la incipiente Velada que se hizo mujer entre zafreos y escoriales puso cota de felicidad a los suyos. A los mineros, entonces de galerías, luego de estrellas, les valió media docena de placeres conseguidos por una reivindicación laboral a tono con la disciplina austera de los tiempos.

Ahora se fundamenta un recuerdo nítido a los progenitores de la idea porque de dos copas y cuatro cantecillos de taberna fraguaron, sin querer, un reino que duraría al menos cien años, hasta aquí; con la fuerza que se le avecina porque los filones no están en agonías y las malas rachas también se superan. Es Velada Centenaria que no es poco y suenan voces de aclamación por los restos de tartessos y las salomónicas identidades que le dieran empaque bíblico.

Ya con cien años cualquiera es viejo pero a los pueblos un siglo les rejuvenece. El caso es que se comienza a celebrar con la grandeza con que se descubren las cosas pequeñas para los ciudadanos humildes. Ya sonó el primer clamor en Tharsis con eco de reto, ya se apuesta por lo

más grande y entre todos se deshilachan de tiempo para arrimarse a los umbrales de bienestar; se quieren solemnes en la consagración del acto aunque tímidos en los gestos, se anuncian traje nuevo, camisa blanca, corbata y sosiego, a compás del sentir. Compaginando en el almacén del alma el trajín de todos los días con un hueco ritual para los bailes, imprescindibles en la armonía de la razón de la fiesta.

Es la hora de Tharsis, otra vez, sin pesares, con calmas y prisas, acercamiento a los roces con la vecindad, a los que vienen de cerca y de lejos, a los que llegan para conocer y a quienes desean seguir trabajando mientras los demás se divierten.Es hora de Tharsis con la novedad única de una Velada Centenaria.

 

 

 

 

                                           Ramón Llanes. 1-7-98.

 

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